
Como ya hizo en otras dos oportunidades, cuando todo parece desmoronarse Martín Guzmán apela a medidas ortodoxas para recuperar cierto nivel de calma para la economía y en particular el dólar. Suba de la tasa de interés, reducción de subsidios y compromiso de cumplir con el déficit fiscal de 2,5% fueron los principales anuncios de hoy, todos en perfecta sintonía con el acuerdo firmado con el FMI.
Quedó afuera de los anuncios, sin embargo, el que es hoy el principal problema que enfrenta la economía: la dificultad para acumular dólares y fortalecer las reservas del Banco Central. Allí radica hoy la principal debilidad, producto básicamente de la fuerte desconfianza que genera el Gobierno entre los inversores.
Ninguna de las medidas ayudará al Banco Central a mejorar su stock de reservas. Por lo tanto, si bien se apunta en la dirección correcta, se trata de decisiones que llegan tarde y de manera insuficiente, en el contexto de una fuerte crisis que atraviesan los mercados a nivel global ante el aumento de la inflación en todo el mundo.
Guzmán ya había mostrado capacidad de reacción en medio de la tormenta en octubre de 2020, cuando el dólar libre rozó los $ 200 y amenazaba con descontrolarse y lo hizo nuevamente a fines de enero de este año, cuando luego de varios días de alta incertidumbre se terminó anunciando el acuerdo con el FMI.
En aquellos episodios se logró que afloje la presión cambiaria y se alejaron los escenarios apocalípticos. Ahora se va en la misma dirección, días después del derrumbe de los bonos en pesos que coloca el Tesoro, lo cual puso bajo fuerte amenaza todo el plan financiero del 2022. Parte de los pesos que recibieron los inversores que vendieron en los últimos días fueron a comprar dólares, como lo reflejó la suba del “contado con liquidación”, que hoy ya llegó a los $ 242, su máximo histórico en términos nominales.
La suba de tasas es la más fuerte desde que comenzó el proceso de ajuste de rendimientos. La tasa mínima de los depósitos a plazo fijo saltó cinco puntos hasta 52%. Si bien aún está lejos de inflación, la tasa efectiva (que surge de reinvertir todos los meses el capital y los intereses acumulados) llega al 68% anual. De alguna manera el Banco Central “copia” la estrategia de la Reserva Federal norteamericana, que un día antes aumentó la tasa en 75 puntos básicos, un ajuste que no ocurría en esa magnitud hace casi 30 años.
Más allá de la preocupación por la inflación, aumentar las tasas en forma busca darle una zanahoria a los ahorristas para que se queden en pesos y no se pasen al dólar. La suba del tipo de cambio de las últimas jornadas facilita un poco la tarea, porque la alternativa es un rendimiento más atractivo en moneda local o un tipo de cambio que ya no luce tan barato.
En un segundo orden, pero no menos importante, también se busca ponerle un freno a la suba de la brecha cambiaria, que otra vez amenaza con superar el 100%. Por encima de ese nivel las distorsiones ya son demasiado grandes: los inversores adelantan una devaluación del tipo de cambio oficial, mientras que los exportadores demoran todo lo posible la liquidación de divisas.
La segmentación tarifaria también es parte de esa “ortodoxia” que busca transitar Guzmán. El cobro de tarifa plena para el 10% de mayor poder adquisitivo en la zona metropolitana procura también acercarse a uno de los compromisos asumidos con el FMI: la reducción de los subsidios económicos. Aunque la medida es insuficiente para lograr esa reducción de 0,6% del PBI que se había comprometido a principios de año, al menos va en la dirección correcta.
El Gobierno enfatizó además que la nueva versión del Presupuesto 2022 que salió por DNU respeta el déficit fiscal primario de 2,5% que figura en el acuerdo. Aún está por verse si podrá lograrlo, teniendo en cuenta que las proyecciones del sector privado apuntan a que se repetirá o incluso se superaría el rojo de 3% del año pasado.
El ministro de Economía, ahora con mayor poder dentro del Gabinete, se aferra así al acuerdo con el FMI para despejar los peores escenarios: descontrol cambiario, derrumbe adicional del precio de los bonos y problemas con la deuda en pesos en un corto plazo. Todos estos temores siguen latentes y lo que está por verse es si finalmente conseguirá ganar más tiempo o si al contrario se acelera todavía más la crisis en medio de un escenario global cada día más complicado como “coletazo” de la guerra entre Rusia y Ucrania.
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