
Javier Milei se probó la corona antes de ponérsela. Ayer por la noche su búnker parecía desolado, pero todavía tiene chances. En el oído de muchos en el mundo financiero resuena la frase del ex presidente del Banco Central de Mauricio Macri, Luis Caputo: “Qué gane cualquiera, pero que no haya balotaje. Esta incertidumbre no se soporta hasta noviembre”.
El problema es que los ganadores son las fórmulas que incomoda al mercado financiero porque ninguno de los dos representa lo que consideran tranquilidad cambiaria. El “otro”, Juntos por el Cambio no solo quedó lejos, sino que va a ser casi inexistente en el Congreso y pocos creen que será un bloque unido. Su poder se diluyó y su rol se limitará a ser tan o menos árbitro de la elección como lo será el candidato cordobés Juan Schiaretti, un hombre que propuso Horacio Rodríguez Larreta y rechazaron los grandes derrotados. La esperanza de JxC vuelve a ser Mauricio Macri con quien Milei negociará los votos. Llegó la hora del vale todo en las alianzas.
La primera semana de Massa será de round de estudio porque tiene que cambiar sus planes originales donde su hipótesis de máxima era entrar segundo en primera vuelta y esperara la segunda. Pero ahora es el ganador y sus chances ya no dependen de lo que hagan los demás para ser presidente.
Ahora, debe volver al FMI y rever su política cambiaria porque no puede seguir perdiendo dólares. Sabe que si no hace un giro los dólares se seguirán saliendo de los bancos y los plazos fijos del sistema.
Massa necesita hacerse de dólares hasta noviembre para evitar el desabastecimiento y aumentar la oferta de bienes abriendo más la importación para que la escasez no provoque los precios disparatados de la última semana. No hay que olvidar que el voto peronista que toleró eso, ya lo tiene. Ahora deberá buscar a los que padecieron ese esquema: la clase media más alta.
La ventaja que tiene es que tendrá hasta el balotaje un solo índice de inflación –el de octubre– que no va a variar mucho.
El dólar futuro cerró el viernes a 805 pesos. Subió $15 y marcó una devaluación para todo el año de 354 por ciento. Este mercado hoy dará su primera impresión sobre el resultado de las elecciones.
Massa debe conseguir divisas para llegar airoso y solo se las puede proporcionar la exportación que no está conforme con el actual esquema cambiario selectivo. Le piden devaluación. Tendrá que cumplir con el FMI y eso le va a costar más de USD 1.000 millones de las escasas reservas. Con los yuanes que consiguió no va a poder mejorar la situación.
Además, el voto que necesita es el de quienes retiran dólares del banco y de los que exportan. En eso se tiene que diferenciar de Milei: debe darles tranquilidad y no atrasar el tipo de cambio como medida antiinflacionaria. El viernes perdió USD 250 millones de reservas. Los votantes no los va a ganar con la inercia. Algo que parecía imposible, puede suceder: una devaluación en noviembre, que no va a afectar al resultado electoral porque los precios ya están ajustados por el dólar MEP que están en casi mil pesos. Por otra parte, ahora tiene la confianza del mercado para hacerla sin las consecuencias anteriores. El candidato-ministro dijo hasta el viernes que eso no pasará.
Massa también vio el viernes como terminaron resultando del todo los controles con las fuerzas de seguridad, escuadrón de perros e inspectores. Así nació el dólar que el mercado bautizó “deep blue” que cotizó a $1.100 para diferenciarlo del la cotización libre vigilada por “manos amigas”, que marcó un precio de 900 pesos.
El dólar cripto fue anoche la única referencia del mercado financiero. Comenzó con una escalada a $ 1.170 antes de conocerse los resultados, bajó menos de $1.000 cuando se comenzaron a conocer los resultados. El “over shooting” no solo se calmó, sino que lo desplomó y puede ser una señal para hoy para el mercado donde se pagaron precios de exagerada cobertura.
Las acciones podrían verse afectadas. No asumirán riesgos los inversores hasta no tener claros los planes de Sergio Massa en cuanto al problema prioritario: resolver la escasez de dólares.
En síntesis, Massa deberá replantearse estos puntos porque sus posibilidades de Presidente están cerca y tiene que jugar, no asumir un rol pasivo.
La pregunta central es si se animará a una devaluación o dejará la economía como está, perdiendo reservas todos los días. Esa economía es la que no satisface a los votantes que debe incorporar.
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