
La inflación está mostrando una resistencia a la baja mucho mayor que la esperada tanto por el Gobierno como por los analistas. Los datos preliminares que ya existen de febrero sugieren que nuevamente el índice dará muy alto. A tal punto que los pronósticos privados se están revisando al alza y ya sugieren que podría ubicarse alrededor del 4%, es decir el mismo nivel de diciembre y enero. De confirmarse sería un dato sumamente negativo, ya que se trata de un mes de baja estacionalidad, es decir donde no deberían producirse grandes presiones alcistas en los precios.
Más preocupante aún es que vuelvan a ser sobre todo los alimentos los que impulsan la inflación al alza, tal como viene sucediendo en meses anteriores. Según un relevamiento realizado por Creeba (Centro de Estudios Económicos de Bahía Blanca), el aumento en el rubro “alimentos y bebidas” fue de 1,5% en la segunda semana del mes y acumuló 3,2% en la primera quincena. Una vez más se destacaron los aumentos de la carne, pero también en cereales y lácteos.
Un informe elaborado por la sociedad de Bolsa TPCG destacó que el proceso inflacionario está más atomizado en febrero. “Más del 50% de los precios del índice está creciendo a un ritmo superior al 4%, contra 30% del mes anterior. Ante esta escalada sorpresiva revisamos nuestra estimación mensual del 3,6% al 4%”, señaló. En otras palabras, si bien los alimentos lideran las subas, otros segmentos también están acelerando fuertemente.
La nueva disputa del Gobierno con las grandes alimenticias tiene este trasfondo, es decir por un lado los faltantes en las góndolas por menor producción pero al mismo tiempo fuertes aumentos que impactan en el poder de compra y retrasan la recuperación de la economía.
A este ritmo luce prácticamente imposible que se cumpla con la estimación de 30% de inflación para el año que realizó la semana pasada el ministro de Economía, Martín Guzmán. Incluso ya parece muy difícil que se logre bajar el 36,1% registrado en 2020.
El dato de inflación mayorista reveló también este fenómeno y además terminará empujando los precios que llegan al consumidor. El dato de 5,6% de enero fue alarmante y allí surge que hay sectores como el textil que aumentaron arriba del 6%, mientras que materiales para la construcción lo hizo a un ritmo de 5,9%, con un acumulado interanual del 71%. La suba de precios mayoristas está explicada por varios fenómenos, como el aumento en el precio de las materias primas, la recomposición de la actividad local pero también un mayor acopio por parte de los productores que prefieren acumular stock antes que vender y quedarse en pesos.
Un informe elaborado por la consultora ACM también es escéptico respecto a la decisión del Gobierno de reducir el ritmo de devaluación. Asegura que será “insuficiente” para frenar la escalada inflacionaria. Lo aconsejable, coinciden tanto analistas como inversores, es que esa medida venga acompañada de una fuerte disminución del déficit fiscal para reducir la emisión de pesos. Pero es difícil que el Gobierno esté en condiciones de achicar el gasto en un año electoral.
Por otra parte, no deja de ser llamativo que la inflación se mantenga en valores tan elevados cuando las tarifas se encuentran totalmente congeladas. La dificultad para controlar el proceso inflacionario, a su vez, llevará al Gobierno a querer retrasar y minimizar todo lo posible el ajuste tarifario, aún cuando el congelamiento tanto de luz como de gas está a punto de cumplir dos años.
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