
En 2024 la Cuenca Neuquina, donde reposa el corazón, la parte más vital de la formación geológica “Vaca Muerta”, produjo el 69% del petróleo y el 72% del gas que se extrajo en la Argentina.
Así precisa un mapa de la Fundación YPF incluido en el “Informe 2024: Producción de petróleo y gas en Argentina” de Juan Carlos Glorioso, un petrofísico argentino, actualmente residente en España, en base a datos de la Secretaría de Energía.
En diciembre, dice un pasaje del informe, la producción diaria de petróleo alcanzó un promedio de 765.000 barriles diarios y en agosto la producción total de gas del país había promediado los 153 millones de metros cúbicos diarios, en ambos casos “las mejores marcas de la década”.
Convencional y no convencional
Estos resultados resultan de dos fenómenos contrapuestos que ocurren hace ya varios años, cada vez con mayor intensidad: la declinación de la producción “convencional]” de petróleo y gas y el aumento de la producción “no convencional”, que en gran medida coincide con los límites de Vaca Muerta y de la Cuenca Neuquina, que se extiende por el centro y norte de esa provincia, el oeste de Río Negro, el suroeste de La Pampa y el centro y sur de Mendoza, pero tiene su núcleo productivo en Neuquén.
La producción de hidrocarburos no convencional, precisa Glorioso, continuó su crecimiento y en 2024 aumentó a un ritmo del 27% anual en petróleo y del 14% en gas natural, mientras la producción convencional en los últimos tres años cayó a una tasa promedio de -3,8% en el caso del petróleo y de -7,5% en el del gas.

Esa dependencia podría ir más allá del sector energético. Cabe preguntarse hasta qué punto la economía argentina, o al menos sus resultados de 2024 y las proyecciones para los próximos años, son “Vaca Muerta dependientes”.
De hecho, las exportaciones y el balance comercial (esto es, el aporte de dólares) y también los resultados fiscales de la economía argentina el año pasado, vía la reducción de los subsidios energéticos y el aumento de la recaudación nacional por retenciones e impuesto a las ganancias y de los ingresos provinciales (en particular, de Neuquén), vía regalías e ingresos brutos, tienen una fuerte impronta de Vaca Muerta, que fue descubierta geológicamente en 1931 pero en la Argentina pudo explotarse recién en este siglo, con la aplicación de técnicas (como la fractura hidráulica y desarrollos asociados) para extraer los hidrocarburos atrapados en la “roca madre” de esa formación jurásica.
Exportaciones y superávit energético
El último informe de la consultora Economía y Energía, de Nicolás Arceo, economista y exvicepresidente de YPF, dice que el aumento de la producción hidrocarburífera permitió expandir las exportaciones y reducir sensiblemente las importaciones, resultando en un superávit comercial de 5.668 MUSD en 2024, el valor más alto en los últimos 18 años.
En 2024, precisa, las exportaciones de petróleo promediaron los 187.000 barriles por día, valor que no se había alcanzado durante las últimas dos décadas. Sin embargo, aclara, “los volúmenes exportados se ubican todavía por debajo del pico registrado a fines de la década de 1990″, más precisamente de 1997, cuando se llegaron a exportar 335.000 barriles diarios en promedio.
El año pasado, precisa el informe, las exportaciones de crudo crecieron 39% y más del del 80% de ellas provino de la cuenca Neuquina.
Más sorprendente aún es la curva de evolución de esas ventas externas, porque si bien promediaron 187.000 barriles diarios en el año, en diciembre llegaron a 283.000 barriles diarios. Además, prosigue EyE, “en los próximos meses la finalización del programa Duplicar (de oleoductos) de Oldelval “seguramente permitirá aumentar aún más las exportaciones de crudo desde la cuenca Neuquina”.
Al abultado superávit comercial energético también contribuyó la reducción de las importaciones de combustibles y lubricantes (en nada menos que USD 3.915 millones), otra gentileza de la productividad de Vaca Muerta.
Mejores resultados fiscales
Las ubres de Vaca Muerta también contribuyeron a las mejora de los resultados fiscales, porque facilitaron la reducción de los subsidios a la energía, que fueron de USD 6.252 millones, una cifra importante, pero 35% inferior a los USD 9.683 millones de subsidios de 2023. “La ampliación de la capacidad de transporte de gas natural desde la cuenca Neuquina, la disminución de los precios internacionales del GNL y el incremento en el precio abonado por la demanda fueron determinantes de este proceso”, dice el informe de Arceo, y agrega que el porcentaje de los subsidios a la energía en términos del PIB fue el más bajo desde 2010. Más de la mitad de la reducción se debió al achicamiento en USD 1.958 millones de las transferencias a Cammesa, la empresa mixta que administra el sistema eléctrico mayorista.
En el caso del gas natural, prosigue el informe, la disminución de los subsidios se debió centralmente a la reducción del costo de suministro, gracias a la mayor disponibilidad de Gas Natural local (de vuelta, Vaca Muerta), la caída en los precios del GNL (que el país todavía debió importar en los meses de invierno) y las menores compras a Bolivia.
La ampliación de la capacidad de transporte de Gas desde la cuenca Neuquina y los menores precios de importación de GNL permitieron a su vez disminuir el costo de abastecimiento de la “demanda prioritaria” en 22%, lo que posibilitó reducir aún más los subsidios al gas.
También las provincias
El beneficio fiscal no fue solo para Nación sino también para las provincias productoras. En base a datos oficiales, Glorioso estimó que las regalías percibidas por las provincias sumaron USD 2709 millones. Neuquén, obviamente, se quedó con la parte del león, 1.567 millones (58% del total), seguida por Chubut (USD 414 millones), Santa Cruz (USD 309 millones), y Mendoza (USD 182 millones). Esa cifra no incluye la recaudación por ingresos brutos, el otro gravamen importante de la provincia, ni los ingresos por fideicomisos y tasas de los municipios.
Otra constatación es histórica. Una serie de la producción total de gas y petróleo desde 1998 del informe de Glorioso muestra que la producción total de petróleo, tras llegar a 309 millones de barriles en 1998 declinó durante 19 años consecutivos hasta llegar a un mínimo de 178 millones en 2017 (una caída de más del 42%, que abarcó las 3 primeras gestiones kirchneristas). La de gas siguió una trayectoria similar, aunque llegó a su pico recién en 2004, con 52.157 millones de metros cúbicos y desde allí durante 10 años consecutivos, abarcando de vuelta el grueso de las gestiones K, hasta 41.487 millones en 2014, una pérdida acumulada de 21 por ciento. Desde allí repuntó, con algunos altibajos, hasta llegar a 50.729 millones en el año 2024, un 22,2% más que el mínimo de 2014, pero todavía 3% menos que el máximo de 2004.
Tras la recuperación de los últimos años, los récords de los próximos seguirán dependiendo, naturalmente, de Vaca Muerta.
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