
Tras la primera reunión con una mesa sectorial en lo que va del año, el jueves con los dirigentes del agro, este martes el ministro de Economía Luis Caputo visitará a los empresarios fabriles de la UIA. El 2024 fue un año muy malo para la producción fabril, que cayó 9,4%, un retroceso más pronunciado más que en el año de pandemia y cuarenta estricta y solo superado por la caída de 2002.
El encuentro tendrá lugar en la sede de la Unión Industrial en el centro porteño el martes al mediodía. La cúpula fabril había sido, en diciembre de 2023, la primera cámara del sector privado que había contado con la presencia de Caputo como recién llegado a la jefatura del Palacio de Hacienda.
El contexto en el que se dará esta segunda reunión será muy distinta. El Gobierno llevó adelante en su primer año de gestión una agenda que incluyó una devaluación inicial que devolvió competitividad por la vía cambiaria a las industrias exportadoras, y luego ancló el tipo de cambio por debajo de la inflación de manera sistemática para propiciar la caída del ritmo de suba de precios. Esa medida sostenida durante todo el año borró esa competitividad cambiaria y el Gobierno les asegura a los empresarios que la manera de recuperarla no será por un movimiento del dólar oficial sino a través de baja de impuestos.
Ese es de los ejes centrales de tirantez entre el Poder Ejecutivo y el sector fabril. La UIA pulsea por una baja de gravámenes nacionales a la producción y a que el Gobierno encare una agenda para bajar lo que denominan el “costo argentino” en términos no solo de impuestos sino de costos o de falta de infraestructura. También se plegaron al reclamo desde la Casa Rosada para que los gobernadores e intendentes apliquen sus propios recortes a la presión tributaria a través de Ingresos Brutos y de tasas municipales. Tras el anuncio de baja temporal de retenciones el Gobierno nacional redobló la presión a provnicias y municipios para que ejecuten podas tributarias.
Sin ir más lejos ese es el punto que el Ministerio de Economía eligió informar de la reunión del jueves pasado con la Mesa de Enlace agropecuaria: “Los representantes de la Mesa de Enlace cuestionaron los impuestos y ‘tasas’ municipales impuestas por algunos gobiernos provinciales y municipios. En particular, remarcaron que la tasa vial tuvo en algunos casos aumentos de hasta 500% y que los fondos recaudados por los impuestos inmobiliarios no están financiando el desarrollo de caminos y rutas”.
El Gobierno les asegura a los empresarios que la manera de recuperar la competitividad no será por un movimiento del dólar oficial sino a través de baja de impuestos
El Gobierno consiguió alinear a las principales cámaras empresarias, de sectores varios, en el coro contra los impuestos subnacionales y municipales, un tema sobre el que se pronunciaron las entidades del G6 (bancos, Sociedad Rural, Bolsa de Comercio, UIA, construcción y comercio), las cámaras bancarias, fintech y otras que representan a pequeñas y medianas empresas como CAME.
Un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) mencionó, respecto a la discusión sobre el atraso cambiario, que la comparación con el tipo de cambio de a convertibilidad (que calculan en el equipo económico con un dólar a precios de hoy incluso más barato), no es correcta porque hay impuestos que en esa década no existían, por lo que la ecuación de competitividad no es lineal.
“El impuesto al Cheque en los ‘90 no existía, en el 2024 generó 1,6% del PBI; los Derechos de Exportación en la década de los ‘90 representaban el 0,01% del PBI, mientras que en el 2024 pusieron una presión impositiva de 1% del PBI; con Ingresos Brutos las provincias recaudaban en la década de los ‘90 el 2% del PBI, mientras que en el 2024 recaudaron el 4% del PBI”, enumeró Idesa. “Estos datos muestran que, en términos de impuestos distorsivos, que son los que destruyen la competitividad, la década de los ‘90 fue muy diferente a la actual”, fue la conclusión.
Industria: el peor año desde 2002
El contexto de la reunión entre Caputo y la plana mayor de la UIA es crítico en términos de actividad sectorial. El 2024 fue el peor año desde 2002 para la industria manufacturera. Según informó el Indec este viernes, el año pasado terminó con un desplome de 9,4%, una caída superior al 7,5% que tuvo el sector fabril en el 2020, el año de restricciones más estrictas durante la pandemia, y hay que remontarse a 2002 para encontrar un número peor: -10,6 por ciento. La política de apertura comercial que empuja el Gobierno siembra dudas entre los ejecutivos industriales sobre lo que deparan los próximos meses.

El informe oficial del organismo estadístico también incluyó, como lo hace todos los meses, un apartado con las expectativas de ejecutivos fabriles: solo un 26,8% esperaban a diciembre pasado que en el primer trimestre de 2025 mejorará la demanda interna, mientras que un tercio opinaron que empeorará y casi 40% de que no tendrá variación. Solo el 11,4% espera aumentar el uso de su capacidad instalada, la mitad de la proporción que creen que caerá. Solo el 8,5% tiene previsto contratar más personal y un 27,5% cree que reducirá su planta.
Para la consultora de Orlando Ferreres, tras haber publicado su propio estimador industrial final de 2024, “entre los sectores se sigue verificando la fuerte expansión en el sector aceitero, la principal incidencia para el registro positivo de diciembre, y un repunte del sector de maquinaria y equipos, con la producción automotriz mejorando en el último mes respecto del mismo mes de 20232, indicó un informe.
El 2024 la industria cayó 9,4%, más que el 7,5% de la pandemia, y hay que remontarse a 2002 para encontrar un número peor: -10,6 por ciento
“En el otro extremo, minerales no metálicos y metales básicos muestran una desaceleración en su tasa de caída, pero el proceso es lento y no se ven claros signos de rebote en estas actividades. Para 2025 esperamos que se afiance la recuperación de la industria, principalmente de la mano de la mejora que esperamos para el consumo privado, apoyado por un contexto macroeconómico más ordenado”, concluyó ese centro de estudios.
Por su parte, LCG también procesó la información de la encuesta de Indec a ejecutivos de la construcción y concluyó que “en las empresas que realizan obras privadas mejoraron levemente las perspectivas”. “Aumentó en el margen el porcentaje de empresas que espera una suba de la actividad (23% vs. 22% el mes anterior) y se redujo el porcentaje que proyecta una caída (14% vs. 16 por ciento). En las empresas que realizan obras públicas hay mayores expectativas de estabilidad: 58% espera que la situación no cambie (vs 53% en la previa). Solo 22% pronostica una retracción (vs 26% previamente)”, recopiló LCG.
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