
El Gobierno envió en las últimas horas múltiples mensajes al mercado respecto de la hoja de ruta para levantar el cepo pero ese derrotero es cada vez menos claro.
El primero en exponer condiciones para la eliminación de los controles cambiarios fue el Presidente Javier Milei, quien sin mencionar la necesidad de aumentar las reservas del Banco Central, incorporó el requisito de que la tasa de inflación y devaluación converjan en cero. Esta mañana fue el turno del ministro de Economía, Luis Caputo, quien en una línea similar anunció que el cepo se levantará cuando la brecha cambiaria sea cero. Ambos mensajes conviven con otras dos consignas, repetidas con insistencia tanto por el mandatario como por el titular del Palacio de Hacienda; no habrá devaluación y el impuesto PAIS se reducirá 10 puntos en algún momento durante los próximos dos meses.
Cómo encajan todas esas definiciones en un mismo proceso que derive en la eliminación de los controles de capital hacia fin de año, tal como espera el mercado, es el quebradero de cabeza de aquellos que tienen intuir el timing de ese desarrollo.
Es que, en principio, la reducción del impuesto PAIS es consistente con el objetivo primordial del Gobierno de bajar la inflación. De hecho, puede ser el impulso adicional a la baja necesario a partir del mes próximo, Sin embargo, no lo es, o al menos no de manera tan inmediata, con la idea de llevar a 0% el ritmo de devaluación mensual o cerrar por completo la brecha.
La baja del impuesto sobre el dólar que, de todos modos, vence a fin de año, puede tener un impacto “secuencial” sobre los distintos tipos de cambios, en función de las distorsiones actuales del mercado cambiario. A priori, lo primero que surge es una ampliación de la brecha cambiaria en vez de un achicamiento, un movimiento exactamente a la inversa de la pre condición fijada por Caputo para salir del cepo.
“Con el blue a $1.450 y el impuesto PAIS al 17,5%, la brecha entre el blue y el dólar para importadores es 34%. Ceteris paribus, cuando se reduzca el PAIS al 7,5%, la brecha se agrandará a 46%”, apuntó el economista Iván Carrino. El mismo cálculo vale para la brecha entre el “dólar importador”, hoy en $1.100 y el contado con liquidación (CCL), que cerró hoy en 1.420 pesos. Esa brecha, inferior al 30% alienta hoy a los importadores a hacerse de dólares para pagar sus obligaciones a través del CCL y no quedar sujeto al calendario de cuotas del Banco Central. Pero, si esa brecha se amplía “por abajo”, es decir porque baja la cotización del dólar para importar, es de esperar que los importadores prefieran demandar divisas al Central. Esa decisión le quitaría presión al CCL por lo que la brecha podría acomodarse a la baja. Claro que la presión se trasladaría al mercado oficial, en el que se mantendría, según sostienen desde el Gobierno, el ritmo devaluatorio actual.
“La brecha aumentaría al principio si se baja el impuesto PAIS, pero si cae la demanda de contado con liqui, esa cotización podría ajustar un poco para abajo y no todo irse a la brecha. Pero la baja del impuesto PAIS sin devaluación va a generar un tipo de cambio real más bajo, es decir, una caída adicional y eso va a comprometer más su nivel de reservas”, apuntó a su vez el jefe de Research de Aurum Valores, Pablo Repetto, para quien llegar a diciembre con una apreciación como la que propone el ministro puede generar un escenario de alta inestabilidad e incertidumbre ya que complicaría las posibilidades del Banco Central de acumular dólares.
Sin embargo, Caputo fue contundente: “La Argentina inevitablemente se va a poner más cara en dólares. En los próximos doce meses, va a estar más cara. Eso pasa cuando un país hace las cosas bien”.
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