
El escaso interés demostrado por los importadores en el instrumento que diseñó el equipo económico para resolver la deuda comercial plantea interrogantes respecto a la evolución de uno de los principales escollos para normalizar la economía.
Ese pasivo, que técnicamente no es del Banco Central sino de los importadores con sus proveedores acumulada ante la falta de acceso al mercado oficial de cambios -obligación ineludible de la autoridad monetaria- supera los USD 62.000 millones, una cifra que más que duplica el promedio histórico y es uno de los mayores dolores de cabeza del Gobierno para avanzar en la unificación cambiaria.
Si bien se llevaron adelante sólo las dos primeras licitaciones de un calendario que operaciones semanales que se extiende hasta fin de febrero, la demanda hasta el momento del bono diseñado para absorber los pesos estacionados de los importadores a la espera del acceso a divisas para cancelar sus compromisos con proveedores del exterior resultó muy por debajo de las expectativas. En la primera subasta del denominado BOPREAL se colocaron, la semana pasada, $68 millones. En la segunda, realizada entre el miércoles y ayer, la cifra fue aún menor, sólo USD 57 millones. En ambos casos, la oferta sobre la mesa ascendía a los USD 750 millones.

Ese resultado se contrapone con las altas expectativas que alimentaba el ministro de Economía, Luis Caputo, respecto de la performance del bono en el mercado secundario en el que aún no debutó. Una buena cotización, previsiblemente, alimentaría el interés de las empresas por adquirir el título. Pero los primeros pasos no se encaminan en esa dirección.
De acuerdo a distintos análisis privados, suscribir el bono implicaría para los importadores comprar “dólares caros”, es decir, por encima de todo el resto de las cotizaciones del mercado. Obviamente, ese dato le quita atractivo.
De acuerdo a los cálculos privados, el tipo de cambio al que terminarían accediendo a dólares los importadores sería equivalente a $1.300, lo que comparado con un precio del contado con liquidación de $1076 según el cierre de ayer, implica un desincentivo. De ahí la paradoja de que la ampliación de la brecha que se verifica en las últimas dos ruedas termine por mejorar esa ecuación. Es decir, para el buen desempeño del BOPREAL, es necesario una brecha más amplia. Como eso no fue lo que ocurrió en las primeras licitaciones, el mal desempeño del bono puede terminar generando un foco de tensión en el mercado cambiario.

En definitiva, remarcó el economista Amílcar Collante, los importadores tienen “pesos encepados que pueden presionar”. A eso se suma la presión que ya ejerce la inflación y la caída de la demanda de dinero que puede comenzar a verificarse en menos de dos semanas.
En cualquier caso, el principal indicio que dejó el debut del bono es que, a diferencia de lo implementado para los pasivos remunerados del Banco Central, cuyo valor real se habrá “licuado” 35% hacia marzo, la solución para deuda comercial no tendrá un recorrido rápido.
Sin embargo, el economista Leandro Mora Alfonsín no descartó que en las próximas semanas se despierte la demanda de los importadores. En principio, porque no está disponible ninguna otra solución dada la escasez de divisas. “Es una herramienta que es un principio de solución pero es importante que el diseño acompañe las necesidades de los suscriptores”, opinó. Las características del bono, particularmente los plazos extensos, son una de las principales críticas que hacen los analistas del mercado.
Desde el Banco Central, en tanto, adjudicaron la baja demanda a las dudas iniciales sobre el mecanismo de suscripción, para el que publicaron a principios de semana una guía.
Parte del proceso es el registro de tenedores de esa deuda, para lo que se implementó un padrón de importadores con deuda, en el que se habían inscripto hasta el viernes unas 1.000 empresas. Ese padrón implica un primer control de auditoría respecto de esa deuda sobre cuyo monto real y legítimo existan suspicacias.
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