(Presidencia)
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Como casi ninguna otra variable económica, la balanza comercial tuvo dos historias durante 2018. Una antes de los vaivenes cambiarios y una después. Luego de la fuerte depreciación de fines de abril, las importaciones dejaron de llevarles una fuerte ventaja a las exportaciones, con lo que la brecha entre ambas se redujo: el resultado final fue un déficit comercial que durante 2018 llegó a 3.820 millones de dólares.

Ese dato se compuso por un repunte producto de un mayor crecimiento en exportaciones. La suba en envíos al exterior en 5,1% respecto del 2017 causó que el año pasado fuera el tercer período consecutivo en el que las exportaciones aumentaron respecto del período anterior. El incremento es importante cuando se toma en cuenta que las subas anteriores fueron más acotadas (1,9% para 2016 y 1,3% para 2017).

La cifra de déficit acumulado para el año representa un retroceso del 54% respecto del año anterior. De cara al 2019, se espera que la balanza comercial tienda más hacia el superávit, luego de que el tipo de cambio se ubicara en un nivel más competitivo para el grueso de los sectores exportadores, en combinación con una fuerte cosecha del agro y una mejora en el balance energético producto del desarrollo de Vaca Muerta.

En diciembre puntualmente, el saldo a favor en materia comercial fue de USD 1.369 millones. En ese sentido, las exportaciones mostraron un crecimiento del 15% respecto del mismo mes del año pasado a USD 5.282 millones, mientras que las importaciones siguieron su trayectoria de recorte con un descenso del 2,2% respecto de diciembre de 2017, a USD 3.919 millones para cerrar el año.

En el balance anual, el impacto cambiario fue más fuerte en el rubro de bienes de capitales, en el cual los insumos importados son necesarios para la producción y el encarecimiento de esos insumos llevó a una caída en la demanda. Respecto del año pasado, los bienes de capitales cayeron un 17,9 por ciento.

Por el lado exportador, la cantidad de exportaciones de productos primarios (-11,2% en el año) se vio afectada en dos frentes: en primera instancia debido a la peor sequía en 50 años que se experimentó a principios de año, con el efecto cadena a lo largo del proceso de producción y comercialización en la economía, y luego los ajustes en materia cambiaria que al mismo tiempo encarecieron ciertos productos argentinos en el resto del mundo.

Desde el Ministerio de Hacienda estimaron que al eliminar oleaginosas y cereales de la ecuación, las exportaciones terminaron con un crecimiento del 15,3% interanual. En ese sentido, desde la cartera apuntaron a los rubros de  combustibles y energía como los que más crecieron, con un 69,2% interanual, la suba más grande año a año desde 1990.

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