Macroeconomía bajo la lupa: por qué la Argentina juega en una cancha distinta a la de los demás países de la región

Un estudio destaca las diferencia en tasas de interés nominal, dólar e inflación con la otros países latinos y cómo el debate sobre cómo encauzarlas se postergó hasta después de las elecciones. Algunos dilemas que enfrentará el gobierno hasta fin de año

La inflación aumentó en la mayoría de los países, pero lejos de los niveles que exhibe la Argentina  (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)
La inflación aumentó en la mayoría de los países, pero lejos de los niveles que exhibe la Argentina (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

Además de la pandemia, todos los países del mundo, incluidos los de América Latina, debieron enfrentar desde mediados de 2020 el aumento del precio de las materias primas, los vaivenes de los flujos de capital y las idas y vueltas del dólar en los mercados internacionales.

Pero ningún país de la región, salvo Venezuela, ha exhibido niveles de inflación, cepo y movimientos cambiarios y tasas de interés nominal como los que exhibió y sigue exhibiendo la Argentina, que parece jugar el partido macroeconómico en otra división o al menos en una cancha diferente que el resto de sus pares latinoamericanos.

Martín Guzmán en una conferencia de prensa en el ministerio de Economía
Martín Guzmán en una conferencia de prensa en el ministerio de Economía

Así lo muestra un informe de la consultora Quantum, cuyo fundador y director ejecutivo, Daniel Marx, fue convocado inicialmente por el ministro de Economía, Martín Guzmán, a integrar un equipo de asesores para la renegociación de la deuda con los acreedores privados y que fue él mismo viceministro de Economía y negociador de la deuda en los 90s y a principios de este siglo.

El estudio, titulado “Tasas de interés, tipos de cambio e inflación en América Latina”, influye gráficos que exhiben las abismales diferencias cuantitativas que, en términos de política económica, terminan siendo cualitativas. Al respecto, recuerda que el principal objetivo de los Bancos Centrales es preservar el valor de la moneda que emiten, en lo cual es central la evolución de la inflación, que intentan controlar mediante distintos sistemas.

El gráfico permite apreciar la diferencia de escala en que transcurre la inflación en la Argentina
El gráfico permite apreciar la diferencia de escala en que transcurre la inflación en la Argentina

En 2020, debido a la fortísima recesión inicial de oferta (actividades cuasi-paralizadas por razones sanitarias: fábricas y comercios cerrados, gran parte de la población en sus casas), hubo presión deflacionaria y los Bancos Centrales debieron bajar tasas de interés y expandir la oferta monetaria para evitar una depresión.

Sin embargo, no fue igual para todos. En base a información de los bancos centrales, el informe precisa que la baja promedio de la tasa de referencia fue del 60% y aún mayor en algunos países, como Perú o Chile –pasaron de 2,25% a 0,25% y 1,75% a 0,5%, respectivamente. Eso hizo que al principio las principales monedas de la región cayeran respecto del dólar, en términos nominales (precio) y reales (descontada la inflación). En un extremo, el real brasileño y el peso mexicano fueron las monedas de mayor depreciación relativa, el peso argentino, siempre en un extremo, el de menor variación.

Las monedas latinoamericanas empezaron luego un período de apreciación real, que en los casos de Chile y Argentina llevaron el tipo de cambio real a niveles inferiores a los del inicio de la pandemia. Es un dato importante, dice el informe, porque “el mayor o menor nivel de apreciación relativa es un factor importante para enfrentar los procesos de ajuste en precios relativos que se verifica en el proceso de normalización de las economías”.

Chile y la Argentina fueron los únicos países de la región que llevaron el tipo de cambio real por debajo del nivel de prepandemia. El Gobierno argentino "pisa" el dólar para contener la inflación
Chile y la Argentina fueron los únicos países de la región que llevaron el tipo de cambio real por debajo del nivel de prepandemia. El Gobierno argentino "pisa" el dólar para contener la inflación

Fue así que cuando las economías comenzaron a crecer, las inyecciones masivas de liquidez tuvieron un primer impacto en el precio de los activos financieros y de los commodities, que se fue extendiendo al de los bienes y servicios y derivó en mayores tasas de inflación y apreciación de las monedas locales.

