
La guerra en Ucrania encuentra al Fondo Monetario Internacional en una posición incómoda, tanto por la situación de sus principales deudores como por las malas perspectivas financieras y el escaso avance de sus iniciativas. Un contexto global convulsionado por el conflicto bélico parece sobrepasar su eficacia como bombero financiero internacional.
Un repaso a los datos del organismo permite observar la precariedad de su cartera. El principal deudor sigue siendo la Argentina, con un saldo pendiente, al 31 de enero pasado, de USD 40.080 millones, equivalentes al 27,7% de la cartera crediticia. En el ranking siguen Egipto (USD 19.510 millones, 13,5% del crédito pendiente) y Ucrania, que le debe al Fondo USD 9.935 millones, 6,9% de su cartera. El Top 5 lo completan Ecuador y Pakistán: entre los dos, le deben al Fondo poco más de USD 13.500 millones, 9,3% de su cartera. Así, sobre 190 países “socios”, 5 explican el 57,4% de la cartera pendiente, aunque no atrasada, de USD 144.553 millones.
La sola enumeración exhibe la debilidad del FMI, no tanto por falta de recursos (puede prestar hasta un billón de dólares y en agosto pasado emitió USD 650.000 milones en DEGs, su moneda de cuenta, para reforzar las reservas de los socios), como por la falta de acuerdos y soluciones.
Dos años de conversa
La Argentina lleva más de dos años de presunta negociación (la de verdad tuvo lugar solo en los últimos meses) y el tironeo persiste, centrado en el ritmo de reducción de los subsidios a los servicios públicos, cuya contrapartida es el nivel de las tarifas de electridad, gas y transporte, y un complicado combo de inflación, tipo de cambio y metas monetarias y financieras.
Egipto, el segundo deudor, es uno de los países más perjudicados por el impacto inicial y potencial de la guerra sobre el precio del trigo, del que es el principal importador mundial. Ni hablar de Ucrania, tercero en la lista, invadida por una potencia militar de un poder bélico abrumadoramente superior. Ecuador y Pakistán tampoco enfrentan un panorama promisorio.
La negociación con la Argentina es mirada con sospecha desde todos lados. El acuerdo “tentativo” anunciada hace pocas semanas, pero aún no consumado, “despertó amplias críticas por la vaguedad del sendero esbozado”, dijo en su último número la influyente revista The Economist. Es un caso en el que FMI no tiene buenas alternativas. Según el semanario inglés, no acordar con la Argentina significaría “un desastre financiero” para el país y una pérdida millonaria para el Fondo, algo que –dice- se podría evitar sumando a China a la mesa. Pero he aquí que los demás socios rehúsan aumentarle a Beijing su 6,40% de poder de voto en el directorio y acercarlo a su real peso en la economía mundial, y el momento para involucrarla ya pasó, debido al deterioro de las relaciones de China con los países que dominan el directorio del Fondo.
Los conflictos geopolíticos en torno de Ucrania y –eventualmente- Taiwán, podrían trabar aún más el funcionamiento del Fondo, al tiempo que el aumento de las tasas de interés internacionales, para combatir la inflación, podrían causar una nueva ola de defaults soberanos al cabo de un período de aumento de la deuda global. A ese riesgo no se asomaron aún emergentes de gran tamaño, pero sí una miríada de casos pequeños, como Sri Lanka (muy endeudada con China), Túnez, El Líbano y Ghana.
Si bien durante la pandemia otorgó USD 170.000 millones vía una línea de liquidez de corto plazo, que luego no necesitó desembolsar, el Fondo no logró aún reunir los USD 100.000 millones de un “fondo de resiliencia y sustentabilidad” a integrar con la parte no usada de la emisión de DEGs de agosto pasado y que serviría para reforzar las reservas de países de ingresos bajos y medianos, como la Argentina.

Martín pescador
El eventual acceso a ese “fondo de resiliencia” es una de las promesas de Guzmán al interior de la coalición de gobierno. Pero de los USD 100.000 millones prometidos por los países “excedentarios” (aquellos que no necesitan usar el aumento de su cuota en el FMI), en 8 meses se juntó solo el 60 or ciento. La promesa está lejos de ser realidad y en ningún momento se acercó al ensueño de algunos miembros del gobierno argentino, de que un solo país pudiera tomar de allí USD 20.000 millones.
Otra iniciativa es un “marco” de renegociación de deudas similar al del Club de París, para involucrar a acreedores como China y Arabia Saudita, que han rehusado el convite. Ese rechazo podía no ser muy importante hace 20 años, cuando los socios del Club eran los grandes prestamistas globales. Ahora, en cambio, lo es China, con sus propias reglas de juego.
En ese marco disfuncional y agravado por la guerra, el Fondo sigue sin encontrar un rol eficaz ni, hasta ahora, un acuerdo final con la Argentina.
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