
Pablo Ceriani asumió ayer como nuevo presidente de Aerolíneas Argentinas ante la Asamblea de Accionistas, que en el mismo acto aceptó las renuncias del hasta ayer presidente, Luis Malvido, y los gerentes que hasta ayer manejaron la línea de bandera.
El cambio de mando ocurrió al mediodía en la sede de la empresa, en Aeroparque.
La asunción de Ceriani, dijeron desde la empresa, sin dar precisiones, será seguida de una reestructuración de la estructura gerencial y el regreso de varios altos cargos que acompañaron la gestión de Mariano Recalde. En ese sentido, lo de hoy fue el primer paso del retorno de la empresa a manos de La Cámpora.
Ceriani había ingresado a Aerolíneas en 2009, de la mano del entonces gerente de Finanzas, Axel Kicillof, y escaló hasta convertirse en el número dos de Recalde. Esta semana, su elección como titular de la compañía había sido anunciada por el propio jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

El nuevo presidente de la aerolínea de bandera recibió el martes pasado un fuerte apoyo gremial, al reunirse con la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA), en ocasión del inicio de un nuevo mandato de su secretario general Ricardo Cirielli.
Cirielli le prometió que el gremio iba a “colaborar activamente con el proyecto nacional y popular del nuevo gobierno y con el objetivo de que se deje de privilegiar a las empresas extranjeras, en perjuicio de las nacionales, públicas y privadas".
La resistencia de los sindicatos a la anterior conducción, reflejada en numerosos paros y asambleas que entorpecieron o directamente paralizaron en varias ocasiones la operatoria de Aerolíneas, especialmente en el Aeroparque Jorge Newbery, se manifestó por última vez el lunes pasado cuando los pilotos nucleados en la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) se negaron a volar de regreso a Madrid uno de los dos Airbus 340 que la compañía había decidido no usar más por considerarlos obsoletos y de excesivo consumo de combustible.
Biró estaba en contra, pero viró a favor
El secretario de APLA, el kirchnerista Pablo Biró, fundamentó la negativa. "Los pilotos ya tienen el mandato para no hacer ese vuelo y que no se lo lleven. En lugar de llevar adelante un plan de mantenimiento, lo sacan de circulación y deciden devolverlo”, le dijo a Infobae.

Según los gremios, la gestión de Mauricio Macri redujo la cantidad de aviones de Aerolíneas para cubrir rutas internacionales (pasaron de 15 a 10), mientras que la conducción de la compañía prefirió señalar que la flota total de aviones de la empresa aumentó en ocho unidades respecto de 2015 y que en los últimos cuatro años se pagó una deuda de 1.060 millones de dólares que había quedado de la gestión Recalde.
El gobierno de Macri –en particular, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich– enfatizaba además la incorporación a la oferta aerocomercial de las líneas aéreas low cost y el aumento del número total de pasajeros transportados.
Ni bajo la gestión kirchnerista ni en los cuatro años de gobierno de Macri la línea de bandera pudo prescindir de los aportes presupuestarios del gobierno nacional, aunque en los últimos años los subsidios se habían reducido considerablemente.
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