
La rapidez con la que se agotaron las entradas para los dos conciertos que dará la cantante norteamericana Taylor Swift en la Argentina en noviembre, un fenómeno que ya se había registrado ante la llegada de otros artistas internacionales, con entradas que tienen un costo considerable, volvió a instalar el debate sobre si existe algún tipo de “pujanza invisible”, en un contexto de crisis económica y actividad cada vez más lenta, con salarios que, salvo excepciones, están lejos de poder ganar la carrera contra la inflación. Es una discusión instalada en medios y redes pero que incluso funcionarios y economistas salieron a dar.
La premisa es si existe, en ese marco, una suerte de “economía silenciosa” que permanece firme a pesar de la coyuntura y que sostiene algunos indicios de consumo, con la particularidad de que se trataría de un hecho que pasa por debajo del radar de las estadísticas.
Es lo que el abogado e influencer Carlos Maslatón definió como la economía “barrani”, es decir no registrada, una masa de ingresos informales, no necesariamente del segmento de la población con menores recursos, que ante una inflación en aceleración sale rápido a buscar un objeto de consumo. En el caso de Maslatón, su tesis incluye la presunción de que esa economía “barrani” implica, directamente, una situación de impulso económico que está sucediendo por fuera del alcance de las estadísticas.
Los expertos consultados por Infobae consideran que si bien el contexto de creciente y alta inflación, falta de incentivos y de herramientas para el ahorro y de límites a la compra de dólares implican un sesgo “pro consumo”, por la urgencia de sacarse pesos de encima ante la certeza de que los bienes y servicios serán más caros y los salarios podrán comprar menos en el futuro, se trataría de un efecto que no necesariamente tenga una potencia tal para mover el amperímetro de la economía.
De todas formas, hay algunos elementos para tomar en consideración. Para Juan Manuel Telechea, economista del Instituto de Trabajo y Economía (ITE), “hay tres cuestiones para enfatizar”. “No creo que el efecto sea lo suficientemente fuerte para que haya un crecimiento no detectado por las estadísticas, es un crecimiento menor porque sino sería detectado”, aseguró.
“Hay dos elementos para medirlo mejor. La evasión vinculada a la exportación de servicios, que se facturan en dólares de rubros como diseñadores, programadores, abogados y otros, y el auge de las transferencias, las compras por plataformas como Mercado Pago o Cuenta DNI”, explicó Telechea.

“Hasta un cierto monto estas transacciones no se registran, más que nada por los monotributos y ese efecto puede llegar a no ser captado. Hoy las transacciones por esta vía pasaron a ser la número uno según el Banco Central. Creo que ahí hay algo. Uno paga la verdulería con Mercado Pago y eso puede no estar registrado, por la transacción en sí o porque la verdulería, sabiendo que eso no se monitorea de manera tan estricta, no declara esa venta”, concluyó Telechea.
Sobre la cuestión de los servicios facturados al exterior, que implican un ingreso alto y no declarado fue abordado recientemente por el doctor en Economía por la Universidad Federal de Rio de Janeiro Eduardo Crespo. “Miles de residentes exportan servicios apelando a formas de pago ‘barrani’. Un vasto universo de empresas de software, programadores freelance, psicoanalistas, etcétera, facturan utilizando PayPal, depósitos en Uruguay, cryptos y un largo etcétera”, sostuvo en su cuenta de Twitter.
Y concluyó que ese tipo de fenómenos podría cambiar, en un futuro y cuando salgan a la luz, la forma en que se percibía el estado de algunas variables. “Pienso que en el futuro vamos a entender que en estos años la economía era mayor de lo que pensábamos; así como vamos a comprobar que estábamos subestimando el valor absoluto de exportaciones y sobreestimando el porcentaje de pobreza”, completó Crespo.
María Castiglioni Cotter, economista de C&T Asesores Económicos, en tanto, se preguntó: ¿Cuáles son los indicadores para evaluar ese supuesto ‘boom’ de la economía?”. “A nivel macroeconómico quienes van a recitales o viajan, a restaurantes, te das cuenta que no mueven la aguja. Es cierto que el aspiracional de la población cambió: la gente antes compraba un departamento, un crédito hipotecario, un viaje al exterior, o cambiar el auto y eso se redirigió a viajar adentro del pais, un recital, comprarse una moto”.
“Eso en un contexto pro consumo: cepo cambiario, desconfianza. Cada vez más limitado incluso lo que podés consumir. A nivel macro no mueve la aguja, sino no se explicaría los indicadores como pobreza, la cantidad de gente que va a comedores. Alcanza esa tesis para sostener cierto consumo pero que también se ve afectado por la crisis. Nos estamos comiendo capital para sostener ese consumo”, mencionó la economista a Infobae.

Por su parte, el economista jefe de Ecolatina Santiago Manoukian, hizo una comparación de variables macroeconómicas clave en cada instancia electoral desde el 2011 y la actualidad, y observó que en prácticamente todos los casos el 2023 tiene números muy desfavorables con otros años electorales, pero que el consumo, por ejemplo, es más potente que en 2021.
“Uno ve un consumo que se sostiene de una manera que no esperaría en este contexto, pero hay una priorización del corto plazo por las familias en un escenario donde los horizontes de planificación se acortaron mucho y la falta de crédito, de alguna manera por una inflación que acelera e incentiva a desprenderse rápidamente de los pesos”, apuntó.
“Hay un sesgo pro consumo, tenés una propensión a consumir muy alta. Por cada peso que te ingresa, cerca del 90% se dedica al consumo. ¿Esto es una contracara de qué? De un ahorro muy bajo de la población en este contexto. Uno podría decir que ese consumo se mantiene en algunos sectores de la población pero no en todos”, abundó.
“Si uno mira el consumo masivo, ve que está cayendo el consumo en autoservicios pequeños, es el sector donde consume la población de menores ingresos. Hay que indagar más en los datos para comprender lo que pasa. Ante la falta de perspectivas hacia adelante, el consumo de corto plazo, la gente piensa que ‘el placer es ahora’, y eso se ve como un impulso adicional”, aseguró Manoukian.
“El ahorro es priorizar el largo plazo a costa de no tener consumo ahora. Claramente ese incentivo no existe ahora, ya sea porque no se conocen las alternativas de ahorro para mantener el poder adquisitivo, que ciertamente hay algunas, pero en este contexto de inestabilidad e incertidumbre electoral, la población intenta anticiparse al ver que la inflación acelera. El indicador de consumo privado del PBI pierde utilidad como termómetro sobre las condiciones materiales y la capacidad económica de las familias. En términos históricos es un consumo muy bajo”, concluyó el economista.
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