
La necesidad de Alberto Fernández de cerrar la negociación de la deuda tiene un motivo fundamental: el Gobierno quiere reactivar la economía con una dosis generosa de obras públicas y para financiarla necesita la ayuda del BID y del Banco Mundial. En default, sería imposible que consiga financiación de organismos multilaterales y, mucho menos, privada. Los ganadores de las licitaciones de las obras no conseguirían fondos para participar de los emprendimientos.
Los fondos más duros, quieren cambiar las condiciones de emisión de los nuevos bonos en particular en lo que hace al porcentaje de la masa crítica de acreedores necesaria para evitar litigios. La fortaleza de los negociadores está ahora en que se necesita en promedio la aceptación de 66,6% de los acreedores para que no haya litigios. No van a aceptar que en el futuro, esa proporción se reduzca y favorezca futuros default.
El Gobierno trata de bajarle el precio a la posición de los grupos más remisos. Este fin de semana, por ejemplo, el representante argentino en el directorio del FMI, Sergio Chodos, señaló en una entrevista radial que los tres grupos que estuvieron negociando con la Argentina tienen apenas el 40% de los USD 66.000 millones de deuda sujeta a restructuración y enfatizó la importancia del período que se abre ahora, y en el que tendrá mucha importancia el trabajo del HSBC y el Bank of America, los dos bancos contratados por el gobierno para la operación, en la tarea de persuasión y venta de la propuesta argentina.
Sin embargo, según un trabajo de la Fundación Capital, si el Gobierno no cede, va a estar en problemas porque si cierra con las adhesiones que puede lograr con los grupos que lo apoyan ese número alcanzaría solo el 45% de aceptación. El trabajo de la Fundación señala que “se pone de relieve una estrategia riesgosa. que es la de intentar arrinconar a los tenedores de bonos más duros y forzarlos a una aceptación”.
En realidad, los números con Ad Hoc y Exchange, que piden mejoras en la propuesta, no son el mayor obstáculo. De hecho, el comunicado donde explican su posición es amigable y deja las puertas a que continúe la negociación.

El factor tiempo
Para la Fundación Capital el tiempo le juega en contra a la Argentina porque “es muy costosa en términos de reservas, riesgo país y tensión cambiaria. En el otro extremo, los grandes grupos de bonistas no necesitan ni tiempo ni dinero y, mientras no tengan la presión de sus gobiernos, no se sienten forzados a aceptar rápidamente”.
La entidad critica la estrategia negociadora porque “se ha mostrado una postura dura en las formas, pero blanda en los contenidos, cuando una buena negociación debería ser lo inverso”.
Según los autores del informe, la Argentina debería haber buscado el apoyo de Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional y creen que si cierran ahora sin acordar los que se niegan al canje, logrará una aceptación cercana al 45%. un porcentaje que enciende las alarmas de litigios. La conclusión del informe es sinembargo optimista: “Nuestro escenario base -dice- sigue contemplando un acuerdo con los acreedores privados, aunque continúa siendo difícil de precisar cuándo se alcanzará”.
El problema es que los bonistas quieren una mayor protección que los preserve de un nuevo default. Esta exigencia se hizo relevante ante la ausencia de un plan económico. La Fundación Capital advierte que esta condición es necesaria porque, aunque la restructuración sea exitosa, si no hay un plan económico sustentable detrás se podría generar una venta importante de los bonos canjeados que generaría una caída de los precios de los títulos.
Todos estos factores están jugando. ´pero los bonos argentinos no se vieron afectados en sus valores porque el comunicado de rechazo de un grupo de acreedores se conoció el miércoles después del cierre de los mercados. Como jueves y viernes fueron feriados y los bonos no se operaron en el exterior, la incógnita es a cuánto abrirán el lunes.
Las señales del Gobierno de que quiere arreglar con los acreedores pueden hacer que esta semana los valores de los bonos se mantengan firmes al igual que los de las acciones porque la apuesta es a un arreglo donde se consiga la masa crítica de aceptación que evite litigios y saque al país del default. Lo que no está garantizado hasta el momento del acuerdo es la estabilidad del dólar alternativo que en las dos últimas ruedas tuvo alzas notables por las coberturas de los inversores.
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