Las tasas de inflación se aceleraron, pero –de vuelta. con la Argentina jugando en otra cancha o división. Un gráfico del informe lo evidencia: desde mediados de 2020 las tasas de inflación anual -últimos 12 meses- aumentaron hasta llegar en Perú, Colombia y Chile a niveles promedio de 3,5%, en Uruguay y Brasil a 7,5% y en México y EEUU (tomado como referencia, por la influencia del dólar) a un rango de 4,9 a 5,9% anual. Argentina, en cambio, pasó de 54% en 2019 a 38% a fines de 2020 y a 48% en la actualidad, con la particularidad, dice el informe, de que la aceleración se da pese a que el Gobierno pisó el tiempo de cambio oficial y las tarifas, que subieron mucho menos que los demás precios, actuando de forzada “ancla” contra la inflación.

En la región, los países, salvo Brasil, no ajustaron las tasas de política monetaria, que ya eran cercanas a cero o negativas antes de que la inflación empezara a subir. En el caso brasileño, el aumento de la inflación en la segunda mitad del año pasado hizo que recién en febrero pasado el Banco Central empezara a subir las tasas.

Hacia la normalización

La etapa actual, de alta liquidez global y mayor inflación, sería de tránsito hacia una normalización post-pandemia, en la que gobiernos y economistas debaten si el envión de precios será transitorio o permanente. En favor de la interpretación benévola (fenómeno transitorio), el informe cita que la rápida recuperación de la crisis de 2020 desnudó desequilibrios entre oferta y demanda en distintos productos, incluyendo commodities, que una vez superados harán que la inflación vuelva a descender. En ese contexto, y con lo que se sabe hasta ahora “no se justificarían ajustes preventivos en la política monetaria, que también retardaría el proceso de crecimiento”, escribieron los autores.

Pero también están los “halcones”, en general más ortodoxos, que ven riesgos de una suba de precios alta y prolongada, que erosionaría el crecimiento a medio y largo plazo, por lo que valdría la pena ajustar las clavijas monetarias cuanto antes y segar la inflación antes que ésta lime el crecimiento a mediano y largo plazo.

En una primera etapa, los países latinoamericanos bajaron la tasa de interés para combatir la recesión y una eventual "deflación". La Argentina tiene menor margen, y niveles de tasa nominal mucho más elevados
En una primera etapa, los países latinoamericanos bajaron la tasa de interés para combatir la recesión y una eventual "deflación". La Argentina tiene menor margen, y niveles de tasa nominal mucho más elevados

Tal el núcleo del debate en las economías más desarrolladas, que concierne a la Fed de EEUU y el Banco Central Europeo, pero también a las economías latinoamericanas. Brasil, por ejemplo, apunta Quantum, ya empezó a moderar sus políticas de estímulo para desacelerar la inflación.

Los puntos de partida para esa “corrección” son diferentes. Y –de vuelta- la Argentina se desmarca del resto, como muestra otro de los gráficos del informe, que concluye: “El trade off entre políticas monetarias y fiscales más restrictivas para frenar procesos de aceleración inflacionaria, que pone en riesgo el crecimiento a mediano plazo, y políticas monetarias más laxas para lograr un mayor crecimiento en el corto plazo, aun a costa de inflación más alta, puede volver a aparecer en el debate de salida de la pandemia”.

