
Alberto Fernández y Martín Guzmán cruzaron ayer decenas de chats mientras la crisis mundial destruía la Bolsa de la Argentina, disparaba el Riesgo País y hacía polvo las acciones de YPF. A la tarde, cuando la Tormenta Perfecta apenas se había replegado, el presidente recibió a su ministro de Economía para trazar un balance del Lunes Negro y analizar los próximos pasos ante un cisma financiero y económico que aún no terminó.
“Monitoreo de la situación global, análisis de eventuales medidas contracíclicas y ratificación de la estrategia frente a los acreedores privados”, aseguraron en Casa Rosada cuando se preguntó la agenda compartida entre Alberto Fernández y Guzmán.
Tras ese encuentro, el Presidente firmó el decreto que establece la cifra exacta a negociar con los bonistas bajo legislación extranjera. Un paso clave en la hoja de ruta del gobierno para cerrar la negociación de la deuda externa con los acreedores privados.

Antes de su reunión con Alberto Fernández, el ministro convocó varias veces a su gabinete para tratar los sucesivos acontecimientos globales que pusieron en jaque a la economía nacional. Las reuniones fueron en su despacho y su objetivo fue preparar al presidente un diagnóstico y eventual trayectoria de las variables comerciales y financieras de la Argentina.
En términos simples, los dólares ingresan al país a través de las exportaciones, las inversiones directas y los créditos públicos y privados. Si la venta de soja a China se evapora, la apuesta a Vaca Muerta se cancela por el precio del barril de petróleo y los créditos no llegan porque aún no se acordó con los acreedores privados, el país no tendrá esos miles de millones de dólares necesarios para evitar un default e iniciar la reactivación económica.
Este probable cuadro de situación económico-financiero fue adelantado por Guzmán a Alberto Fernández durante un cónclave que protagonizaron en la quinta de Olivos. Sucedió en la tarde del domingo, y los dos a solas trabajaron durante horas para analizar la estrategia del gobierno frente a la crisis mundial causada por el Coronavirus y la batalla comercial que enfrenta a Rusia con Arabia Saudita por el precio del barril de petróleo.

Respecto a las disputas geopolíticas que está ejecutando Vladimir Putin desde el Kremlin, Alberto Fernández y Guzmán asumieron que poco pueden hacer para evitar que las inversiones en Vaca Muerta se transformen en un hecho distópico. Ya era un problema seducir a los inversores extranjeros por la vigencia del control de cambios, y ahora la apuesta al petróleo y el gas no convencional de Vaca Muerta quedará casi en la nada por la ambición imperial del líder ruso.
En cuanto al ingreso de divisas por exportaciones, el presidente y su ministro concluyeron que los volúmenes exportables caerán sin remedio. China bajó sus revoluciones por el CoronaVirus y la economía occidental sufrirá también un fuerte cimbronazo. Este efecto dominó afectará -sin dudas- a la actividad productiva del país.
Alberto Fernández y Guzmán concluyeron que la Argentina no crecerá en muchos meses, pese a los esfuerzos en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los acreedores privados para evitar un plan de ajuste que profundice aún más la crisis económica.
Mientras no hay dudas respecto a los efectos económicos de la crisis global, en la Casa Rosada, en el ministerio de Hacienda y en Wall Street ayer se debatió si el desplome mundial de los mercados afectará la negociación con los bonistas internacionales que lidera Guzmán en nombre de Alberto Fernández.
El presidente y su ministro sostienen que la estrategia oficial no está en peligro por la caída de las bolsas más importantes del planeta, y que la oferta para los acreedores privados tiene un formato ya determinado al margen de la modesta cotización de los bonos soberanos bajo legislación extranjera.
En Manhattan tienen otra mirada. Los fondos de inversión consideran que Guzmán deberá aplacar su vehemencia y ofrecer una alternativa que permita encontrar un punto de contacto entre los intereses de los acreedores y las pretensiones de la Casa Rosada.
Los bonistas consideran que la caída de los títulos, la suba del Riesgo País y la ausencia de crecimiento económico a largo plazo debería contener la presión de Guzmán en la mesa de negociaciones ante la posibilidad de forzar un default y aguardar otros tiempos políticos.
El jefe de estado tiene está información que circulaba ayer en Wall Street, y consideró que se trataba de una amenaza para negociar desde una posición más fuerte. Guzmán se fue del despacho presidencial con una simple certeza: Alberto Fernández respalda su estrategia ante los bonistas, y no piensa cambiarla.
No es poco cuando el mundo cruje por la crisis financiera y el CoronaVirus.
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