“El Terceto de Oro”: cómo San Lorenzo “le enseñó” a España a jugar el fútbol que décadas después la hizo campeona del mundo

En diciembre de 1946, el campeón del fútbol argentino desembarcó en la península ibérica y disputó diez partidos que alteraron los conceptos tácticos dominantes, con 46 goles convertidos y actuaciones que la prensa española describió como algo “nunca antes había visto”

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El "Ciclón", que venía de ser campeón del futbol argentino, viajó a Europa para una gira por la península ibérica que cambió la historia para siempre del futbol español

En la previa de una nueva final de la Copa Mundial de la FIFA, que este domingo 19 de julio enfrentará desde las 16 (hora argentina) a la selección Argentina contra España en Nueva Jersey, vale la pena recordar que entre estos dos países existe un hilo que se tejió mucho antes de cualquier trofeo, con una gira de fútbol que cruzó el Atlántico en diciembre de 1946 y que cambió para siempre la manera en que los ibéricos entendieron el juego.

A fines de 2026 se cumplirán 80 años desde que San Lorenzo de Almagro llegó a Europa como campeón del fútbol argentino y se fue como una referencia que los técnicos de allá tardaron décadas en procesar. La gira que el club de Boedo realizó por la Península Ibérica entre diciembre de 1946 y febrero de 1947 —diez partidos, cinco victorias, cuatro empates, una derrota y 46 goles convertidos— alteró de tal modo los conceptos futbolísticos dominantes en España y Portugal que el propio seleccionador español convocó a los principales técnicos del país para analizar lo visto.

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Mes y medio duró la expedición. Poco en términos históricos, suficiente para que la prensa española agotara los superlativos y para que el público catalán, tras presenciar una goleada al seleccionado local, gritara desde las tribunas: “Son els millors del món”.

El corazón de aquel equipo lo formaban tres delanteros que actuaban con una sincronización que las crónicas de la época describían como si lo hicieran “de memoria”: Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino, el Terceto de Oro.

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San Lorenzo llegó a España en diciembre de 1946 como campeón del fútbol argentino, la primera visita de un equipo del país en 16 años (Crédito: Captura de video)
San Lorenzo llegó a España en diciembre de 1946 como campeón del fútbol argentino, la primera visita de un equipo del país en 16 años (Crédito: Captura de video)

Entre los dos últimos convirtieron 29 de los 46 goles de toda la campaña. Un joven Jorge Bergoglio, que se hizo hincha del Ciclón por ese equipo, años después se convertiría en el Papa Francisco y definiría a esa delantera como “la mejor” que vio.

Lo que ocurrió en la Península no fue solo una sucesión de resultados, el diario matutino español de la época Arriba escribió tras el debut azulgrana: “El San Lorenzo de Almagro nos ha dado ayer un fútbol tan matemático, que llegamos a pensar que sus hombres no hacían el menor esfuerzo”.

Esa impresión —la de un equipo que parecía resolver el juego sin esfuerzo visible— fue la que quedó grabada en la memoria del fútbol ibérico. El pase corto, el dominio del balón, la participación del arquero en la construcción, la renuncia al individualismo en favor del conjunto: todo aquello era nuevo, o al menos nunca había llegado con tanta contundencia desde el otro lado del Atlántico.

El seleccionado de España lo sufrió dos veces. El seleccionado de Portugal, una. Y el Porto, otra. Los números de aquella gira son los que son, y los detalles que los rodean —Francisco Franco en el palco, dos goles antes del primer minuto de juego, un técnico que enfermó y un kinesiólogo que lo reemplazó— le dan a la historia una textura que va más allá de los marcadores.

Cómo surgió la gira

El seleccionado de España recibió 13 goles en dos partidos ante el equipo de Boedo, primero en Barcelona y luego en Madrid (Crédito: Captura de video)
El seleccionado de España recibió 13 goles en dos partidos ante el equipo de Boedo, primero en Barcelona y luego en Madrid (Crédito: Captura de video)

La idea no nació en los despachos del club. Fue Francisco Gallo, empresario del Teatro Astral de Buenos Aires, quien la puso en marcha. Gallo viajaba con frecuencia a España para contratar artistas y observar los adelantos del género revisteril europeo. Con llegada a la dirigencia del “Ciclón”, convenció a la comisión directiva de que una gira del campeón argentino por la Península sería un éxito, y se ofreció a gestionar los contactos ante la Federación Española de Fútbol sin cobrar por ello. La comisión aceptó y lo autorizó a iniciar conversaciones en su próximo viaje.

