Crédito: Joon Ian Wong, Quartz
Crédito: Joon Ian Wong, Quartz

La escena es digna de una película de espías. De esas en las que el bueno es James Bond o Jason Bourne. Uno de los malos está escondido, camuflado, en medio del bosque que rodea al paradisíaco Lago Lucerna, en el centro de Suiza. Observa con binoculares hi tech y trata de encontrar algún hueco para ingresar al supersecreto y vigilado edificio subterráneo que en otro momento fue una base militar y ahora es un búnker en el que se guarda una fortuna en bitcoins. No puede, no hay caso. Desde una notebook hace un intento con violar la seguridad informática. Nada. La imagen lo muestra derrotado, regresando por un camino de montaña sin cumplir su malévola misión.

Salvo los espías buenos y los villanos, el resto de la escena podría ser muy real. En medio de este paisaje suizo está enclavada la bóveda de Xapo, el "banco" global de bitcoins que fundó y dirige el argentino Wenceslao Casares. La instalación, cuya ubicación exacta no se conoce públicamente, está rodeada de altísimas normas de seguridad para ahuyentar ladrones, sobre todo los virtuales. Es que allí se almacenan miles de millones de dólares en bitcoins. Más misterio para esta historia: la cifra de cuánto tiene Xapo en custodia también es secreta.

Casares nació en la Patagonia y se hizo conocido en el mundo de los negocios locales cuando cofundó, en 1997, Patagon.com, una compañía de finanzas online que le vendió un par de años después al Banco Santander por la increíble suma de US$ 750 millones. "Wences", como lo conocen sus colegas emprendedores argentinos, se fue a vivir a Palo Alto, California, y luego de algunas altas y bajas con sus nuevos negocios, se convirtió en un ferviente evangelizador de las criptomonedas. Un pionero. Tanto que le regaló sus primeros bitcoins a Bill Gates y Reid Hoffman, por ejemplo.

Hoffman, fundador de LinkedIn e inversor en Facebook, Airbnb, Dropbox y otros gigantes, define a Casares como el "patient zero" de bitcoin en Silicon Valley. "El 'paciente cero", la primera infección de un contagio viral", según le dijo a Entrepreneur. Ambos charlaron por primera vez sobre bitcoin en 2013, Wences le contó su visión sobre las "cripto", y todo terminó con una inversión inicial en Xapo de US$ 20 millones por parte del fondo del que es socio Hoffman, Greylock Partners. Desde entonces se llevan muy bien y Casares hasta le hizo una entrevista pública a Hoffman en Buenos Aires, en diciembre pasado, en un evento de Endeavor.

¿Cuántos bitcoins tiene Casares? Siguen las preguntas sin respuestas. Él no lo dice, claro, pero son muchos. Muchos. En el incipiente ecosistema local de criptomonedas se especula con que ya es largamente "billionaire"; o sea, que tiene más de US$ 1.000 millones en bitcoins.

Sin dudas que esos bitcoins –los suyos, sean cuantos sean– están allí, junto a otros tantos de sus clientes. Todos "enterrados" en lo que se cree fue una base militar donde funcionó el mando secreto del ejército suizo durante la Guerra Fría. La revista digital Quartz viajó hasta la bóveda blindada de Xapo y autorizó a Infobae a publicar las fotos y los videos que obtuvo en exclusiva.

Crédito: Joon Ian Wong, Quartz
Crédito: Joon Ian Wong, Quartz

A grandes rasgos, Xapo ofrece dos servicios: custodia y billetera de bitcoin. "Pensá en el Monedero como una cuenta corriente y pensá en la Bóveda como una cuenta de ahorros. Tu Monedero es para guardar los fondos que utilizás para gastos cotidianos y la Bóveda está diseñada para guardar los fondos que deseás conservar, de manera segura, para el futuro", define el site de la compañía.

¿Que almacena una bóveda de este tipo si los bitcoins no existen físicamente? Lo que se guarda allí bajo siete llaves es la clave privada –una larga combinación de números y letras– de cada uno de los clientes de Xapo, las mismas que combinadas con la clave pública de cada uno, permite hacer transacciones. Siguiendo con las analogías, la clave pública es la que se usa para darle a alguien que quiere enviar bitcoins, como una cuenta bancaria. La privada sería el PIN que permite entrar a esa cuenta y gastar.

Esa clave privada es todo: si el usuario la olvida, no existe una función "recordar la contraseña" y sus bitcoins quedarán inmovilizados para siempre. Si se la roban, el ladrón será el dueño de esa tenencia. Así de fácil y sin vueltas. Por eso el altísimo nivel de seguridad, física e informática, de este datacenter..

Crédito: Joon Ian Wong, Quartz
Crédito: Joon Ian Wong, Quartz

La entrada es de hormigón. Adentro, según Quartz, los sistemas de vigilancia son "paranoicos". Luego de ingresar y hacer el registro hay que atravesar un control tipo "man-trap", una cabina donde para acceder al otro lado alguien externo tiene que accionar la puerta. Los pasillos son de granito y piedra: es el corazón de la montaña. Hay puertas rojas anti explosiones a cada paso. Después, otra "man-trap" y listo. No se puede ir más adentro.

Lo que hay más allá sólo lo saben los ejecutivos de Xapo y Deltalis, la empresa que controla el predio. Todo el sistema de protección informática está diseñado por Carlos Rienzi, el argentino que es jefe de seguridad de Xapo y que está junto a Casares desde Patagon. Usa una estrategia de "threat model", o "modelo de amenaza", un extenso checklist que analiza las potenciales vulnerabilidades para evitar ciberataques. "De grupos terroristas o hackers bien financiados", explica Rienzi.

Este tipo de almacenamientos de alta seguridad se hace bajo el concepto que Xapo define como "deep cold storage", o "almacenamiento frío profundo". No sólo los bitcoins son almacenados off line, sino que el sistema que los guarda jamás estuvo en línea. Además, las claves privadas asociadas se generan sin conexión, y el proceso de firma de las transacciones es 100% off line. "Los sistemas utilizados en este tipo de almacenamiento nunca tocan Internet; se crean fuera de línea, se almacenan sin conexión y están fuera de línea cuando firman transacciones", resume la empresa.

Crédito: Joon Ian Wong, Quartz
Crédito: Joon Ian Wong, Quartz

Además, los servidores se alojan en una verdadera jaula de Faraday que protege a las claves de un posible ataque de pulso electromagnético (EPM), una bomba de energía contra equipos electrónicos. "Nadie, ni siquiera el operador, entra a la 'habitación fría'. Su puerta está sellada como una escena de crimen para garantizar que nada se manipule", explica la nota de Quartz del periodista Joon Ian Wong, autor también de las fotos y los videos.

Así, Xapo tiene su bóveda física en Suiza, su operación global con base en Estados Unidos y buena parte de su equipo de desarrollo en Buenos Aires, en el barrio de Colegiales. Después de la inversión de Greylock Partners, el proyecto recibió otros US$ 20 millones de fondos como Benchmark, Index Ventures, Fortress Investment Group, Ribbit Capital y Emergence Capital Partners.

"Estamos bajo ataque las 24 horas, los 7 días de la semana. Esto no es una carrera. Es ajedrez. Tenés que pensar en el próximo movimiento del oponente. Nunca podés relajarte", finaliza Rienzi. La súper "baticueva" secreta de Xapo, resiste y guarda claves que, por ahora, son sinónimo de millones.