El gobierno nacional mostrará a partir de esta semana pruebas “materiales” del inicio de la construcción del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK), para transportar la producción de Vaca Muerta, que apuesta a inaugurar en junio de 2023, de modo de aliviar la importación de gas, en particular de GNL, el gas licuado que llega en barcos y cuyo pago puso este año las reservas del Banco Central en una situación límite.
“A partir de esta semana se empieza a materializar el proyecto”, dicen desde el área energética.
A partir del retiro de los caños para el Gasoducto Mercedes-Cardales “se lanza el resto de la obra”, explicaron fuentes oficiales a Infobae. Las empresas contratistas, señalaron, ya están construyendo los obradores.
Se trata de caños que estaban “arrumbados” en la localidad bonaerense de Ensenada. “Son de ampliaciones de las redes troncales, se hicieron un montón en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y después quedaron arrumbados durante el gobierno de Macri, pero están en condiciones “óptimas” por lo que se pueden y van a utilizar, señalaron desde despachos oficiales.
El plan (y fideicomiso) de ampliaciones referido es del período 2006-2008. Por lo visto, dejó muchos caños sin uso. Ahora se destinarán al Gasoducto Mercedes-Cardales, de 80 kilómetros de largo, una de las “obras complementarias” del GPNK. Otra de las obras complementarias es el “Loop de Ordoqui”, de 29 kilómetros.
La coordinación y avance del GPNK y las obras complementarias en su conjunto, tanto en las cuestiones administrativas como ejecutivas, está en manos de Energía Argentina SA (Enarsa), la empresa estatal de energía que preside Agustín Gérez, un abogado especializado en derecho de los hidrocarburos.
Los contratos para la obra del GPNK fueron firmados el 10 de agosto pasado por Gérez, del lado oficial, en un acto al que asistieron el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Sergio Massa, que iniciaba ese día su segunda semana de gestión. Alli estaban también los gobernadores Axel Kicillof (Buenos Aires), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Omar Gutiérrez (Neuquén) y el vicegobernador de Río Negro, Alejandro Palmieri.

Las empresas contratistas
Se trata por un lado del consorcio Techint-SACDE, que están armando una suerte de “fábrica” para unir de a dos los caños para que lleguen al “desfile de caños” del GPNK, donde se deben desplegar, con 24 en vez de 12 metros de longitud, lo que permitirá acelerar la ejecución de la obra. Lo mismo está haciendo BTU para otro de los tramos licitados.
El GPNK tendrá una longitud total de 573 kilómetros y pasará por las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires, con su punto inicial en la neuquina Tratayen y destino en la bonaerense Salliqueló.
El gasoducto “se empieza a palpar”, dicen quienes empujan el proyecto, y apuntan que pronto se podrán ver la limpieza del trazado, la apertura de pista (foso longitudinal) y el “desfile de caños”.
De hecho, este sábado Enarsa empezó a difundir por la redes sociales el arranque del camino hacia la #SoberaniaEnergética, el mismo lema con el que en 2012 se procedió a la expropiación de Repsol para recuperar la mayoría estatal en YPF.
Los tiempos
Los tiempos de realización de la obra son los previstos y acordados con los contratistas, aseguran, además de precisar que las empresas contratistas ya están incorporando gente. Al pico de obra se llegará a mediados noviembre y en el momento de máxima actividad el gasoducto generará 6.500 empleos directos entre obreros, ayudantes, técnicos, ingenieros y otros profesionales. La obra involucra mucha “mano de obra calificada”, señalaron.
Además, se inició el proceso de importación de chapa. El laminado de la misma se hará en Brasil y el “rolleo”, para darle forma tubular, en la planta de Tenaris en Valentín Alsina, provincia de Buenos Aires, antes de fin de septiembre.
El gasoducto permitirá ampliar la capacidad de transporte en unos 11 millones de metros cúbicos por día y reducirá en al menos un tercio el volumen de importaciones de gas en la temporada invernal. La fecha señalada de inauguración es el 20 de junio de 2023, Día de la Bandera, último del otoño, en vísperas del inicio del invierno.
“El cronograma se está cumpliendo según los plazos estipulados, el apto para funcionar estár en junio de 2023 o antes, si no surgen imprevistos”, es la previsión oficial.
Esta semana el gobierno adjudicará la obra civil de turbocompresores, complementaria de la segunda etapa del GPNK (desde Saliquelló a San Jerónimo, en Santa Fe), cuya obra civil ya fue licitada.
A principios de septiembre Enarsa lanzó las licitaciones GPNK 10 y 11, para la adquisición de cromatógrafos y tramos de medición para el GPNK y obras complementarias y para cuestiones ligadas a la ingeniería básica de la segunda etapa del gasoducto, que ampliará su capacidad de transporte a 25 millones de metros cúbicos por día y permitirá finalmente prescindir de las importaciones de gas en invierno.
Salida en falso
El inicio del gasoducto había sido anunciado por Alberto Fernández en noviembre de 2021. A principios de este año, incluso, el gobierno aireó un spot publicitario. La voz de la locutora decía: “El gasoducto Néstor Kirchner ya está en marcha. Un proyecto que generará 6.000 puestos de trabajo, aumentará el potencial energético, la producción y las exportaciones de nuestro país”. Las imágenes mostraban máquinas y personas trabajando, zanjas cavadas y personal trabajando sobre caños ya conectados, dando a entender que estaba en marcha.
Luego, sobrevinieron una serie de contratiempos, marcados por un fuerte internismo. A fines de mayo renunció Antonio Pronsato, un funcionario ligado al exministro de Planificación Federal, Julio De Vido, supuestamente por disconformidad con la lentitud burocrática y ejecutiva para hacer que el proyecto avance. Poco después, a principios de junio, hubo cruce de críticas entre Enarsa y el entonces ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, que sugirió que la licitación del gasoducto se había hecho “a medida de Techint”. El episodio provocó una muestra pública de disgusto de la vicepresidente Cristina Kirchner y terminó con el presidente Alberto Fernández pidiendo la renuncia de Kulfas, quien había sido hasta entonces el principal aliado en el gabinete de Martín Guzmán, que renunció un mes después.
En el gobierno aseguran que ahora hay armonía y esta vez la cosa va en serio.
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