
La tragedia de la sequía para las cuentas del Banco Central parece no tener ni fin ni agotarse en el mandato del actual Gobierno. Nuevas estimaciones de entidades especializadas indican que el impacto de las condiciones climáticas adversas para el sector agropecuario se extenderán durante el verano y seguirán afectando, por ende, el ingreso de divisas clave para empezar a recomponer el nivel de reservas del BCRA.
Tal como lo hizo la semana pasada la Bolsa de Comercio de Cereales de Buenos Aires, también la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) recortó ayer la estimación de la cosecha de trigo, que aporta el mayor flujo de dólares a partir de diciembre. Ese ingreso se reducirá, en principio y en un escenario de precios estables, 13% respecto a lo previsto hasta hace pocas semanas cuando se proyectaba una liquidación de USD 2.700 millones por el cultivo.
El dato conocido ayer no impactó en las cotizaciones del dólar en sus diferentes variantes, en un mercado que está completamente atravesado por la campaña electoral. El dólar libre consolidó su baja a $890, en lo que algunos analistas consideran un proceso de convergencia hacia el precio del dólar financiero, que cotiza por debajo de $850. Esos valores se corresponden no sólo a una mayor oferta de divisas en ese mercado dado la vigencia del régimen especial por el cual los exportadores pueden ingresar 30% de sus ventas a través del contado con liquidación sino también al resurgimiento de la intervención oficial en el mercado de bonos.
Hasta la semana pasada, el Banco Central había reducido marcadamente su participación en el mercado financiero, la cual analistas privados ubicaron ya muy lejos de los picos pre PASO. Eso cambió en los últimos días, con una nueva intensificación de su presencia hasta operar un volumen en torno a los $100 millones. En cualquier caso, se trata de una calma tensa y de corto plazo. La expectativa sigue centrada en lo que ocurra a partir del 21 de noviembre cuando la necesidad de reacomodar de precios y la escasez de dólares se impongan nuevamente en el contexto de una alta presión inflacionaria.
En ese marco, el recorte progresivo de las estimaciones de la cosecha fina son pésimas noticias. Del consenso inicial de una cosecha con potencial de alcanzar los 17 millones de toneladas en condiciones normales, se consolidó un pronóstico de 15,5 millones de toneladas, que ahora la BCR, donde ya manejaban un pronóstico menor (de 14,3 millones de toneladas), ahora corrigió también esa cifra a la baja con una estimación de 13,5 millones de toneladas

La merma se debe tanto a la falta de lluvias durante los últimos meses, sumado a las heladas tardías. De concretarse esas nuevas estimaciones -y no empeorar-, el próximo gobierno debutará enfrentándose a la segunda peor cosecha desde 2016, con las implicancias que eso implica ante la imperiosa necesidad de equilibrar el mercado de cambios e iniciar un proceso de recomposición de reservas. Ese escenario de ingreso de divisas cada vez menor comenzará, más temprano que tarde, a impactar en las cotizaciones que ya acumulan tensión para después de las elecciones a pesar de que el ministro de Economía, Sergio Massa, afirmó que no habrá una nueva devaluación sino que se seguirá al pie de la letra lo escrito en el acuerdo con el FMI de avanzar en el esquema de micro devaluaciones diarias a un ritmo de 3% mensual.
“La sequía que siguió vigente en gran parte de las zonas productivas de la Argentina hasta el 20 de octubre, el efecto de las heladas tardías y los posibles efectos de enfermedades fúngicas tras las lluvias mantienen un alto nivel de incertidumbre sobre el resultado de la actual campaña”, señaló la BCR en su informe mensual.
“A pesar de que se hizo todo para que el potencial triguero supere las 17 millones de toneladas, guarismo que se hubiese alcanzado bajo un escenario de clima normal, la continuidad de condiciones de sequía, que se prolongó por casi tres años y diez meses, no permitió la recuperación del trigo”, agregó la entidad.
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