
En el lujoso ambiente del World Trade Center de San Pablo, el presidente Jair Bolsonaro y sus ministros del círculo más próximo, presentaron ante el establishment empresarial cómo continúa el proyecto oficial para el resto del mandato: “Libertad económica y apertura” sintetizó, en su discurso, el ministro de Economía Paulo Guedes. Pero al exponer los detalles de su plan se tornó evidente las “distancias” abismales que existen con la Argentina, aun cuando se dejen de lado las eventuales divergencias políticas con quién podrá ocupar la Casa Rosada a partir de diciembre. Basta señalar algunos datos para visualizar las diferencias: Brasil celebró este jueves el índice inflacionario de septiembre y fue 0%.
Bien que eso podría significar un “estancamiento”. Pero no es el caso. Guedes fue preciso: “Hay señales de crecimiento en todos los sectores económicos; por empezar en la construcción y el comercio minorista”. Desde luego, al gobierno aperturista de Bolsonaro no le será sencillo convivir con una economía argentina que requiere de cautela a la hora de hablar de “integración al mundo”. Ese es uno de los grandes temores del equipo gobernante brasileño y, por la mañana de este jueves, lo expresó el presidente de Brasil al postular, enfático, que en caso de no ser reelecto Mauricio Macri habrá “una vuelta al pasado” en la Argentina.
“Hemos trabajado para que un gran país, al sur del continente, no vuelva a las manos de personas que llevaron esa nación a una situación bien complicada” comentó el mandatario. Y se ocupó de plantear un desafío: “En 2022 no podemos convertirnos en ese gran país de Sudamérica”. El “descontento” brasileño tuvo una consecuencia directa. Como Brasil ejerce la conducción pro tempore del Mercosur, resolvió realizar la próxima Cumbre del bloque el 5 de diciembre en Brasilia. O sea, cuando todavía esté Macri en el ejercicio de la presidencia.

Guedes continuó en la misma línea que su jefe. Para él, Brasil pasó por una situación semejante “en los últimos años, con una democracia que estaba entorpecida por el modelo dirigista, el mismo que entorpeció las economías del entorno”, obviamente en clara alusión a los procesos socialdemócratas que gobernaron en la región en los primeros 15 años del siglo XXI. El ministro juzgó que la victoria de Bolsonaro en octubre del año pasado vino a corregir esa “dirección errada”.
En su visión, Brasil transita una “revolución”. Dijo expresamente: “Estamos yendo en camino a la liberal-democracia. Y eso ocurrió gracias a que se redujo el espacio de la socialdemocracia (brasileña)”. Convalidó su idea con la siguiente reflexión: “Si Inglaterra no se hundió después del gobierno laborista (de Tony Blair) gracias a Margaret Thatcher (que lo antecedió)”. Y se refirió a Ronald Reagan para comentar que “un liberal reconstruyó la base corporativa de Estados Unidos”.
En cuanto al futuro de las relaciones bilaterales entre los dos socios mayores del mercado común, Bolsonaro pareció resignado: “Si es electo (Alberto Fernández) por los votos, ¡paciencia! Debemos respetarlo”.
Los caminos divergentes no auguran una relación suave y sin conflictos: las prioridades del futuro gobierno argentino pasan por un esquema diametralmente opuesto, al menos en el primer año. No hay que olvidar que el propio Macri impuso una “veda” de dólares al mercado.
Y tampoco lo que advirtió el canciller Jorge Faurie, al señalar que “la Argentina no quedará sin dinero en a fin de año. Ya está sin dinero”. Esa situación, se trate de un gobierno “macrista” o “albertista”, impondrá restricciones al comercio exterior. Es precisamente todo lo que no quiere Guedes.

El ministro indicó: “Estamos acelerando las reformas gracias a la nueva política que se basa en valores y temas”. Subrayó que sus próximos pasos apuntan a la “independencia del Banco Central, aun cuando ya trabaja de ese modo hace algún tiempo”. Sostuvo que se aprobará em breve la norma que regulará el saneamiento en su país, con privatización del sector. “Recibiremos miles de millones (de dólares) en inversión”. Pretende además un fast track (vía rápida de votación en el Congreso) para acelerar las privatizaciones, ya que hay “insatisfacción” con la lentitud del ritmo privatista. Puso como ejemplo a la estatal Petrobras que a su juicio debe privatizar todo lo que no sea la producción del crudo. Esto implicaría el abandono del área de refinación y de estaciones de servicio.
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