
La semana pasada el Banco Central de la República Argentina (BCRA) dispuso ayer elevar en 550 puntos básicos la tasa de política monetaria, que pasó de 69,5% a 75% nominal anual, y que impacta en remuneración de los depósitos a plazo fijo, las tasas de interés para créditos y otros costos de financiamiento en pesos.
Se trató de la tercera suba de tasas de interés que aplica el BCRA en los últimos dos meses, luego de que el 28 de julio subiera 800 puntos la tasa de las Letras de Liquidez (Leliq), que pasó de 52 a 60% anual, y el 11 de agosto se fijara una suba de 950 puntos, para alcanzar el 69,5% anual.
El objetivo de la medida -explicó el BCRA- es normalizar la estructura de tasas de interés activas y pasivas de la economía para acercarlas a un terreno positivo en términos reales, que ayude a frenar la inercia de precios y a consolidar la estabilidad financiera, cambiaria y la acumulación de reservas internacionales alcanzada en las últimas semanas.
De esta forma, las tasas de referencia que remunera la deuda “cuasifiscal” que acumula la entidad alcanzan su nivel más alto desde el 3 de octubre de 2019, casi tres años atrás, en una medida que apunta a pelearle a la inflación, con una tasa anual del 78,5% a agosto, y reducir las expectativas inflacionarias y devaluatorias hacia el futuro.
Al contabilizar la renovación mes a mes del capital y vencimientos de las Leliq, esta tasa de política monetaria alcanza el 107,4% a doce meses vista. Sin embargo, el reconocido analista financiero Charlie Bilello señaló “la Argentina aumentó las tasas en otros 550 puntos básicos al 75%. Todavía por debajo de su tasa de inflación del 78,5%”, según datos del Banco Mundial.
Es decir que el actual nivel de las tasas del sistema sigue un paso atrás de la inflación y, más allá de su magnitud, siguen siendo negativas en términos reales, condición que neutraliza su efecto.
En un listado de 32 países, la Argentina presenta los tipos de interés más elevados y muy lejos de sus perseguidores, pues de este listado, solo Brasil (13,75%), Chile (13%) y Turquía (10,75%) tienen tasas de interés de dos dígitos.
Asimismo, a excepción de Turquía (80,2%), la Argentina tiene la inflación más alta. Un puñado de las economías relevadas llega a tasas nominales de dos dígitos: República Checa (17,2%), Polonia (16,1%), Rusia (14,3%), Chile (14,1%) y Colombia (10,8%).
No obstante, Bilello subraya que al tener en cuenta la inflación de cada país en el último año, la Argentina tiene una tasa real negativa de 3,5% anual, similar a la de Chile, Corea del Sur o Australia, países con una inflación en torno al 10 por ciento. Por lo tanto, las “súper tasas” locales no tienen mucho por destacar respecto de la mayoría de las economías. Quizás el rasgo positivo sea que hoy la rentabilidad del sistema financiero argentino sea menos negativa que la de otras naciones más desarrolladas (Eurozona, Dinamarca o Suecia) con tasas reales negativas del 9%, o bien de la misma Turquía, cuyas tasas reales negativas saltan al 67,2 por ciento.
El analista financiero Leandro Ziccarelli explicó que “la inflación que tiene Argentina es una inflación muy inercial. Entonces para cortar un fenómeno como la inercia, necesitas primero un programa económico que no lo tenés -o es el del Fondo-, pero recién ahora se ve un equipo económico comprometido con cumplir las metas de alguna forma, incluso haciendo trampa. Suponiendo que se pueda usar el acuerdo con el Fondo como ancla estructural ¿vamos a ese programa, lo vamos a cumplir, nos muestran bien cómo van a llegar a los números, se cree, es confiable? Ahí tenés la primera parte, que es el programa para bajar la inflación. Es así, nadie bajó la inflación sin programa económico. Hay ejemplos, pero no fue sustentable en el tiempo, eran situaciones políticas muy particulares”.
“Aparte del programa para combatir la inercia, que es el principal problema que tenemos hoy de inflación, necesitas anclas, anclas nominales. El ancla por excelencia es el tipo de cambio y yo no veo que en el corto plazo puedas anclar el tipo de cambio. Así que si eso no se hace, si no hay un plan de estabilización con ancla nominal firme y un programa creíble, no veo que vayamos a bajar fuertemente la inflación. Pero para anclar tenés que hacer una devaluación primero”, advirtió Ziccarelli.
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