
Los bancos vuelven a operar hoy con las sucursales cerradas pero casi a toda capacidad. Cuando mañana vuelva ponerse en marcha el clearing bancario para la compensación de cheques, todo lo que no sea atención en persona al público estará en funcionamiento en el sector financiero. Pero la vuelta al trabajo después de los feriados y en plena cuarentena obligatoria fuerza a las entidades a trabajar a toda velocidad para identificar riesgos y buscar formas de administrarlos ante lo que esperan sean aumentos de la mora, en especial pyme, y mayor demanda de financiamiento a corto plazo por el parate de la economía.
El sector financiero tiene la capacidad de ver como casi ningún otro la manera en que están viviendo las personas y empresas el freno a la actividad que suponen las medidas de distanciamiento social. Distintos bancos consultados por Infobae contaron que el primer síntoma de tensión en la cadena de pagos lo están viendo por el lado de la demanda de crédito de empresas de todos los tamaños.
“En cuatro días nos creció en torno al 15% la demanda de adelantos en cuenta corriente y líneas a sola firma, algo que nos dice que las empresas están sintiendo la falta de liquidez”, dijo un ejecutivo de banca empresas de una entidad local.
Desde sus casas, los bancos tratan de mantener a la mayor cantidad de empleados posible en trabajo remoto, los analistas bancarios están evaluando el impacto del freno abrupto que está sufriendo la economía, en un principio sobre su cartera de empresas. El análisis de riesgo se organiza por sector económico –por ejemplo no es lo mismo el boom de ventas para stockeo del que gozan los supermercados que el derrumbe que sufren las concesionarias de autos– y una vez identificados los más problemáticos, se pasa a analizar cliente por cliente.
Entre los sectores que más golpeados esperan ver está petróleo, automotrices y empresas de consumo masivo no esencial, dañadas por las condiciones locales e internacionales a las que fuerza la pandemia. Un párrafo aparte merece el sector pyme, sobre todo comercios y servicios que dependen mucho del tránsito de las personas por las calles, hoy muy disminuido.
“Lo que estamos esperando ahí es un aumento importante de la mora pyme, que vamos a tener que intentar administrar”, dijeron desde la misma entidad.
Desde distintos bancos coincidieron en señalar que el descalce de plazos es el problema más inmediato, sobre todo para empresas. Llegan los sueldos y pagos a proveedores de principio de abril, pero las ventas aflojan y los cobros a clientes vienen demorados por la interrupción al clearing bancario más el freno económico general. Todos marcaron un crecimiento en la demanda de financiamiento de corto plazo.
“Hay dos dimensiones del problema. Uno es la tensión en la cadena por descalces de plazos dadas las restricciones. Y dos, la tensión en la cadena por problemas más estructurales, por ejemplo una empresa que quiebra. A la primera dimensión la vamos a ver en breve pero es salvable. El tema es si aparece la segunda en algunos días o semanas”, advirtieron desde otra entidad.

El acto reflejo en el sector financiero ante momentos de iliquidez es tratar de estirar plazos de vencimientos para evitar que un cliente se transforme en moroso. Algo de esto ya está siendo impulsado por el Banco Central, que anunció la semana pasada que liberará $350.000 millones de liquidez que los bancos tenían como encaje para dar préstamos de corto plazo a empresas a una tasa por debajo de la inflación esperada, del 24%.
Para los bancos colocar esas líneas no supone un gran esfuerzo. Si bien es una tasa muy baja que no compensa ni siquiera por el avance de los precios, al habilitar dinero que estaba encajado para fondear los créditos el BCRA les volvió atractivo ese rendimiento. La porción de los depósitos de sus clientes que los bancos encajan rinde 0%, por lo tanto lo que tenían inmovilizado a rendimiento nulo ahora salta a un rendimiento del 24% que mejora la tasa activa que perciben en general por el total de sus préstamos e inversiones.
“La lógica es dar plazo, porque es mejor refinanciar que empezar a acumular morosos. El problema es que para refinanciar siempre hay que hacerlo con un horizonte temporal, y esta crisis sanitaria no es algo que conozcamos como para proyectar su duración”, dijeron en una tercera entidad privada.
El decreto que esta mañana interrumpió el cómputo de los cheques rechazados, por ejemplo, es una medida que en las entidades leen como un buen intento por no transformar problemas momentáneos en cargas duraderas tanto para las empresas en problemas como para las propias entidades financieras. Pero todo es una cuestión de cuánto tiempo más la pandemia va a pesar sobre la actividad, ya que los bancos van a tender a aumentar las líneas de crédito para cubrir los cheques de sus clientes en una situación puntual, pero los análisis de riesgo van a aplicarse y no se va a estirar las líneas para empresas o personas con altas probabilidades de caer en un impago.
Por lo pronto, en el sector destacan otra normativa del Banco Central que la semana pasada prolongó los plazos estipulados para la calificación de deudores, es decir, les dio más tiempo a los que tomaron financiamiento para pagar fuera de término antes de quedar calificados como morosos y, de esa manera, quedar sin la posibilidad de tomar nuevos créditos.
“Ya se estiró a 90 días la posibilidad de que un cliente esté en mora, para que puedan esperarlo. Porque de un día para el otro no van a levantarse, ahí tiene que haber acompañamiento de los bancos y también de la normativa. Hasta el momento no hay motivos para preocuparse por una caída en la calidad de cartera de los bancos, pero cuánto puede durar la crisis sanitaria nadie lo sabe”, dijo Guillermo Barbero, analista de First Corporate Finance Advisors.
“Hay empresas que están recién empezando a depositar pesos. La mayoría de los comercios, salvo farmacias y alimentos, no están teniendo ingresos. La cadena de ropa, por ejemplo, no tuvo ventas en estos días. Todo esto va a obligar a los bancos a administrar la situación, pero mientras el aislamiento no se estire demasiado no es para preocuparse por la calidad de cartera de un sistema que está muy líquido y que casi no otorgó créditos en los últimos dos años”, agregó Barbero.
“La estrategia es sentarse, refinanciar, reestructurar”, resumió un ejecutivo de banca empresa.
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