
El dólar soja 3, uno de los dos programas de estímulo exportador que comenzó en abril junto al de las economías regionales, dejó en el Banco Central en lo que va de funcionamiento -y a dos semanas de su finalización- menos de USD 300 millones en las arcas de la entidad financiera. El BCRA, en paralelo, negocia con un grupo de empresas un esquema de prefinanciación de exportaciones para ahorrar el uso de unos USD 1.000 millones en operaciones de comercio exterior.
Un informe de la Fundación Mediterránea dio cuenta de cuánto fue el saldo que dejó en el Banco Central la liquidación de soja en el marco del dólar preferencial a $300 para la exportación, un programa que transita su tercera versión y que tuvo un ingreso de dólares más bajo que la segunda, en diciembre, y mucho menor al debut en septiembre pasado.
“La tercera versión del ‘dólar soja’ compara en forma muy desfavorable con las anteriores. Con igual cantidad de días hábiles, ahora se contabilizan operaciones bajo el tipo de cambio especial por 2,1 mil millones de dólares contra 2,9 y 7,6 mil millones registrados en diciembre y en septiembre pasados. Empeora estos guarismos el hecho que ahora el Central sólo retiene menos del 10% de lo que se opera en este segmento, versus 58% y 66% en diciembre y septiembre”, explicó Fundación Mediterránea en un informe.
“Por contraste con las divisas acumuladas durante la versión I y II, que fue de casi 5,0 y 1,3 mil millones de dólares, versus los apenas 288 millones del presente, considerando igual cantidad de días hábiles”, midió.

Para el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de Argentina y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) Gustavo Idígoras, más allá de los números es difícil hacer una comparación lineal de las tres ediciones del dólar soja, por las condiciones particulares de cada caso. “Durante el dólar soja 1 existía más del doble de stock y había 25 millones de toneladas sin venta entre los productores”, mencionó en diálogo con Infobae.
“Además era algo novedoso y por eso se sabía el éxito de esa primera edición era irrepetible. En el dólar soja 2 se vendió la ‘cola’ de esa campaña, pero ya tuviste un primer efecto de la sequía, de cada 10 granos, 6 se perdieron. Y en el dólar soja 3 solo quedaron 20 millones de toneladas de las 50 millones que se esperaban, y además mucho de eso en malas condiciones, por lo que el precio de venta fue menor”, comentó Idígoras.
Otras fuentes de la industria consideraron que será difícil que la tercera versión del programa de incremento exportador pueda llegar ya no a los USD 5.000 millones previstos originalmente sino a los USD 4.000 millones. El precio diferencial de $300 para la exportación tiene vigencia hasta el 31 de mayo.
Ejecutivos del sector aseguran que cada consulta a funcionarios del Ministerio de Economía sobre alguna mejora en las condiciones del tipo de cambio (una especulación que apareció para muchos productores tras la crisis cambiaria de mediados de abril) o una cuarta edición del programa tuvo respuesta negativa.

En ese marco de flaco ingreso de divisas por la vía del dólar soja, el Banco Central se embarcó en los últimos días en negociaciones con un grupo de empresas para poner en marcha un esquema de prefinanciación de exportaciones que libere, temporalmente, el uso de reservas para la importación de algunos bienes.
Se trata de un ida y vuelta que inició el organismo que preside Miguel Pesce con empresas, principalmente de la industria automotriz, petrolera y de consumo masivo y que tiene como hipótesis de mínima ahorrarse el uso de USD 1.000 millones para ciertas importaciones. Esas compras al exterior, según el sistema que afinan entre el BCRA y el sector, estarían financiadas por préstamos de casas matrices o entidades financieras.
La lógica es la siguiente: la prefinanciación de exportaciones consta de líneas de crédito de bancos internacionales que pueden destinarse exclusivamente a la importación de insumos para producir bienes que luego se exportarán. Lo que se busca ahora es que esa línea crediticia pueda ser utilizada para otro tipo de bienes. Las empresas, de prosperar una ampliación de un esquema de esa naturaleza, obtendrían como beneficio la posibilidad de contar con una flujo más constante de insumos, que podría incluso tener un costo menor. y constante de insumos, a un costo financiero menor.
El sistema todavía está en conversaciones y, según fuentes involucradas en la negociación, todavía resta resolver algunos requerimientos del sector privado. En todo caso, se cree que esa prefinanciación ampliada este año solo en uno de los sectores involucrados financiamiento por 1.000 millones de dólares, que podría triplicarse si se considera el conjunto de los sectores. Otro elemento a resolver es qué uso permitirá el BCRA a las empresas darle a los pesos que dejarán de utilizar para comprar divisas e importar.
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