En la Argentina, coinciden distintos análisis, por cuestiones electorales esa cuestión se postergó hasta diciembre. Al respecto, un informe del Ieral de la Fundación Mediterránea, precisa el marco de la economía argentina en el segundo semestre, en el que observan “demasiados objetivos para pocos instrumentos”

En los últimos 4 meses, observan Jorge Vasconcelos y Guadalupe González, la inflación desaceleró de un promedio de 4,4% promedio en marzo-abril a 3,6% en mayo-junio, pero al costos tales como “un freno significativo en indicadores inmediatos y relevantes de actividad”, como una caída del 4,7% “en términos reales y desestacionalizados” en la recaudación asociada al mercado interno, una contracción de patentamientos de autos 0 Km del 17,6% y una merma del 9,1% en los despachos de cemento, siempre de mayo-junio respecto de marzo-abril.

El "síndrome de la frazada corta" en acción: el BCRA empapela a los bancos para absorber el exceso de emisión y va dejando sin crédito al sector privado
El "síndrome de la frazada corta" en acción: el BCRA empapela a los bancos para absorber el exceso de emisión y va dejando sin crédito al sector privado

Retomar el control de las variables macro, dicen los autores, exige disciplina fiscal y monetaria, como las hubo en la primera mitad del año, en que la emisión monetarias por causas fiscales se redujo del 7,4% en 2020 a 1,2% (anualizado) en la primera mitad de 2021, lo que junto al fuerte aumento de los commodities permitió al BCRA aumentar en USD 3.000 millones las reservas netas. Por eso mismo, la brecha cambiaria estuvo contenida y promedió el 57%, con un superávit para el período de USD 6.500 millones y confianza en la implícita “tablita cambiaria” de Martín Guzmán y Miguel Pesce, que llevó a que empresas e inversores desarmaran posiciones compradoras en el mercado de futuros de Rosario (ROFEX).

Pero el segundo semestre viene con menos superávit comercial, más filtraciones cambiarias, mucha menos liquidación de exportaciones y políticas fiscales y monetarias expansivas, “un típico escenario” en el que el gobierno busca “múltiples y ambiciosos objetivos” pero “con pocos instrumentos” para lograrlo.

El síndrome de la frazada corta

El “síndrome de la frazada corta”, como lo llaman Vasconcelos y González, planteará varios dilemas al oficialismo. Como el de querer reactivar la economía cuando la falta de crédito externo se traduce en una creciente absorción del crédito interno a favor del Estado y seca de recursos al sector privado (en jerga de economistas: “crowding out”). O el de optar entre facilitar las importaciones a actividades con cierto empuje o usar los dólares para contener la brecha cambiaria. O entre empujar la demanda con mayor gasto fiscal o controlar una emisión que en 2020 promedió $167.000 millones mensuales y en el primer semestre de 2021 se moderó a $41.500 millones, menos de una cuarta parte, gracias a mejor recaudación y contención del gasto público, a costa de la caída del poder adquisitivo de jubilados y empleados públicos.

Las respuestas de los sectores de actividad, a su vez, parecen tener más que ver con la microeconomía que con la política económica. Por caso, la Construcción cayó al principio más que la industria, pero luego se recuperó con mucha más fuerza, debido a la orientación de la demanda (refacciones y proyectos relativamente pequeños).

El Índice de Actividad de la Construcción (ISAC) cayó mucho más que el de la Industria (IPI), pero también se recuperó con más fuerza
El Índice de Actividad de la Construcción (ISAC) cayó mucho más que el de la Industria (IPI), pero también se recuperó con más fuerza

Las primeras señales del cambio de tendencia no auguran bien para el gobierno y para la economía. “A juzgar por los últimos datos –dice el informe– el giro de la política económica ha tenido proporcionalmente más impacto en desacelerar el nivel de actividad que en frenar la tasa de inflación. Hay desaceleración en la variación del IPC pero, por cada decimal de recorte en la tasa de inflación se ha sacrificado proporcionalmente más en términos de recuperación de producción y ventas”.

Todo un problema para lo que resta del año: “las medidas de expansión fiscal y monetaria que está anunciando el gobierno se habrán de implementar en el contexto de una todavía elevada tasa de inflación, con expectativas que persisten en el andarivel del 50 % anual”, notan los autores. En definitiva, demasiado pedirle a tan pocas herramientas.

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