
La Tarjeta Alimentar “resultó una red de protección” ante el “empeoramiento de la situación socio-alimentaria” del país, pero no mejoró la calidad nutricional de quienes la perciben, según un informe publicado este jueves por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).
En un informe de balance sobre el impacto de esa política alimentaria en la población objetivo de ese programa, la UCA comparó el consumo de alimentos y productos de limpieza o higiene personal en los hogares que reciben la tarjeta, frente a las familias que no cuentan con esa asistencia.
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En ese sentido, el reporte de la universidad remarcó que “la estimación del impacto promedio del Programa Alimentar sugiere que, en ausencia de la transferencia, los hogares destinatarios hubieran tenido un incremento mayor de la inseguridad alimentaria en su umbral total del que efectivamente tuvieron”, explicaron.

Al respecto, las estimaciones del Observatorio de la Deuda Social apuntaron que los hogares que no fueron destinatarios de la Tarjeta Alimentar -y que tampoco fueron receptores de la Asignación Universal por Hijo- tuvieron un aumento de 23,6% en la inseguridad alimentaria total frente a 1,7% en el caso de los destinatarios, puntualizó el trabajo académico.
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Por otra parte, el estudio midió el impacto teórico positivo en algunos indicadores sociales como pobreza e indigencia entre los hogares destinatarios de la Tarjeta Alimentar. En ese sentido, la UCA estimó que sin la ayuda alimentaria, la incidencia de la indigencia entre chicos de 0 a 17 años, que calcularon en 10,6%, habría sido casi 10 puntos porcentuales más alta, hasta 20,5 por ciento. Y la pobreza, además, que a ese sector en particular afecta a 79,8% de los chicos, podría haber sido de 86,1% sin esa política asistencial.
Respecto a la calidad de la alimentación y la nutrición, algo que fue marcado repetidamente por el todavía ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo como uno de los objetivos del progrma, el informe de la UCA aseguró que “los hogares destinatarios de Alimentar tienen efectivamente un mayor consumo de los distintos grupos de alimentos analizados –con la excepción del consumo de pescados– que los hogares vulnerables no destinatarios, luego del emparejamiento”.
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“Por ejemplo, el 89,3% de los hogares destinatarios en la base apareada declaran haber adquirido carne en su última compra, el 86,3% adquirió lácteos, 86,1% compró frutas y verduras y 81,3% llevó legumbres (como porotos o lentejas). De todos modos, el impacto promedio no resultó estadísticamente significativo en todos estos casos. De hecho, sólo se aprecia un impacto medio robusto en favor de los destinatarios del Programa Alimentar en el caso de los consumos de huevos y de legumbres”, evaluó el documento de la UCA.

Según el informe, “no se aprecian impactos estadísticamente significativos en el consumo de carne, de lácteos ni de frutas o verduras. Se aprecia, en cambio, que los hogares destinatarios del Programa tendrán una mayor propensión al consumo de huevos y legumbres que los hogares del grupo de comparación”, es decir, sin la tarjeta Alimentar. En ese sentido, el trabajo académico arrojó que “se aprecia una ausencia de impactos sobre la calidad de la dieta de los niños/as y adolescentes en grupos de alimentos fuente de nutrientes esenciales (lácteos, frutas y verduras)”.
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Eso sería consecuencia de las “dificultades del Programa para realizar las actividades de educación nutricional, previstas en el diseño, debido a las restricciones impuestas” por la pandemia, de acuerdo con el reporte.
Por último, con relación al acceso de los beneficiarios del programa a artículos de limpieza e higiene personal, la UCA indicó que “la evolución se dio en un contexto en el que los hogares debieron dirigir mayores recursos a productos de limpieza debido al contexto de pandemia por Covid-19”.
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