El contexto político le daba al viaje una dimensión que excedía lo deportivo, en ese momento España, aislada del mundo tras la Guerra Civil (1936-1939) y por su posición durante la Segunda Guerra Mundial, atravesaba un período de escaso intercambio con el exterior. Desde la comunidad internacional se estudiaban incluso sanciones al régimen de Francisco Franco, generalísimo y jefe de Estado. Fue Juan Domingo Perón, presidente de Argentina, quien salió en defensa del régimen español, y entre las medidas de acercamiento se incluyó el viaje del campeón local. Era, además, la primera visita de un equipo argentino a España en 16 años: la última había sido la de Gimnasia y Esgrima La Plata.

A mediados de diciembre de 1946, la delegación azulgrana partió en un avión DC-4 de Iberia, con escala en Canarias, rumbo a Madrid. El diario La Prensa de Buenos Aires, en su edición del 11 de diciembre de ese año, ya anticipaba “la justificada expectativa” que había despertado la llegada del Ciclón en la Madre Patria, y publicaba la nómina de viajeros: Blazina, Vanzini, Basso, Zubieta, Grecco, Colombo, Imbellone, Farro, Pontoni, Martino, Silva, Peñalva, Crespi, M. Rodríguez, Aballay, Alarcón y F. de la Mata, entre otros.

El plantel llegó sin estar en la plenitud de su estado físico. Los festejos por el título —conquistado con 46 puntos, cuatro más que Boca y cinco más que River — habían interrumpido la preparación. El viaje tenía, en la práctica, un carácter deportivo-turístico: una suerte de premio colectivo por la consagración. Esa disposición anímica contrastaba con la de los equipos españoles, inmersos en pleno desarrollo de su campeonato.

El debut y la revolución táctica

Francisco Franco presenció la goleada desde el palco de honor y felicitó al cuerpo técnico argentino (Crédito: Captura de video)
Francisco Franco presenció la goleada desde el palco de honor y felicitó al cuerpo técnico argentino (Crédito: Captura de video)

El 23 de diciembre de 1946, ante el Atlético Aviación —puntero del torneo español en ese momento y el mismo club que hoy conocemos como Club Atlético de Madrid—, San Lorenzo ofreció su primera función ante 50.000 espectadores. El resultado fue 4-1. El público despidió al equipo arrojando los sombreros al aire, y los diarios españoles reaccionaron con titulares que ocupaban páginas enteras.

Arriba fue el más elocuente. Bajo el título “El San Lorenzo de Almagro realizó una gran exhibición en su primer partido en España”, el periodista Alcaraz escribió: “Lo que nos han mostrado los muchachos de San Lorenzo de Almagro es sencillamente fútbol de conjunto. Es el sacrificio de todo lucimiento personal, en cada avance, en cada jugada”. La crónica describía un equipo que “pocas veces intentan lo que no tiene de antemano las garantías de llegar a un compañero”, que prefería retrasar la pelota antes que arriesgar una imprecisión, y que confiaba todo “en el control de la pelota, en soltarla rápidamente”. El cronista reconocía que ese estilo era “menos apasionante” que el español, pero apoyado en “los más sólidos similares: una gran velocidad de sus jugadores en la arrancada y una velocidad mayor todavía en soltar la pelota”.

De los jugadores en particular, Arriba destacó a Rinaldo Martino como “el más rápido en concebir y también el más rápido en realizar; una figura de excepción”, elogió a René Pontoni por “una movilidad agobiadora para los defensas contrarios” y señaló que Ángel Zubieta era “gran jugador, que se ha adaptado a este juego corto, que a veces esmalta con pases a media altura al lado contrario o al área”.

Dos días después, el 25 de diciembre, llegó la única derrota de la gira. El Real Madrid venció 4-1 sobre un campo cubierto de nieve que, una vez disipada, dejó el terreno resbaladizo. Los locales, acostumbrados a ese tipo de piso, sacaron ventaja. San Lorenzo intentó obtener la revancha, pero el club madrileño se negó a concederla.

