
El ministro de Economía, Martín Guzmán, definirá en los próximos meses la suerte de su programa monetario para este año. La ecuación es simple: o consigue que el mercado le preste pesos suficientes para cubrir parte del déficit o deberá emitir mucho más de los $1,2 billón que están en el presupuesto de 2021. La diferencia, sin embargo, no es menor. Distinto al objetivo de inflación, de no conseguir alcanzar sus previsiones el resultado puede ser potencialmente complicado para la dinámica de precios y también para la estabilidad de las cotizaciones paralelas del dólar.
El pozo al que recurre Guzmán para conseguir pesos frescos que financien parte del déficit se está mostrando, cada mes, algo más seco que el anterior. En esa línea, agosto fue el período de peor resultado en 14 meses. En sus distintas colocaciones de deuda a tasa fija, ajustada por CER y hasta atada al tipo de cambio oficial -dollar-linked- apenas si consiguió obtener en torno a $14.000 millones de financiamiento neto. Es decir, deuda por encima de la que necesitaba para cubrir los vencimientos del mes.
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Julio ya había sido pobre, con unos $34.000 millones netos. Y, si la tendencia sigue en septiembre, el panorama monetario se puede complicar. Esto es porque cada peso que no logra conseguir Guzmán emitiendo deuda en el mercado no se traduce en recortes de gasto sino en su reemplazo por otro peso. Un peso emitido por Miguel Pesce en el Banco Central.
Como resultado de la mala cosecha de deuda en moneda local de agosto, la cuenta de expansión monetaria se disparó. Es una relación directamente proporcional: peso que no se consigue en el mercado, se fabrica en la autoridad monetaria. Las transferencias de utilidades llegaron en agosto a los $200.000 millones.
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Un mes antes, en julio, con resultados también modestos en el mercado las transferencias de utilidades habían escalado a $180.000 millones.
Esos giros son ganancias contables que el Banco Central obtiene por la suba del valor de sus reservas y otros activos nominados en dólares, que suben de valor en pesos a medida que el dólar avanza. Como el Tesoro es el único accionista del Central, ese dinero se puede girar como en una empresa se distribuyen dividendos.
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El problema es que por más justificación contable que se le busque, no deja de ser otra cosa que pesos creados de la nada. Emisión a secas.

La tendencia es clara. A menor éxito en las licitaciones de deuda en pesos, mayor es la necesidad de emisión monetaria del Banco Central. Pesce, que en marzo del año pasado cuando arreciaba la pandemia aseguró que el Tesoro tendría cada peso que pidiera, envía a hablar con Guzmán al que pregunta por emisión monetaria.
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Mañana es la primera prueba de septiembre. Vencen cerca de $90.000 millones. No es una cifra enorme, pero la cercanía de las PASO de este fin de semana y las todavía veladas tensiones cambiarias deprimieron los precios de activos en pesos como los que busca colocar Guzmán.
Los vencimientos de este mes totalizan $440.000 millones, aunque en ellos se incluye al bono TS21 que está totalmente en manos del sector publico. Restando eso, los vencimientos llegan a $286.000 millones. Y cada peso extra por encima de esa cifra será financiamiento neto.
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A julio, Economía había conseguido financiamiento neto por $391.161 millones. La marca de alrededor de $900.000 millones de deuda total que tiene que conseguir Guzmán no está cerca. Pero si no renueva los vencimientos y el mercado sigue dándole la espalda, esa cifra acumulada perfectamente puede retroceder.
“Los fondos captados se utilizarán para enfrentar el pago de la Letra X13S1 por $86,900 millones que vence el lunes próximo, el día posterior a las PASO. La licitación se presenta algo desafiante debido a que las últimas estimaciones marcan que alrededor de un tercio de esa se encuentra en manos de no residentes”, explicó un informe de SBS.
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“Asimismo, marca el regreso de los dollar-linked luego de dos licitaciones en las que no se ofrecieron instrumentos de este tipo”, remarcó el reporte.
Y las caídas de la deuda en en pesos en el mercado implica que Guzmán deberá hacer todo lo posible para tentar a los inversores que, al comparar con los títulos ya emitidos, ven que pueden obtener tasas más altas. Guzmán se ha resistido históricamente a pagar lo que pide el mercado. Pero esta vez, la necesidad parece grande.
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“¿Estará dispuesto el Tesoro a convalidar estos spreads para llamar la atención del mercado?”, se preguntó un informe de Portfolio Personal Inversiones.
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