El Banco Central espera más de 3,5% de inflación para marzo y el gobierno culpa al sector privado por los aumentos

En el BCRA manejan una pauta del 11% para el primer trimestre que vuelve imposible el 29% anual que estableció Martín Guzmán en el Presupuesto. Admiten que la baja del ritmo de devaluación no tuvo los resultados esperados, a pesar del buen impacto en las expectativas

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Marzo aún no termina pero los datos disponibles de inflación, admiten ya en el Gobierno, son malos. De ahí que desde el Banco Central, donde crece la preocupación por la tenaz persistencia de la suba de precios, pisaron aún más fuerte en los últimos días el freno sobre el aumento del dólar. El ritmo de suba, que durante febrero promedió 3%, se acomodó en marzo en 2,3%, prácticamente la mitad del ritmo con el que arrancó en enero cuando el BCRA habilitó un incremento de 4% mensual del dólar oficial.

Sin embargo, aunque se trata de la principal política anti-inflacionaria, en la entidad monetaria reconocen no sólo que resultó insuficiente sino que no generó los resultados que previstos, al menos en los plazos previstos. Concretamente, el índice de inflación de marzo que se conocerá a mediados de abril, no reflejará ninguna mejora respecto del mes anterior. Esto lo ubica en un piso de 3,6%, en línea con las estimaciones privadas que prevén incluso un índice más cercano al 4% para el mes pasado. En el Banco Central, con todo, aclaran que no hay aceleración de los precios, pero tampoco ninguna evidencia de que finalmente la presión sobre los precios haya empezado a ceder.

“La realidad es que bajar el ritmo de devaluación tuvo gran impacto en las expectativas, hubo un efecto de credibilidad importante del Banco Central pero lo que no hubo fue un impacto en los precios como el que se esperaba. La inflación de marzo va a estar arriba de lo previsto, no hay aceleración pero tampoco ningún indicio de que esté bajando”, admitieron a Infobae fuentes oficiales.

En este contexto de un dólar cada vez más planchado, el debate que se abre es cuál es el motor que impulsa ahora la inflación. Mientras los analistas y consultores privados apuntan al rezago de la mega emisión monetaria de 2020 y también al impacto de la suba de los precios internacionales que sobre todo exacerban el aumento de los precios mayoristas y al productor, en el Gobierno tienen un diagnóstico diferente. Y, previsiblemente, apuntan la mira a los “formadores de precios”, es decir, al sector privado. “Era lógico, en algún punto, que las empresas atravesaran un período de búsqueda de recomposición de rentabilidad. Pero esa etapa ya pasó y hay aumentos, en alimentos por ejemplo, que ya no tienen ningún justificativo”, afirman.

Desde la perspectiva oficial, la causa de la emisión monetaria como fenómeno detrás de la inflación resulta una explicación insuficiente. Apuntan en el Central que la expansión de la base monetaria fue de “apenas” 20%, producto de las medidas de esterilización que llevaron al stock de Leliqs a niveles récord. “Este año se asistió al Tesoro sólo con $ 70.000 millones, así que la monetización del déficit fiscal no es la causa”, aseguraron y agregan que, desde la conducción económica, además del dólar, están dadas todas las demás señales necesarias. A saber, las tarifas se mantuvieron congeladas y se descartan incrementos mayores a la inflación y los acuerdos salariales también están en línea con las proyecciones oficiales, ya que ninguna paritaria se ha excedido del 32% o 33% de aumento para este año. Con esa reseña, desde el Gobierno la mira se enfoca en las empresas del sector privado, “el único que no respondió” al menú de señales.

En cualquier caso, lo concreto es que un índice de inflación por encima de 3,5%, tal como está prácticamente confirmado, dejará un piso de inflación para el año mayor a 11% en el primer trimestre, lo que aleja definitivamente la posibilidad de cumplir con la proyección oficial de 29% contemplada por el ministro de Economía, Martín Guzmán, en el Presupuesto.

Este escenario, incluso, en un marco en el que se mantiene totalmente descartado la implementación de nuevas medidas de asistencia económica en virtud de la segunda ola de contagios de coronavirus. Sobre el punto, la postura de todo el Gobierno, particularmente del ala económica, parece no tener fisuras: los contagios no se producen en ámbitos laborales o de producción, como tampoco en las escuelas, con lo cual sin necesidad de restringir actividad económica, tampoco serán necesarias medidas que impliquen alto costo fiscal. Y, en el peor de los casos, a diferencia del año pasado, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, gira su cabeza hacia Guzmán. Es que, recuerdan en el BCRA, el año pasado la emisión monetaria era la única fuente de financiamiento disponible. Ahora, en cambio, “el mercado de capitales funciona mucho mejor y el ministro logra captar financiamiento neto”. Es decir, Guzmán se puede endeudar.

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