
En plena crisis dentro del Gobierno tras la derrota electoral, atribuida por Cristina Fernández de Kirchner a la política fiscal, el ministro de Economía Martín Guzmán presentó el proyecto de Presupuesto 2022 que no sólo plantea mantener el sendero del ajuste sino que requerirá profundizarlo, incluso por encima de lo que prevé el propio texto.
Así se desprende los números vertidos en el proyecto, a los que distintos analistas consideraron poco realista, difícil de financiar y poco creíble en algunas de sus principales variables, como la inflación. A esas falencias, se le suma un dato clave: difícilmente el Fondo Monetario, organismo con el que se da por descontado un acuerdo, tolere un desequilibrio fiscal para el próximo año de 3%, apenas 0,7 puntos del esperado para este año. Una reacción que el Gobierno, y mucho menos Guzmán -uno de los ministros más cuestionados por el kirchnerismo duro- no puede desconocer. “El Presupuesto tiene más que nada un problema de factibilidad. Tal vez la mayor inconsistencia es la proyección de déficit fiscal, con la que probablemente hayan buscado dejar margen para negociar con el FMI”, sostuvo Federico Furiase, socio de la consultora Anker fundada por el ex presidente del Banco Central, Luis “Toto” Caputo.
El propio Caputo puso en tela de juicio la viabilidad de los números proyectados por Guzmán. “Respecto del presupuesto 2022, el déficit financiero parecería muy difícil de alcanzar. Una vez más, la restricción financiera (es decir, la posibilidad de financiarlo ya sea con deuda o emisión) actuará como limitante”, posteó en su cuenta de Twitter el ex funcionario de la gestión anterior. Consideró que tanto el financiamiento contemplado por parte de los organismos internacionales, unos USD 12.000 millones, como el que se obtendría en el mercado voluntario de deuda, otros USD 13.000 millones, no son estimaciones realistas. De ahí que, ante la imposibilidad de encontrar recursos para financiar el desequilibrio, “el déficit termine siendo menor”. En otras palabras, el ajuste mayor.

El dato es un puñado de sal en las profundas heridas que dejó en el corazón del Frente de Todos el resultado de las elecciones del domingo, por el que la vicepresidenta culpó anoche a “la política de ajuste fiscal equivocada” implementada este año y que el presidente Alberto Fernández pretende -según los términos del Presupuesto- sostener. Con todo, el proyecto actualiza las estimaciones vigentes y confirma, para este año, un importante aumento del gasto público. Tras el equilibrio fiscal alcanzado durante el primer semestre, Guzmán anticipó que el año cerrará con un rojo de 4% del PBI, lo que implicará una salto de 10% en términos reales hasta fin de año, según el análisis del IARAF. Cómo se financia sigue siendo el principal problema.
“Se va a repetir lo de este año, prometen bajo nivel de emisión pero terminan emitiendo a escondidas”, opinó el director de la consultora Ledesma, Gabriel Caamaño. El economista también evaluó dudosas chances de obtener financiamiento genuino del mercado en 2022 en la magnitud prevista en el texto, “No se entiende si lo que plantean recuperar crédito externo tan rápido”, dijo y recordó que el próximo año el Banco Central no dispondrá de utilidades para girar al Tesoro y que los adelantos de la entidad se llevan al máximo, lo que implicaría nuevamente un alto nivel de expansión monetaria. “No se explica cómo se concilia esa política monetaria con la desinflación y la recuperación”, sostuvo.
Nuevamente, la pauta de inflación luce, a los ojos de los economistas que analizaron el Presupuesto, la variable menos creíble. “Inflación de 33% para el próximo año, partiendo de una inercia de 45%-50%, sin un ancla nominal creíble es un tema. Ahí veo otro gran problema de factibilidad”, dijo Furiase, para quien también la estimación de crecimiento económico de 4%, sin arrastre estadístico, “va a ser todo un desafío”.
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