
La brecha cambiaria que separa al dólar oficial del dólar libre ronda el 60%, menos de la mitad del 150% que supo rozar en octubre cuando el esquema cambiario del Gobierno flaqueaba de la mano de la masiva inyección de pesos que debió hacer el Banco Central para financiar los gastos excepcionales de la pandemia en medio de la caída de la recaudación. El susto de aquel momento dio paso a señales de ortodoxia por parte del ministro de Economía, Martín Guzmán, que inauguró en ese momento un discurso de disciplina fiscal –menos déficit implicaría menor emisión monetaria para financiarlo– pero también una herramienta heterodoxa, prácticamente nueva: la “flotación sucia” llegó a los dólares paralelos.
Detrás de la caída del dólar libre –pierde 1,37% en lo que va de marzo, 13,25% en lo que va del año y 26,15% desde su pico de $195 en octubre– están también las ventas de dólares que hace el Banco Central en mercados cambiarios alternativos. Gracias al repunte de las compras de divisas de exportadores que logra hacer la mesa de operaciones de la entidad que conduce Miguel Pesce, la autoridad monetaria va generando a diario las municiones para disparar contra el dólar MEP, contra el dólar contado con liquidación y, por arbitraje entre precios, en forma indirecta también sobre el libre.
La mecánica es una intervención hecha y derecha. Pesce vuelca dólares a los mercados del dólar MEP y del dólar contado con liquidación, al estilo de una “flotación sucia” que hasta hace poco estaba reservada sólo al mercado oficial de la divisa.
¿Cómo lo hace? El Banco Central cuenta con bonos soberanos en su cartera, los mismos que se utilizan para comprar y vender dólares a través del MEP y del liqui. En particular, el Bonar 2030 que es el más utilizado en el mercado. La mesa de operaciones vende bonos contra pesos –así baja el valor en pesos de esas especies– y luego recompra esos bonos con dólares de sus reservas. Punta a punta, pone dólares y saca pesos de la calles. Vende dólares para bajarles el precio.
El círculo completo trata de minimizar el movimiento de bonos desde la cartera del Central a la de privados. Porque con el rendimiento de la deuda argentina en torno al 18% cada bono que cambia de manos implica emitir deuda a ese costo enorme. Sin embargo, minimizar no implica evitarlo del todo: la cartera de bonos del Banco Central desciende de a poco, con lo cual el endeudamiento en manos de privados avanza a paso de hormiga.
Los movimientos explican en parte por qué, a pesar de que el Central compra dólares en el mercado cambiario formal, las reservas no crecen de la misma forma.
“En el año, solo el 28% del ingreso de dólares por el mercado único y libre de cambios terminó en reservas. Pago de deuda a instituciones financieras internacionales, compra de Bonar 20 y baja del oro explican fuga a pesar del cepo”, explicó el economista Federico Furiase de EcoGo en redes sociales.
La consultora releva que el oro, que explica una porción importante de las reservas, cayó 11% y fundamenta buena parte de la pérdida de reservas. También los pagos, por ejemplo al FMI, juegan su parte. Pero la variable más relevante es que el Central está volcando a los mercados paralelos los dólares que compra en el mercado formal a los exportadores.
Con datos hasta el 4 de marzo, las reservas subieron USD 397 millones en lo que va del año. El Banco Central compró USD 1.382 millones en ese mismo período. Los dólares entran a reservas, pero de inmediato salen por este nuevo canal.
Por eso es que a pesar de que el riesgo país superó los 1.600 puntos y de que no hay señales de un acuerdo con el FMI se mantiene la calma financiera de fin del año pasado. El precio internacional de la soja, por encima de los USD 500 y en máximos de 6 años, tiene mucho que ver con ello. Impulsó ventas de los productores para aprovechar los picos de valor de la oleaginosa y le permite a Guzmán ilusionarse con un muy buen flujo de divisas a partir de abril, cuando empieza a salir la cosecha.
Para el consenso del mercado, los números cierran –ajustados pero cierran–, al menos para este año. Así se ve, por ejemplo, en las tasas de contratos futuros de dólar que incorporan el escenario de tranquilidad cambiaria. El flujo de dólares de exportación alcanza para mantener al dólar oficial en lo que queda hasta las elecciones, y también para conducir la flotación sucia del MEP y el liqui.
El costo, sin embargo, es que la acumulación de reservas se resiente y, con menos dólares para mostrar, los bonos soberanos argentinos emitidos el año pasado en el canje no van a repuntar. Y, aunque todavía falta tiempo, cuando empiecen a vencer los pagos de la nueva deuda va a ser muy difícil refinanciarlos a tasas tan altas y otra vez la opción va a ser pagar en efectivo o entrar en default.
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