
Hace algunos años, el auto autónomo era algo impensado. Cuando en la década de los ’90 los primeros autos traían lo que se llamaba “una computadora de abordo”, parecía que el futuro había llegado. Sin embargo hoy, en el 2019, todo eso parece estar más cerca de la prehistoria que del futuro: los autos ya no son vehículos con computadoras, sino que se transformaron en computadoras con ruedas. El motor a combustión ya quedó obsoleto y, lo más increíble, es que esto está recién comenzando.
Es difícil pensar en el futuro, sobre todo en esta época en la que a muchos les cuesta creer que se pueda inventar algo nuevo, algo que todavía no hayamos visto. El futuro ya llegó, pero todavía nos queda un largo camino por delante. No es exagerado decir que las tecnologías de la información y la comunicación, tal como las conocemos hoy, nos parecerán prehistóricas cuando las miremos parados desde el 2030.
Entonces, es una buena oportunidad para preguntarse cuál es el futuro de las empresas y cómo debemos prepararnos para cuando ese momento llegue.
La inteligencia artificial y la automatización de los procesos, desde los industriales hasta los domésticos, permitirán a las empresas migrar desde la digitalización hacia una instancia más avanzada. La era del conocimiento está cada vez más cerca y necesitamos estar listos para enfrentarla.
Sin ir más lejos, en tan solo diez años el 75% de los trabajadores en el mundo serán millenials, por lo que la forma de trabajar, de acceder a la información, a la seguridad, a los datos y al consumo será completamente diferente a lo que estamos acostumbrados hoy en día. El futuro tiene que ver con la automatización inteligente, con software que ayude a aprender y a enseñar.
Hoy en día pensar en la educación digital es como recordar la industria de la computación en los años ’70. Falta muchísimo por ver y por evolucionar, pero aún nadie sabe cómo será. La vertiginosidad de los cambios y de las innovaciones es tan grande que todas las ideas brillantes que ya están surgiendo sobre el futuro se esfuman rápidamente ante la llegada de nuevas: vivimos en una época en la que todo se transforma todo el tiempo.
¿Qué pasará con las empresas que no se adapten a los nuevos cambios? Esa es una de las preguntas frecuentes. La respuesta es tan dura como real, para 2030 las empresas de tecnología que no sigan el ritmo de las innovaciones y que no se desarrollen dentro de las TICS tenderán a desaparecer sin dejar ningún rastro atrás. Aquellas empresas que no utilicen inteligencia artificial quedarán en desventaja con respecto a las que sí la utilicen, ya que esta fuerza no es comparable con la del trabajo humano y logrará darle un impulso y una velocidad a los negocios que aún tuvimos la posibilidad de ver. Podemos decir que los objetivos cambiaron: antes se buscaba “llegar” a un lugar, el objetivo de las empresas era llegar a un punto cuantificable dentro del timeline, y hoy la premisa es adaptarse al cambio constante de las tecnologías sin morir en el intento.
Lejos de pensar que seremos dominados por la tecnología, tenemos que pensar que la tecnología está hecha por los hombres y por lo tanto hay que estar abiertos a conocerla y así poder utilizarla a nuestro favor. El futuro viene de la mano de la eficiencia y ésta se traduce en la posibilidad de ahorrar tiempo, de trabajar de una forma más inteligente y de poder tomar cada vez mejores decisiones con menos margen de error: que se irá reduciendo cada vez más, hasta desaparecer.
El auto es Gerente para Latinoamérica de Colegium
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