
Un tercio de los trabajadores tuvo la posibilidad de mantener sus actividades mediante modalidad remota durante la cuarentena, según una encuesta reciente realizada por la UADE y la consultora Voices. Los que más aceptaron o se mostraron satisfechos con el cambio de la oficina por el hogar fueron los jóvenes, los porteños, los trabajadores privados —sobre los del sector público— y los de niveles socioeconómicos ubicados en los extremos de la pirámide social: los más altos y los más bajos.
De acuerdo con el relevamiento, el home-office durante el periodo de aislamiento social, preventivo y obligatorio resultó más frecuente entre personas de nivel socioeconómico más alto.
El estudio se conoció mientras el Senado analiza un controvertido proyecto de ley para regular su utilización que ya recibió media sanción en la cámara de Diputados. Diversas cámaras empresarias, incluyendo aquellas que representan a pequeñas y medianas empresas, manifestaron su oposición al proyecto, advirtiendo que su aprobación resultaría un desincentivo para expandir el teletrabajo en el país.
El 48% de los empleados de niveles más altos tuvo la posibilidad de realizar trabajo de forma remota, mientras que el porcentaje disminuyó a 34% para los que pertenecen al nivel medio y a 23% entre los niveles más bajos. También hubo diferencias según el nivel educativo: pudo trabajar con esta modalidad el 64% de los cuentan con educación de nivel superior contra el 33% de quienes cuentan solo con nivel secundario y el 22% de quienes cuentan solo con nivel primario.
La modalidad de trabajo también fue más difundida entre los residentes de la ciudad de Buenos Aires (31%) y del interior del país (35%) que entre los habitantes del Gran Buenos Aires (27%).

“Por otra parte, mientras que el 39% de quienes trabajan por cuenta propia pudieron mantener sus actividades mediante modalidad remota, este porcentaje desciende al 29% entre aquellos que se encuentran en relación de dependencia”, detalló el informe.
De manera similar, esta posibilidad estuvo más difundida entre trabajadores del sector público (39%) que entre quienes se desempeñan en el ámbito privado (30%).
“En gran medida, la alternativa del trabajo remoto permitió que varios sectores de la economía se mantuvieran parcial o, incluso en ciertos casos, totalmente operativos. Entre los encuestados de mayor nivel educativo, el impacto del teletrabajo más que duplicó los valores generales”, expresó Andrés Cuesta, secretario académico de UADE.
Quiénes aceptaron mejor la experiencia del teletrabajo
Entre los trabajadores que pudieron continuar con sus actividades mediante la modalidad remota, se registró un alto nivel de satisfacción: el 83% de ellos evaluaron la experiencia de forma positiva.
De acuerdo con el relevamiento, uno de cada cuatro (25%) evaluó la experiencia como muy buena, mientras que el 58% la calificó como buena. Por el contrario, un 16% dijo que había sido mala y apenas el 1% la calificó como muy mala.

La evaluación positiva al respecto fue más común entre los más jóvenes. El 92% de quienes tienen entre 16 y 29 años se expresaron de forma positiva, contra el 82% de quienes tienen 50 años o más y el 79% de quienes tienen de 30 a 49 años.
El teletrabajo también tuvo más aceptación entre los residentes de la ciudad de Buenos de Buenos Aires, con un porcentaje del 96% versus el 86% del Gran Buenos Aires y el 81% en el interior del país.
En cuando a los estratos socioeconómicos, la mayor satisfacción con el trabajo remoto se dio en los extremos de la escala: el nivel alto y medio alto, un 92%; nivel medio, un 77%; y el nivel bajo y medio bajo, 95%.
“Los niveles de satisfacción con esta modalidad fueron más altos entre aquellos que trabajan por cuenta propia (91%) que en aquellos que están empleados en relación de dependencia (76%) y entre aquellos pertenecientes al ámbito privado (88%) que entre quienes se desempeñan en el ámbito público (74%)”, resaltó el informe.

“La tecnología ha tenido un rol importante en el mantenimiento de algunas actividades durante el periodo de aislamiento social preventivo y obligatorio. La disminución de la desigualdad social en nuestro país es inescindible de la reducción de la brecha digital, que tiene que ver con igualar el acceso a la tecnología, pero también con reforzar la alfabetización digital”, explicó Constanza Cilley, directora Ejecutiva de Voices.
Por otro lado, Cilley advirtió que es importante seguir monitoreando estas tendencias porque tienen impacto no solo en el mundo laboral sino también en otros ámbitos como el espacio y división de roles dentro de los hogares y las necesidades de transporte público, entre otros.
El trabajo de campo se realizó entre los días 5 al 9 de mayo del 2020 en base a encuestas online y telefónicas, entre más de 1.300 personas de todos los sectores socioeconómicos.
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