
La decisión oficial de facilitar la importación de alimentos, artículos de cosmética, limpieza y medicamentos, mediante acortamiento del plazo de pago y beneficios impositivos, reinstaló el debate acerca de si la mayor oferta de productos importados a valores más bajos tiene efectos positivos para los consumidores.
Al hacer el anuncio, a mediados de marzo, el presidente Javier Milei argumentó que responde a que “dado que las empresas del sector de alimentos no quieren corregir los precios, que habían fijado con un dólar a $1.500, la única forma para hacerlo es generando competencia”. Pero ¿llega a la góndola la mercadería del exterior a menores precios? ¿Ayuda esta apertura al disciplinamiento de los fabricantes locales y a la reducción de la inflación?
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En primer lugar, destacan en los diferentes sectores y consultoras, “este proceso no es inmediato, por lo que si tuviera algún impacto, podría visualizarse en los próximos meses”.
En el caso de los alimentos, los supermercados podrían comprar rápidamente algunos productos -los que ya venían adquiriendo y algunos más-, pero generar una oferta importada relevante les demandará tiempo.
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Por otra parte, también los mayoristas y distribuidores deberían avanzar por ese camino para que la mayor oferta no sea sólo una ventaja de las cadenas, sin que también llegue a los autoservicios y almacenes. De todos modos, ni siquiera este escenario ideal garantiza menores precios para los consumidores.
El economista y ex ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, lo explicó de forma clara: “Este tipo de estrategias de disciplinamiento de precios internos a través de la introducción de mayor competencia de importaciones funciona cuando la economía está más estabilizada. El gran problema que hay en momentos de alta inflación es que se amplían los márgenes de ganancia de todo el circuito económico para cubrirse de la incertidumbre que genera este proceso. Y eso no lo resolvés con más importación, sino con medidas macroeconómicas”.
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Según agregó el director de la consultora Audemus, una vez que se logra tener una economía más ordenada, la introducción de mayor competencia podría hacer que los precios empiecen a ir a la baja, sobre todo en mercados que tienen la posibilidad de mejorar el precio por la oferta internacional, como es el caso de los textiles y el rubro de electrónica.
“Ahí se puede encontrar oferta barata; no es el caso de los alimentos. El tema es que eso luego se traslade a los precios al consumidor. Y muchas veces eso en la Argentina no pasa”, recalcó el economista, mientras daba un ejemplo de la importación de sandalias brasileñas durante el gobierno de Mauricio Macri, que los importadores vendían casi al mismo precio que las nacionales.
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“Se generaba una buena renta a los importadores, pero no había un traslado al consumidor. Hoy, por otra parte, hay un montón de distorsiones, como el impuesto PAIS, el costo financiero por la inflación. No creo que en este contexto tener mayor oferta importada vaya a tener los efectos buscados”, manifestó Kulfas.

“Lo que hace bajar o no los precios es el mercado, es la oferta y la demanda. Si cuando venga el importador hay mercado, va a subir el precio todas las veces que pueda porque es un empresario capitalista. Y si el mercado tiene mucha oferta, ahí es cuando se va a ir acomodando”, se sinceró un importante empresario del sector de indumentaria. Según pronosticó, si el peso se sigue apreciando, el proceso importador comenzará a desarrollarse y podrá verse entre el segundo semestre y el 2025, pero “lo que manda es el consumo”.
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En la medida en que las marcas de ropa empiecen a reemplazar fabricación local por importación, no está claro que hoy eso se traduzca en menores precios porque el costo del producto en sí mismo tiene una participación menor dentro de todos los costos. En otra importante marca de ropa de mujer explicaron a Infobae que el costo del producto propiamente dicho en el precio final neto de IVA no es lo más significativo; impactan mucho más los costos de ocupación, laboral, los impuestos y tasas, los fletes, servicios, mantenimiento, obras, estructura empresaria, entre otros. Por eso, admiten que sería baja la incidencia en el precio cambiar un producto nacional por uno importado.
“Pensar en un 10% o menos, es razonable, pero según el momento competitivo y la línea de producto de que se trate. No deberíamos esperar un impacto relevante. Además, en un escenario de caída de ventas, que parece altamente probable, con un aumento sostenido de costos y gastos fijos, la ecuación cambia significativamente y el impacto podría ser mucho menor todavía”, aseguró la fuente.
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Otros dos economistas analizaron los posibles efectos de la liberación de las importaciones y coincidieron en que si bien puede disciplinar algunos precios, la dinámica inflacionaria se mueve por otras variables. “Para que la inflación baje, hace falta más: un programa integral que tenga en cuenta lo fiscal y lo monetario, cómo administrar el comercio exterior en función de los dólares disponibles, y una política de ingresos que coordine salarios, precios y tarifas”, afirmó el director de Analytica, Ricardo Delgado.

A su juicio, las recientes medidas adoptadas por el Gobierno para disciplinar precios de los alimentos “son más bien amenazas a los grandes productores que no integran una política de estabilización de precios. No es usar a las importaciones como disciplinadoras de todos los precios de la economía porque no hay dólares para poder pagarlas”. Por otra parte, Delgado señaló que “una cosa es el nivel de precios y otra la variación. El nivel de precios te puede bajar, pero es la dinámica macroeconómica la que va a determinar la tasa de inflación”.
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Por su parte, el economista de Equilibra, Lorenzo Sigaut Gravina, consideró que “siempre que las importaciones sean más baratas, pueden generar algún tipo de efecto de regulación por competencia, no que no suban precios pero que lo suban menos o que tengan que relojear a la competencia. La clave no sólo es liberar importaciones, sino sacarle impuestos, reducirle el plazo de pago para que efectivamente sean más baratas”.
Afirmó el economista, además, que eso sirve cuando hay cierto atraso cambiario, situación que empieza a suceder en la Argentina. “Paulatinamente, si esto se mantiene en el tiempo, va a tener un efecto, en las importaciones y en las decisiones empresarias de producir en el país o comprar en el exterior”, remarcó Sigaut Gravina.
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De hecho, empresas no sólo del rubro de ropa, sino también de calzado y de electrónica ya comenzaron a analizar, si el escenario actual se mantiene, la posibilidad de importar producto terminado y dejar de fabricarlo en el país.
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