
Cristian Caram lleva 15 años al frente de Madero Tango, un salón que combina restaurante con un porteñísimo show de tango; hasta antes de la cuarentena, era unas de las paradas clásicas para los turistas extranjeros que visitaban Buenos Aires. Desde que el coronavirus se convirtió pandemia global, Caram sabe que su negocio no se volverá a poner en marcha por lo menos hasta el próximo verano.
“El turismo es el sector más afectado. Estamos lejos, al final de la cola, entre las actividades que podrían volver a funcionar. Más allá de tener protocolos, el público no va a estar. El 95% son turistas extranjeros. Por más que se abran las fronteras, ¿quién va a estar dispuesto a viajar?”, anticipó Caram, que cada mes enfrenta costos fijos cercanos a los $6 millones. Solo el alquiler del local en Puerto Madero es de $2 millones y tiene unos 150 empleados, entre la parte gastronómica y los artistas, y servicios que no tuvieron por ahora descuentos.
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“Es una empresa mediana, con costos muy altos. Veníamos de un buen año, por el boom del turismo receptivo y eso nos permitió pagar los sueldos de marzo y abril, que están cerca de ser pagados en su totalidad, pero la cadena de pagos está cortadísima”, detalla el empresario. Uno de sus clientes son las empresas de crucero, que suelen pagar a 60 días, una vez que termina la temporada. Esos pagos nunca llegaron.
La situación se repite en otras 14 casas de tango porteñas y Caram teme que cuando pase la cuarentena solo algunas sobrevivan y se pierda uno de los símbolos más fuertes de la cultura porteña.
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A pesar de lo difícil de la situación, Caram la enfrenta con algo de optimismo. “Es parte de la montaña rusa de emociones de tener una pyme en la Argentina, donde la energía siempre está más puesta en atender incendios que en ocuparte de tu negocio”, reconoce. “El pyme argentino es un guerrero que va a hacer todo lo posible, pero la incertidumbre nunca fue tan grande”, agregó.
En su contacto con otros empresarios, nota que en los últimos días hay una alta expectativa por la reapertura de algunos sectores, una demanda que considera que será imparable: “Esta semana es una bisagra. El mundo de los empresarios pymes es un hervidero”.
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En su caso, recibió ayuda estatal para pagar la mitad de los sueldos de sus empleados gastronómicos, pero no de la parte artística, que tienen contratos por tres meses. Esos contratos vencían el 31 de marzo y Caram decidió renovarlos. Pero el empresario es crítico con los bancos y con las limitaciones de las medidas de ayuda.
“Los funcionarios no toman conciencia de la velocidad de los problemas económicos. No saben lo que es que llegue el cuarto día hábil del mes y tener que pagar los sueldos. La próxima etapa que va a empezar es contar día por día cuántas empresas cierran”, alertó Caram, que también viene del mundo de la política. Durante los 15 años anteriores a su rol de empresario fue legislador de la ciudad por dos períodos y llegó a vicepresidente Primero de la Legislatura. Ahora, es titular del Movimiento de Pequeñas y Medianas Empresas (Mopyme). Cree que si hubiese empezado al revés, primero como empresario y después como funcionario hubiese sido un funcionario mucho mejor.
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Además de sus críticas a la ayuda estatal para las pequeñas empresas, Caram señaló el escaso apoyo que reciben de los bancos. Le negaron un crédito porque consideraron que su empresa no iba a generar ingresos en los próximos meses, precisamente el motivo por el cual estaba solicitando ese crédito.
“La gente está abrumada de deudas y el horizonte es muy negro. Hay inquilinos de locales comerciales que están dejando las llaves en las inmobiliarias porque saben que ya no pueden seguir. El Estado no puede poner todo el dinero para reemplazar al sector privado. No es posible", manifestó.
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Su recomendación para salir adelante es que en primer lugar se suspendan los pedidos de quiebra a las empresas y luego que se aplique una “teoría del esfuerzo compartido”, donde se reconozca que en este contexto “todos vamos a perder”. Se podría aplicar en el caso de los alquileres, por ejemplo.
“En el sector gastronómico, los empleados que no están trabajando tienen un recorte del 25%. ¿Por qué los empleados estatales que no están trabajando no tienen el mismo recorte? Los dos están en su casa. Hay muchas situaciones que son injustas”, señaló.
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