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Hilda Lizarazu recordó el día que cantó con Charly García con su hija Mía en brazos: “No se lo olvida más”

La cantante evocó junto a Mario Pergolini un show en el Coliseo en 2001, cuando interpretó “Buscando un símbolo de paz” con su beba. El video del momento

Hilda Lizarazu recordó en el programa Otro Día Perdido su participación en un concierto de Charly García, donde subió al escenario junto a su hija.
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La imagen de Hilda Lizarazu subiendo al escenario con su hija en brazos durante el histórico festejo de los 50 años de Charly García en el Teatro Coliseo se mantiene viva en la memoria del rock argentino. Aquella noche del 27 de octubre de 2001, la escena no solo impactó al público presente, sino que quedó registrada como uno de los episodios más recordados de la relación entre artistas y familia sobre las tablas.

Lo que ocurrió tiene la fuerza de un relato transmitido de generación en generación. Mía Folino, con apenas nueve meses de vida, no podía dejar de llorar en el camarín mientras su madre se preparaba para acompañar a Charly García en el tema “Buscando un símbolo de paz”. La situación se volvió un desafío inesperado para Hilda, enfrentada a la disyuntiva de calmar a su hija o cumplir con su compromiso artístico en un evento que reunía a los grandes nombres del rock nacional.

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El testimonio de la propia Hilda en el ciclo Otro Día Perdido aporta una dimensión íntima al recuerdo: “Mi hija no se quería desprender de mí. Yo me había bajado del micro, así como estoy, con esas bombachas de gaucha, muy sana. Vivía en Córdoba en ese momento, en medio del monte. Y estaba con Cachorra, ‘con cría al pie’, como decían los gauchos allí en Córdoba. Un saludo muy grande a toda la gente de Córdoba”. El contexto personal de la cantante revela cómo la maternidad y la vida artística se entrelazan, incluso en circunstancias extraordinarias como aquella noche.

En octubre de 2001, el día del cumpleaños de Charly en el Teatro Coliseo, Hilda subió con Mía Folino por entonces de meses de vida para interpretar "Buscando un símbolo de paz"

Mientras transcurría el show, la cantante permanecía atenta al desarrollo desde el costado del escenario, con su hija en brazos. Cuando llegó el momento de interpretar el tema, intentó dejar a Mía a cargo de una amiga. Sin embargo, la pequeña reaccionó con llanto y resistencia, incapaz de separarse de su madre. La tensión del momento fue resuelta por la intervención de León Gieco, quien se encontraba presente en el camarín y aportó una solución pragmática y afectuosa: “Salí con la nena, ponele dos algodoncitos. ¿Sabés qué? No se le va a olvidar nunca más”.

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La sugerencia de Gieco fue decisiva. Hilda colocó algodón en los oídos de su hija para protegerla del volumen de los monitores, que en esa época estaban contra el piso y a todo volumen, como recordó Mario Pergolini durante la charla televisiva en la que se evocó aquel episodio. Así, madre e hija subieron juntas al escenario, integrando espontáneamente la vida familiar al espectáculo musical.

La escena quedó grabada en la memoria colectiva, no solo por el gesto maternal, sino también por la reacción del público y de los propios músicos. El carácter histórico del momento fue anticipado por la frase de León Gieco: “Va a quedar en la historia”, una afirmación que, con el paso del tiempo, resultó premonitoria.

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“Era tan chiquita”, evocó Hilda al ver las imágenes. La presencia de Mía en el escenario no respondió a una planificación previa, sino a la necesidad de resolver una situación concreta, donde la maternidad y la música se cruzaron de forma natural y emotiva.

La interpretación del tema, en ese contexto, adquirió una carga simbólica adicional. La canción “Buscando un símbolo de paz”, ya emblemática en el repertorio de Charly García, se resignificó a partir de ese instante, asociada para siempre a la escena de madre e hija compartiendo el espacio artístico.

La trascendencia de aquel momento no se limitó a la anécdota de octubre de 2001. En el programa mostraron las imágenes de Mía Folino adulta, 25 años después, nuevamente sobre el escenario junto a su madre y cantando el mismo tema. Esta repetición del episodio demuestra cómo los recuerdos familiares pueden tener una proyección pública y perdurable, resignificando el pasado y actualizando los vínculos a través de la música.

La presencia de Mía sobre el escenario, primero como bebé y décadas más tarde como artista con presente y futuro, ilustra la continuidad de una historia compartida y la fuerza de los lazos entre generaciones en el entorno del rock argentino. El propio hecho de que las imágenes sean recorridas y comentadas en programas actuales señala el valor y la vigencia de aquel gesto espontáneo.

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