
El ministro de Economía, Sergio Massa, prepara una nueva modificación al esquema cambiario. En este caso, el objetivo es crear un tipo de cambio especial para que los turistas no residentes que visitan el país puedan consumir y vender sus divisas a un precio por dólar cercano al del mercado libre, aunque en la plaza formal. De esta manera, el Gobierno aspira a achicar el déficit cambiario por servicios que se genera no sólo por el consumo de los argentinos en moneda extranjera o en el exterior, sino también por la ausencia casi absoluta de oferta de divisas por parte de visitantes extranjeros.
Hasta septiembre, último dato oficial, los residentes argentinos gastaron USD 4.616 millones este año en concepto de “Viajes y otros pagos con tarjeta”, según el informe de balance cambiario del Banco Central.
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La cifra, que incluye tanto los pagos hechos en el exterior como los pasajes y hasta los consumos online en moneda extranjera que se hacen desde el país, es importante. Pero más allá del monto en sí, lo que preocupa al Gobierno es el número neto. En todos los países salen divisas por la vía del turismo pero, a su vez, esa sangría se compensa total o parcialmente por la entrada de divisas que generan quienes visitan el país desde el exterior. Una balanza turística que en la Argentina está seriamente afectada por los controles de cambio.
Dado que para los no residentes es mucho más conveniente vender sus dólares, euros, reales o la moneda que fuere en el mercado informal por un valor casi 90% mayor, sus gastos y consumos no entran al mercado formal. Gastar $1.000 en la Argentina equivale a pagar USD 6,28 con tarjeta de crédito pero apenas USD 3,44 si se usan dólares en efectivo, se venden en el mercado informal y luego se paga con pesos en billete. El incentivo es muy claro y sus efectos muy palpables.
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En los nueve meses en los que los argentinos gastaron USD 4.616 millones en el exterior, los no residentes gastaron apenas USD 300 millones en el país. Se calcula que el gasto total ronda los USd 2.400 millones, pero la enorme mayoría de esos billetes van al mercado libre.
El nuevo esquema, sobre el que fuentes oficiales no dieron más detalles hasta el momento, buscará que los turistas extranjeros puedan gastar con plásticos a un tipo de cambio cercano al del dólar MEP, hoy en los 292,84 pesos. Los gastos no se sumarían a las reservas líquidas del Banco Central, aunque impactarían en las reservas netas en la medida en que se transformen en depósitos bancarios.
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No es la primera vez que el Gobierno busca captar los dólares del turismo receptivo. A fines de 2021, con la reapertura del turismo tras la pandemia, se crearon cuentas especiales para turistas que les permitían sacar una tarjeta de débito y consumir a tipo de cambio paralelo. No se abrió una sola. Este año, además, se permitió a bancos y casas de cambio vender a no residentes pesos a un tipo de cambio similar al MEP. Sólo el Banco Nación lo implementó.
El tipo de cambio para turismo receptivo pasaría a ser la segunda pata del esquema cambiario para turismo que armó Massa. El primero fue la creación del “dólar Qatar”, un recargo del 25% impuesto por la AFIP y que se aplica como un extra por encima del 30% de Impuesto PAIS y el 45% de percepción a cuenta de Ganancias y Bienes Personales que ya pesaban sobre los consumos turísticos.
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Ese dólar con un plus del 100% sobre el tipo de cambio minorista está en unos $328 por unidad al día de hoy. Y se aplica solo a aquellos viajeros que gasten USD 300 o más, para dejar libres de ese castigo a quienes tienen pequeños consumos en dólares como servicios de streaming o suscripciones de software.

El nuevo sobrecosto para los consumos en dólares rige desde principios del mes pasado pero, a tres semanas de su implementación, todavía sufre de problemas operativos. Se aplica a consumos con tarjeta de débito y crédito que alcancen o superen los USD 300 mensuales, pero establecer quién incurrió en consumos por esos valores resultó más difícil de lo esperado.
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Los bancos no tienen datos centralizados de los consumos de sus clientes. Es decir, no pueden saber qué hacen sus clientes con las tarjetas de otros bancos y fintech. Con lo cual, hasta el momento, con sólo mantener sus consumos con plásticos de un mismo banco por debajo del umbral de USD 300 y, en caso de seguir consumiendo, recurrir a otras tarjetas emitidas por otras entidades, los turistas pueden volar por debajo del radar sin sufrir el recargo. Sólo es cuestión de contar con varios proveedores de tarjetas.
En estos días, la AFIP trabaja para proveer a los bancos de información centralizada que les permita detectar esos casos, pero hasta el momento no está operativo.
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