
Cuando todos imaginaban que la negociación de la deuda transitaba una autopista sin curvas ni tránsito, aparecieron las exigencias de los acreedores impresas en un comunicado. Saben que están negociando en un clima enturbiado por los deseos del kirchnerismo ortodoxo de agrandar al Estado mediante expropiaciones, control del crédito, que hay divisiones entre el Presidente y su vice más el descontrol de la emisión de moneda, entre otros obstáculos. Ningún acreedor estaría tranquilo con un deudor de estas características que no puede elaborar un plan económico a futuro para después de la negociación. Los acreedores se lo insinuaron al gobierno, pero es una cortina de humo porque tienen otros planes para cuando reciban los nuevos bonos y el pago inicial.
Lo que exigen los principales tenedores de bonos es tratar de acordar un contrato similar al que firmó el gobierno de Néstor Kirchner cuando emitió nuevos bonos para salir del default que declaró la brevísima presidencia de Adolfo Rodríguez Saá. La masa crítica exigida para acordar con los flamantes títulos (Discount, Par y Cuasipar, entre otros bajo diversas leyes y nominados en distintas divisas) que tuvieron una quita de capital de 70%, era de 85%. El 15% restante debía aceptar las condiciones que aceptó esa mayoría.
Pero esta exigencia es una carta que están jugando los tenedores de los bonos más largos, que no se conforman con aceptar que la masa crítica sea 50% como la de los bonos que emitió Mauricio Macri.
En realidad, lo que pretenden las grandes manos es ceder esa pretensión a cambio de un mejor precio porque lo que harán apenas terminen la negociación es lo mismo que hizo Repsol cuando recibió los bonos en pago por YPF: deshacerse de ellos inmediatamente. Por eso necesitan un valor más alto de los nuevos títulos para poder hacer un descuento y colocarlos en otras manos. No hay que olvidar que una buena parte de la cartera de bonos la compraron a precios considerablemente más bajos a los actuales y quieren hacer la toma de ganancias y deshacerse del riesgo argentino.

Según un negociador, “el Gobierno argentino se equivocó cuando hizo una propuesta mezquina con bonos al 39% y mostró una actitud negociadora muy dura. Debieron haber hecho al revés, hacer una mejor propuesta y mostrarse más flexibles. Ahora, los acreedores vieron que no solo no son tan duros, sino que muestran vulnerabilidad. Ya quedó atrás el anuncio oficial de que no se iban a mover de la postura inicial. La oferta de a poco se está aproximando a 55% y ablandaron el resto de las exigencias”.
Otra crítica que le hacen al ministro de Economía, Martín Guzmán, es que no eligieron los bancos más avezados en este tipo de negociaciones. “Algunos son simplemente colocadores de bonos o bancas de inversión. El Lazard que los asesora no es lo que era el de París, aunque se hayan unido con el de Nueva York” a principios de este siglo.
Por eso, el comunicado de los acreedores donde critican al Gobierno por la lentitud en las negociaciones, cayó mal en los inversores y los bonos tuvieron leves retrocesos. Los de legislación argentina, cuya suerte está atada a la negociación de los títulos con ley extranjera, tuvieron pérdidas de 0,20% en el caso de los Bonar 2020 y de casi 2% en los Bonar 2024. Los papeles con ley de Nueva York tuvieron un comportamiento más estable. El Discount, el bono que más influye en la confección del riesgo país, se mantuvo sin cambios y el Par, bajó 1,05%. El resultado fue un riesgo país que aumentó 8 unidades a 2.494 puntos básicos.

La Bolsa tomo mal la noticia. El S&P Merval, el índice de las acciones líderes, tuvo una fuerte caída de 4,02% con un monto de negocios de $ 1.293 millones que si bien es un volumen normal es 25% más elevado que el del día anterior. Una Bolsa que baja con creciente volumen de negocios agrava la caída. Pero no hay que olvidar que hubo muchos colocadores hicieron tomas de ganancias para hacer frente a las obligaciones de fin de mes.
Los bancos y las empresas de energía fueron los que más padecieron el derrumbe. Edenor perdió 7,09%; Aluar, 6,96%; Ternium 6,84% y Galicia, 6,01%.
Los ADR’s argentinos -certificados de tenencia de acciones que cotizan en Wall Street- lograron solo tres alzas. IRSA Propiedades Comerciales (+4,80%), Ternium (+0,73%) y MercadoLibre (+0,50%). Las caídas más relevantes fueron las de Galicia (-6,10%), Banco Macro (-6,08%) y Edenor (-5,74%).
El dólar en bancos y casas de cambio, tuvo una leve suba de 21 centavos a $ 74,07 que elevó el bono solidario a $ 95,55. El dólar mayorista repitió la suba de 6 centavos diarios, que seguirá dos ruedas más para luego, a la cuarta, aumentar 18 centavos, y cerró en $ 70,46 con algo más de negocios porque aparecieron exportadores. Las operaciones fueron de USD 326 millones y el Central aprovechó para comprar USD 80 millones y autorizar pagos de importaciones. Por eso las reservas aumentaron USD 40 millones a 43.243 millones.
Los dólares alternativos tuvieron leves recuperaciones de 0,10%. El dólar Bolsa subió 14 centavos a $ 100,53 y el contado con liquidación, 7 centavos a $ 104,14. El dólar libre, donde predominan las manos más chicas, debido a la mayor oferta de los tenedores que quisieron hacerse de pesos para pagar alquileres, expensas y otros gastos, perdió $ 3 y cerró en $ 126.
Para hoy se espera un lógico rebote en la Bolsa y en el precio de los bonos, a pesar de la desinteligencia entre el Gobierno y los acreedores. Es un juego de presiones que ya se está agotando y donde los acreedores avanzan sobre las debilidades económicas y políticas de la Argentina. Resta saber, cómo operará el dólar pasado el fin de mes. Algunos esperan un rebote de la divisa.
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