
La pobreza alcanzó en 2020 al 42% de la población tras el impacto de la pandemia. El efecto que tuvieron la crisis sanitaria y las medidas de aislamiento social fue diverso en las distintas regiones del país, aunque los principales afectados fueron los grandes centros urbanos. Sin ir más lejos, hacia fin de año el 51% de la población de los partidos del Gran Buenos Aires eran considerados pobres y un 15%, indigente.
De acuerdo a los datos oficiales dados a conocer este miércoles por el Indec, 19,4 millones de personas quedaron bajo la línea de pobreza al no poder cubrir el costo de la canasta básica. Por otra parte, la indigencia se ubicó en el 10,5 por ciento, frente al 8 por ciento de hace un año.
Analizado por regiones, algunos conglomerados relevados por el organismo estadístico mostraron saltos muy pronunciados en los índices de pobreza e indigencia en los últimos doce meses. El principal centro urbano del país, el Gran Buenos Aires, terminó el año de la pandemia con más de la mitad de sus habitantes por debajo de la línea de la pobreza.
Esa cifra llegó a 51%, por lo que registró a lo largo de 2020 un incremento de nada menos que diez puntos porcentuales. “Los partidos del Gran Buenos Aires concentran al 53,9% de la población relevada por la EPH (29 aglomerados con datos) y como consecuencia de una suba del 27,5% explican el 72,3% del aumento de la pobreza (1.368.967 personas)”, estimaron los economistas Nadín Argañaraz y Néstor Grión.
La situación de la indigencia también empeoró sensiblemente en el conurbano bonaerense. Hace un año el 11,3% de la población no llegaba a alimentarse lo suficiente, mientras que al terminar el 2020 esa cifra había escalado a 15,2%.
Los partidos del Gran Buenos Aires, de todas formas, no fueron el conglomerado urbano con los peores números del país. Por encima estuvo Gran Resistencia, en el Chaco: el 53,6% de sus habitantes no cubre la canasta básica y el 10,6% es considerado indigente. No es posible conocer la variación anual para el Chaco, ya que Indec no dispone de cifras para el segundo semestre de 2019. De todas formas, como referencia, hacia mitad de 2020 la pobreza alcanzaba al 48,7% de la población.
Concordia, en Entre Ríos, es el tercer conglomerado con peores cifras de pobreza en la Argentina. Hacia fines de 2020 había alcanzado el 49,5%, aunque a contramano de los otros dos casos anteriores, esta ciudad tuvo una disminución en su índice, al compararlo con el 51% con que había finalizado el 2019. Con la indigencia la tendencia fue la misma: el número se recortó desde 11% a 8,2%.
Otro grupo de grandes centros urbanos incluidos en el estudio del Indec terminaron el año de la pandemia con porcentajes de pobreza por encima del promedio nacional de 42%. Fueron el Gran Mendoza (44%, con un incremento anual de 5,4 puntos porcentuales), San Nicolás-Villa Constitución (43,6%), Gran Tucumán-Tafí Viejo (43,5%) y Corrientes (42,9%).
Un grupo de conglomerados urbanos, por su parte, logró mejorar sus estadísticas de pobreza a pesar de la crisis sanitaria. Entre ellas están Rawson-Trelew (7,5 puntos porcentuales menos hasta 32%), Santiago del Estero-La Banda (desde 45,2% hasta 39,4%) y Formosa (41,6% en 2019 hasta 36,4% en 2020).
Argañaraz y Grión hicieron una estimación sobre cuáles fueron los aumentos más pronunciados en la pobreza en cada conglomerado en relación a su punto de partida en 2019. Además del conurbano bonaerense, “el resto de aglomerados con un aumento en la cantidad de pobres superior al promedio son la Ciudad de Buenos Aires (22,8%), Comodoro Rivadavia-Rada Tilly (23,2%), Río Gallegos (31,8%), Río Cuarto (34,6%), Gran Paraná (36,9%), Neuquén-Plottier (42,9%) y Mar del Plata (65,7%)”, concluyeron.
“Ante esta situación tan dramática, es vital el consenso colectivo para consolidar la reactivación de la economía y de la ocupación. Y luego la inversión y el desarrollo económico. Por otra parte es necesario identificar los principales factores que pueden ayudar a una baja lo más rápida posible, dentro de un camino sostenible”, aseguraron.
Desde el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), consideraron que “durante las últimas dos décadas, la indigencia y la pobreza no han sido más graves dado el crecimiento del gasto social que procura su alivio, pero que no constituye una solución”. “La situación actual exige reconocer la existencia de una emergencia económico-laboral que requiere promover la inversión y la creación de empleos en la micro, pequeña y mediana empresa, incluso en la denominada economía social”, afirmaron desde ese centro de estudios.
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