
El suspenso que le agregó Axel Kicillof al correr el vencimiento de la deuda del 26 de enero no le agregó esperanzas al mercado. No ven al Gobernador con predisposición para negociar y son más los que creen que el 31 de enero -cuando vence la prórroga impuesta para pagar la deuda- puede haber default.
Los optimistas, que son minoría, son los que siempre esperan la llegada del Séptimo de Caballería. Creen que el Gobierno nacional, pese a que lo niegue el ministro de Economía, Martín Guzmán, irá en auxilio de los bonaerenses para evitar el efecto cascada del “cross default”, porque el no pago de este bono hace caer en default a los demás títulos emitidos por la provincia bajo la legislación neoyorquina.
Cabe recordar que ahora Kicillof tiene hasta el último día del mes para conseguir que 75% de los acreedores acepten que se les paguen ahora los intereses del BP21 y el capital a fines de mayo. Si no consigue esa masa crítica, deberá cancelar toda la deuda en tiempo y forma o ir al default.

El problema que tiene con los acreedores es que no ven un plan económico sustentable que les indique de dónde va a salir el dinero para cobrar el bono a fin de mayo. Tampoco sienten que hay voluntad de pago y recuerdan que fue el ministro que defaulteó en el pasado buena parte de la deuda argentina, una mancha en el currículum de quien tiene que negociar una pesada deuda en dólares.
No se entiende que esta sea una acción coordinada con la Nación, porque en 48 horas se pasó de la euforia de la renovación de una gran parte de la deuda en pesos, a la desesperanza de una buena renegociación de la deuda externa.
El clima de esperanza hacia la gestión de Alberto Fernández cambió y los números se lo están mostrando con la caída de los precios de los bonos en pesos, el último baluarte positivo del plan económico después de las dudas de Kicillof para pagar el BP21, un bono en dólares que está bajo la ley de Estados Unidos.

La economía ya está mostrando los dientes y los dólares alternativos y el libre se están tensando y pronto la brecha cambiaria con el dólar oficial superará 35%, lo que equivale a instalar una bomba de tiempo dentro del sistema porque la gente dejará de demandar pesos para pasarse a dólares. Por supuesto las principales víctimas serán el consumo, la inflación y los salarios.
El riesgo país, ante la fuerte caída de los bonos largos en dólares de más de 4% subió 60 unidades (+3,1%) a 1984 puntos. Está a un paso de los fatídicos 2 mil puntos.
El costo que se pagó para intentar controlar la economía y alentar el consumo se está desperdiciando por la desconfianza. De hecho, el dólar Bolsa subió 40 centavos a $ 80,32 y el contado con liquidación quedó sin cambios en $ 81.64. El libre se mantuvo en $ 79 ante la falta de compradores.
En la plaza oficial, en bancos y casas de cambio se pagó el mismo precio que el lunes: $ 62,98, mientras en el mercado mayorista con negocios por USD 260 millones que obligaron al Banco Central a comprar USD 80 millones, la divisa perdió 3 centavos y cerró a $ 60,07. Por supuesto, estos precios son por obra y arte de las restricciones que se le impuso a los que operan en la plaza oficial.
Pero a pesar de la tranquilidad del dólar contado, las posiciones del dólar futuro a partir de marzo tuvieron alzas de 0,60%.
Las reservas, debido a las compras del Banco Central, subieron USD 58 millones a USD 45.418 millones.
Pese a que el mercado le está marcando la pérdida de la fe, la tasa de interés siguió en baja. La BADLAR de los bancos privados, que surge del promedio que pagan las entidades por plazos fijos a 30 días de más de $ 1 millón, cedió a 34,93%.
La Bolsa recuperó una parte de las pérdidas del martes. El S&P Merval subió 1,21% con menos negocios que el día anterior ya que las operaciones bajaron $ 100 millones a $ 597 millones. Los inversores actuaron de manera selectiva. Se inclinaron por Banco Macro (+3,65%), Transportadora Gas del Norte (+3,14%) y Central Puerto (+3,12%).

Los ADR’s argentinos -certificados de tenencia de acciones que cotizan en Wall Street- tuvieron una rueda equilibrada en cuanto a subas y bajas. Lo mejor fue Ternium (+5,35%), seguido por BBVA (+2,91%) e YPF (+2,32%).
Los mercados van a seguir deambulando, pero no son pocos los que creen que Alberto Fernández no va a sellar el futuro de su gestión cargando con el peso de un default bonaerense que le significará dejar de lado los objetivos más ambiciosos que se propuso.
Ese default puede hacer subir los dólares marginales y si la economía no reacciona, el tipo de cambio oficial va a quedar exageradamente retrasado. Una devaluación traería inflación y caída de salarios y los jubilados podrían preguntarle al gobierno en nombre de que reactivación los sacrificó, mientras van presentando juicio tras juicio por el achatamiento de la escala de remuneraciones.
Todo esto puede suceder, salvo que atrás haya un plan audaz para negociar la deuda que todavía no se conoce.
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