
El estancamiento de los depósitos en pesos en el último mes y al mismo tiempo un fuerte aumento de la demanda de crédito llevó a los bancos a salir de su zona de confort. En las últimas jornadas la mayoría de las entidades definió una suba gradual de sus tasas de plazos fijos, con el objetivo de seducir a los ahorristas y mejorar sus condiciones de liquidez.
El que picó en punta fue el Banco Nación, que aumentó la tasa al 37% y es la entidad que más paga entre las de gran tamaño. Su fuerte participación de mercado lleva a pensar que otros bancos podrían imitarlo en los próximos días.
Al mismo tiempo, el BNA informó que en julio llegó a un récord en el otorgamiento de crédito a empresas y familias, al otorgar $ 1,6 billones. De ese total, 1,3 billones de pesos fueron para pymes y otras compañías y los $ 300.000 millones restantes se dieron como préstamos personales.
La decisión de subir las tasas fue generalizada, aunque no todos lo hicieron en la misma magnitud. El Banco Provincia la llevó al 35% y entre los privados el que más la incrementó fue Macro, al llevarla al 36%. Otros bancos, en cambio, optaron prácticamente por dejar todo sin cambios: Galicia mantiene un nivel de 30% y Santander 32%.
Este aumento de los rendimientos tiene múltiples lecturas. Por un lado, es lo que venía reclamando el ministro de Economía, Luis Caputo, al producirse el canje de pases pasivos del BCRA por las nuevas Letras Financieras de Liquidez (LEFI), que emite el Tesoro. Resulta que estas últimas -a diferencia de los pases- están exentas del impuesto a los ingresos brutos (de casi 9%), lo que implica una ganancia automática para los bancos.
Tiene lógica que haya sido el propio Banco Nación que haya salido con la tasa más alta, al trasladar al menos parte de esa ganancia por reducción de la presión impositiva a los ahorristas.
El Gobierno también precisa darles a los inversores un mayor incentivo para quedarse en moneda local y evitar una mayor presión sobre el dólar. A pesar de la baja de la inflación, las tasas del sistema financiero igual están en alza, lo que implica una mejora de los rendimientos en términos reales. Es decir la tasa de plazo fijo ya está cada vez más cerca de volverse positiva.
Por otra parte, en julio se volvió a acelerar el otorgamiento de crédito, a partir de costos más bajos para los tomadores. Las entidades también se vieron obligadas a tener una actitud más activa, ya que el superávit fiscal provoca que el Estado demande menos financiamiento.
El mes pasado el incremento del stock de crédito fue notable y llegó a 14%, más que triplicando la evolución de la inflación (se estima poco menos de 4%). En el caso de las líneas destinadas a las empresas, sobresale el descuento de documentos, básicamente de cheques. En este caso, las tasas cayeron a niveles inferiores al 30%, niveles muy atractivos para el financiamiento de capital de trabajo, o sea necesidades de corto plazo.
Pero también es notable el salto de las líneas a las familias. En el caso de los préstamos personales el incremento llegó a casi un billón de pesos, lo que representa un incremento del 20%. Los créditos prendarios aumentaron en un nivel similar, mientras que también creció -aunque en magnitudes menores- el financiamiento con tarjeta de crédito.
Sin embargo, los depósitos privados se estancaron en julio, lo que enciende una señal de alerta y gatillan la necesidad de subir las tasas.
Si en los próximos meses se mantuviera la misma tendencia de aumento del crédito sin un repunte de los depósitos, el sistema financiero podría enfrentar problemas para seguir haciendo frente a la demanda de financiamiento del sector privado.
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