El “Terceto de Oro” y las goleadas a España

Farro, Pontoni y Martino convirtieron 29 de los 46 goles de la gira, con el pase corto, el dominio del balón y el juego de conjunto como señas que la prensa española no tardó en reconocer como algo nunca antes visto (Crédito: Captura de video)
Farro, Pontoni y Martino convirtieron 29 de los 46 goles de la gira, con el pase corto, el dominio del balón y el juego de conjunto como señas que la prensa española no tardó en reconocer como algo nunca antes visto (Crédito: Captura de video)

El primero de enero de 1947, en el estadio de Las Corts de Barcelona, San Lorenzo enfrentó por primera vez al seleccionado de España. El resultado fue 7-5, con cuatro goles de Pontoni. El público catalán, al final del partido, gritó: “Son els millors del món”. El combinado español no era un rival menor: contaba con Isidro Lángara, tres veces Pichichi en España y máximo anotador del fútbol argentino en 1940 con la propia camiseta azulgrana, y con Telmo Zarra, el máximo goleador histórico de la Primera División española. Mundo Deportivo tituló días después: “Los argentinos juegan tan bello que perder así vale la pena”.

El 16 de enero, el mismo seleccionado español volvió a enfrentar al equipo de Boedo, esta vez en Madrid y con el general Francisco Franco en el palco de honor. El marcador final fue 6-1. Maravillado por el nivel de juego, Franco pidió hablar con los responsables técnicos del plantel argentino. Acudió al llamado el kinesiólogo Atilio Giuliano —quien había asumido la conducción técnica luego de que el entrenador Pedro Omar se enfermara durante la gira—, y Franco le transmitió su complacencia por “el magnífico juego desplegado por todos, valorando además la preparación física y la corrección demostrada en el campo de juego y fuera de él”.

San Lorenzo goleó al seleccionado portugués 10 a 4 en Lisboa, con dos goles convertidos antes del primer minuto de juego, en una gira que también incluyó una victoria por 9 a 4 ante el Oporto (Crédito: Captura de video)
San Lorenzo goleó al seleccionado portugués 10 a 4 en Lisboa, con dos goles convertidos antes del primer minuto de juego, en una gira que también incluyó una victoria por 9 a 4 ante el Oporto (Crédito: Captura de video)

Detrás de esas actuaciones estaba el Terceto de Oro. Farro, apodado “El Chueco” por sus piernas combadas, había llegado desde Banfield; Pontoni, centrodelantero de técnica refinada, provenía de Newell’s; Martino, el número 10, venía de integrar otra delantera del propio San Lorenzo. Los tres se incorporaron al club en 1945 y desde el primer partido juntos funcionaron con una sincronización que no requirió adaptación.

Farro era el encargado de la puntada inicial, con pases precisos y una dinámica que habilitaba a sus compañeros. Pontoni comandaba la terna desde el centro del ataque. Martino combinaba la llegada al gol con la distribución al centímetro cuando la jugada lo indicaba.

Los números del dúo Pontoni-Martino fueron contundentes: entre los dos convirtieron 29 de los 46 goles que anotó el CASLA en toda la gira. Martino terminó como máximo anotador con 17 tantos; Pontoni, con 12.

Cómo siguió la gira

El seleccionador español Pablo Hernández Coronado convocó a los principales técnicos del país tras la gira para analizar lo visto (Crédito: Captura de video)
El seleccionador español Pablo Hernández Coronado convocó a los principales técnicos del país tras la gira para analizar lo visto (Crédito: Captura de video)

Tras las dos victorias ante el seleccionado español, la expedición continuó por el País Vasco. El 5 de enero, en Bilbao, San Lorenzo empató 3-3 con el Atlético Bilbao en un partido que tuvo un valor sentimental añadido: Ángel Zubieta, capitán del equipo, era oriundo de Galdácano, localidad cercana a la ciudad vasca.

Al día siguiente del 7-5 ante España en Barcelona, toda la delegación se trasladó a Galdácano para visitar a la madre del “Vasco”. Se organizó un partido amateur con jugadores del pueblo, reforzados por Iraragorri y Venancio, del Atlético Bilbao, y los argentinos Roberto Aballay y Peñalva. El resultado deportivo no tuvo trascendencia; el reencuentro entre madre e hijo fue el centro de la jornada.

