En una campaña electoral plagada de golpes bajos, amenazas, chicanas y saltos en "garrocha" de un partido a otro, de repente apareció un tema que obliga a los candidatos a profundizar sus propuestas. Más aún, se verán obligados a clarificar a la sociedad en qué modelo de país están pensando.

El anuncio sobre el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur tardará varios años en tener un primer efecto concreto sobre el comercio exterior o las inversiones. Pero tuvo la virtud de generar un verdadero revuelo político justo cuando arranca formalmente la campaña electoral, a escasos 40 días de las PASO.

El Gobierno aprovechó para asestar un golpe de efecto. En términos del supermercadismo fue una oferta "dos por uno". En la cumbre del G-20 en Japón, Mauricio Macri se abrazaba con los líderes mundiales y conseguía el respaldo de todos los países desarrollados y también del FMI. En Bruselas, mientras tanto, se terminaban de limar los últimos detalles para el "anuncio político" relacionado al cierre del acuerdo entre dos grandes bloques comerciales. En el oficialismo creen que capitalizarán favorablemente el momento, tal como lo hicieron en diciembre cuando los grandes líderes mundiales visitaron a la Argentina.

Tanto el ala política como económica del Gobierno no dudaron en calificar el acuerdo como "histórico", luego de una negociación que duró más de 20 años y que nunca se terminaba de destrabar. Más allá de los aspectos técnicos, el mensaje que se busca transmitir pasa por estos dos lineamientos: la Argentina tendrá un mercado muy grande donde podrá colocar sus productos y además estará en condiciones de atraer más inversiones, ya que las empresas podrán potencialmente venderle al Mercosur sino ahora también a los europeos.

Desde el punto de vista del Gobierno, el acuerdo Mercosur-Unión Europea, es todo ganancia. Permite mostrar a Mauricio Macri como un líder capaz de avanzar en temas trascendentales y a su vez acerca más a la Argentina al mundo

Pero casi al mismo tiempo surgieron fuertes críticas de parte de los principales referentes del kirchnerismo. Y así quedó instalada la polémica que podría transformarse en un importante eje de la campaña electoral, relacionada con el futuro modelo de país: abierto e integrado comercialmente al mundo, o aislado y proteccionista.

El futuro modelo de país, comercialmente hablando, que los candidatos tienen en la cabeza, ahora pasó a ser tema de campaña obligado. Seguramente todos tendrán que responder y explicar sobre este aspecto, que resulta crucial para entender qué decisiones tomarán en aspectos cruciales para la economía. Hasta ahora, el tema ni figuraba entre las cuestiones de campaña.

Quien disparó la primera piedra fue el propio candidato a presidente Alberto Fernández. "No queda claro cuáles serían los beneficios concretos para nuestro país. Pero sí queda claro cuáles serían los perjuicios para nuestra industria y el trabajo argentino". Lo siguió el candidato a gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien calificó como "tragedia" el acuerdo.

Desde el kirchnerismo tildaron de “trágico” el anuncio y Alberto Fernández aseguró que “no hay nada para festejar”. Dejaron en claro que quieren volver a un modelo de país más cerrado y proteccionista

Ambos se concentraron en destacar los peligros que conllevaría la integración comercial. Pegaron en un lugar sensible, en un momento de fuerte caída de la actividad y pérdida de empleo, en especial en las fábricas. Resultaba esperable y hasta lógico que desde la oposición vuelvan con los planteos de protección, sobre todo para los sectores más golpeados por la devaluación y la caída de la actividad.

Pero un repaso de lo sucedido en los últimos 50 o 60 años no avala esas exigencias de mayor proteccionismo para proteger las fábricas y el trabajo argentino. La economía argentina es extremadamente cerrada, al contrario de lo que muchos creen. Exporta poco y también importa poco.  Según el experto en comercio exterior Marcelo Elizondo, el ratio entre exportaciones y PBI situó a la Argentina en el puesto 144 del mundo. Mientras que el país exporta U$S 1.500 per cápita por año, Chile supera los USD 4.000, o sea casi el triple. Los chilenos tienen además tratados de libre comercio con casi todo el planeta.

Por lo tanto, es casi ridículo echarle la culpa a los años de decadencia argentina a la supuesta apertura económica, que no es tal. El kirchnerismo llevó el modelo proteccionista casi hasta el límite. Los resultados estuvieron muy lejos de ser positivos.

En la gestión de Néstor Kirchner, del 2003 al 2007 la protección a la industria estuvo dada por un dólar "recontra alto", heredado del estallido de la Convertibilidad. Pero luego cuando la inflación se "comió" aquella ventaja cambiaria, fue necesario recurrir a otros artilugios.

Estrechar lazos comerciales con la Unión Europea es una cosa y abrirse de la noche a la mañana a la competencia es otra. Con el actual peso del sistema tributario argentino, resulta casi imposible que una industria pueda competir de igual a igual

El costoso régimen de promoción de Tierra del Fuego fue uno de ellos, pero era extremadamente ineficiente. Costó miles de millones de pesos por año y la mayor parte de la producción en realidad correspondía a bienes importados que se ensamblaban en la isla.

En paralelo, probaron con el cepo cambiario, que dio lugar a todo tipo de maniobras fraudulentas relacionadas con el comercio exterior. Quienes deseaban importar debían pasar por la secretaría de Comercio Interior, controlada por Guillermo Moreno. Algunos conseguían el permiso para acceder a dólares al precio oficial y muchos otros no. Por supuesto que nunca se aclaró en qué condiciones se autorizaba a los privilegiados.

Los que quedaban afuera no tenían otro remedio que ingresar las importaciones de contrabando, pagando el peaje correspondiente a las aduanas paralelas que se habilitaron. Este engranaje que funcionaba en base a suculentas coimas cayó a su mínima expresión sólo con eliminar los tipos de cambio múltiple.

Ese proteccionismo "a la Argentina" generó una casta de nuevos ricos: aquellos que podían importar mercadería accediendo a los dólares oficiales, con cotizaciones 50% ó 60% más barata que en el mercado paralelo. Este escándaloso esquema duró hasta el último día de Cristina Kirchner en el poder. Cambiemos inmediatamente levantó el cepo, a los pocos días de haber asumido Mauricio Macri.

Sin embargo, un acuerdo comercial con la Unión Europea también deberá estar acompañado por reglas claras que permitan una competencia equilibrada. No se trata exclusivamente de una cuestión de competitividad o la eficiencia. El peso de los impuestos pasa a ser un rol clave. ¿Es posible abrir la competencia con el mundo con el peso que tiene la estructura tributaria en la Argentina? Ya el punto de partida es demasiado desfavorable.

Por otro lado, el Gobierno también fue acentuando la selección de sectores que son beneficiados por reglas fiscales y hasta legales, en detrimento del resto. Hace un mes se aprobó la nueva ley de economía del conocimiento, que incluye fuertes incentivos a la contratación de empleo para empresas que se dediquen a promover servicios tecnológicos. Los nuevos empleos que se generen en este sector tendrán una fuerte reducción en las cargas laborales.

Ahora el Gobierno también promoverá un proyecto de ley similar para asegurar la seguridad jurídica y la estabilidad fiscal para aquellos que entren a invertir en Vaca Muerta. La energía es ahora para la Argentina un activo prioritario y habrá que cuidar su desarrollo cualquiera sea el partido que asuma el 10 de diciembre. En YPF describen a Vaca Muerta como la "máquina de hacer dólares", ya que se espera un espectacular salto de las exportaciones petroleras a partir del año que viene, luego de haberse alcanzado el equilibrio energético este año.