
Es una historia sin fin, o al menos así lo viven las dos partes involucradas. Por un lado, el equipo económico que conduce Martín Guzmán y, por el otro, los fondos de inversión que aún se sienten “atrapados” con activos en pesos en la Argentina y buscan salida. De eso se tratará hoy, entonces, la reunión que mantendrán hoy en Nueva York el subsecretario de Financiamiento, Ramiro Tosi, con representantes de Pimco y Templeton, a la que se prevé se sume también el ministro sobre el final. Este encuentro, más reservado y que se organizó con mucha mayor discreción, será un aparte de la presentación más amplia y general que encabezará Guzmán junto el jefe de Gabinete, Juan Manzur, ante un auditorio más nutrido de inversores, entre los que se espera la presencia de Blackrock, Redwood, AdCap, Golden Tree, Gramercy, M2M, Morgan Stanley y JP Morgan, entre otros.
Con Pimco y Templeton, la charla será más puntual. El motivo que los convoca es las tenencias que aún tienen en títulos en pesos, estimadas en el equivalente unos USD 1.000 millones al dólar libre, de las que los fondos buscan deshacerse. Esa intención preocupa a las autoridades argentinas ya que, al igual que lo ocurrido el año pasado, presionan sobre la cotización del dólar y amplían la brecha. Con un acceso a las divisas híper regulado, la inquietud se centra ahora en la diferencia que se generó entre el valor del billete en el mercado de contado con liquidación “oficial” -intervenido por diferentes medidas de la Comisión Nacional de Valores (CNV), que ayer cerró en $177,5- y el contado con liqui libre de regulaciones, que se negocia entre privados en el segmento conocido como SENEBI (segmento de negociación bilateral), donde el precio oscila en torno a los $190.

El objetivo, entonces, será encontrar un mecanismo de salida ordenada que modere el impacto en el mercado financiero. La búsqueda de una estrategia “a medida” cuenta con un antecedente reciente cuando, el año pasado, el ministro Guzmán les habilitó la dolarización una gran parte de sus tenencias mediante un canje de los títulos en pesos en su cartera por bonos en dólares con vencimiento en 2030 y 2035. Se trató de dos operaciones por USD 750 millones mediante las cuales los inversores extranjeros pudieron descargar una gran parte de sus acreencias pero no la totalidad. El saldo remanente volvió a convertirse, en las últimas semanas, en un dolor de cabeza para el Gobierno, que se prepara para un cierre de año complicado en el frente cambiario.
Una nueva operación para lograr la dolarización de los títulos en pesos en manos de estos fondos extranjeros será, probablemente, la solución que se vuelva a encontrar para superar el trance. Pero lo cierto es que la estrategia no está exenta de cierto costo político. La medida de Guzmán fue criticada en su momento por, entre otros, el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, pero ahora, en el contexto de la campaña electoral, las críticas pueden ser aún mayores. Esto porque fue el propio Gobierno que instaló el debate, en los últimos meses, respecto de la diferencia entre la “deuda de Macri”, en dólares, y la colocada por la gestión de Alberto Fernández, en pesos, con el discutible argumento de que la segunda, pese a crecer a una velocidad mucho mayor que en la gestión anterior, es menos dañina que en dólares. El diseño de un mecanismo que dolarice deuda hoy en pesos entraría, desde esta perspectiva, en una flagrante contradicción con el razonamiento esgrimido. De ahí que tal vez se intenten explorar otras alternativas, con menores chances de consenso.
En cualquier caso, en el mercado consideran que el asunto, en definitiva, es un coletazo marginal de la crisis. “Cualquier cosa que negocien, no cambia mucho nada, está todo patas para arriba. El escenario es extremadamente complejo, variables como la de inflación que se conoció ayer vuelven cualquier intento imposible”, aseguró un experimentado operador, de consulta de los funcionarios de Finanzas. Igual que el resto de los inversores que escucharán mañana a Manzur y Guzmán en la sede del consulado argentino en pleno Manhattan, su conclusión es que la crisis es política y que no habrá artilugios financieros que den resultado mientras no se resuelva el problema de fondo.
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