El 22 de enero, San Lorenzo empató 1-1 ante el Valencia —campeón de la Liga española meses después—, y el 26 de enero igualó 0-0 frente al Deportivo La Coruña. La maratón de partidos no dejaba margen de recuperación, y el desgaste físico acumulado se reflejó en algunos de esos resultados. Entre encuentro y encuentro, los jugadores visitaron Toledo y El Escorial, asistieron a una capea y a una juerga flamenca. Quienes lo vivieron aseguraban que todos engordaron entre tres y cinco kilos por la gastronomía local.

Hacia fines de enero surgió la posibilidad de disputar dos partidos en Portugal. Las condiciones económicas ofrecidas fueron ventajosas y la delegación aceptó. El contexto era singular: el seleccionado portugués acababa de vencer a España por 4-1 en Madrid, la primera vez en la historia que Portugal ganaba en suelo español.

El Barcelona intentó retener a Pontoni y a Martino al finalizar la gira (Crédito: Captura de video)
El Barcelona intentó retener a Pontoni y a Martino al finalizar la gira (Crédito: Captura de video)

El gobierno lusitano declaró feriado el día posterior al partido. Los aficionados españoles le pidieron a San Lorenzo que “vengara la afrenta deportiva” en sus dos compromisos en territorio portugués.

El equipo de Boedo respondió con un 9-4 al Oporto el 31 de enero y un 10-4 al seleccionado portugués el 2 de febrero en Lisboa. La nota más llamativa de ese segundo partido fue la velocidad del arranque: Pontoni abrió el marcador a los 30 segundos, y Martino convirtió el segundo gol a los 75 segundos. Antes de que el reloj marcara el primer minuto, San Lorenzo ganaba 2-0. En ese partido, Martino anotó cinco goles; ante el Sevilla, días después, marcaría cuatro de los cinco del equipo.

El cierre de la gira llegó el 5 de febrero en Sevilla, ante 30.000 espectadores y a beneficio del Instituto de Sordomudos Sevillano. La recaudación alcanzó las 518.000 pesetas. San Lorenzo cedió a sus jugadores Manuel Rodríguez y Aballay para reforzar al equipo local como gesto de buena voluntad, pero el Sevilla respondió con juego brusco.

El árbitro suspendió el encuentro a siete minutos del final, con el marcador en 5-5. Uno de los goles del conjunto andaluz lo había convertido, paradójicamente, el propio Aballay, cedido por los argentinos. El 12 de febrero de 1947, a las 17 horas, el avión que transportaba a la delegación aterrizó en el aeródromo de Morón. El público rompió el cordón policial para rodear la aeronave.

La huella que dejó

Los 11 titulares de San Lorenzo ante la selección de Portugal (Crédito: Captura de video)
Los 11 titulares de San Lorenzo ante la selección de Portugal (Crédito: Captura de video)

Las consecuencias de aquella expedición trascendieron los resultados. El seleccionador español Pablo Hernández Coronado convocó a los técnicos nacionales más destacados para analizar lo sucedido y recomendó, como emisario de la propia Federación Española de Fútbol, la adopción del sistema WM.

El impacto no se limitó a lo táctico, la gira también modificó detalles de indumentaria —el uso de botas de puntera blanda que calzaban los argentinos llamó la atención de técnicos y jugadores españoles— y amplió los espacios que la prensa dedicaba al fútbol. El País de Madrid lo evocó así: “Lo que sucedió a partir del 21 de diciembre hasta finales de enero de 1947 pareció irreal, inenarrable. La prensa diaria y la revistería ampliaron los espacios destinados al fútbol, multiplicados por varios enteros”.

El Barcelona intentó retener a Pontoni y a Martino al finalizar la gira. El entrenador José Samitier le ofreció personalmente a Pontoni jugar en el club catalán, pero el delantero rechazó la propuesta y eligió quedarse en San Lorenzo.

De regreso en Argentina, integró la selección nacional que obtuvo el tricampeonato en la Copa América de 1947, con un registro de 19 goles en 19 partidos. Martino, en cambio, pasó a la Juventus en 1949 y llegó a representar al seleccionado italiano. La gira de San Lorenzo fue también la que convirtió al fútbol argentino en referencia para una generación de técnicos españoles.

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