
Una noticia movilizó a Santiago del Estero cuando Rocío Morales fue presentada como directora técnica de Villa Paulina, transformándose en la primera mujer en liderar un equipo masculino en la región. Su estreno no pudo ser mejor luego de que el equipo logró una victoria ajustada de 3 a 2 frente a Unión Tapso, en el inicio del Torneo de la Liga Cultural de Frías.
Desde la tribuna, la acompañaron su abuelo y su madre, mientras que en el banco estuvo respaldada por su hermano Iván, ambos parte esencial de su círculo más cercano. Su tío, preparador físico, también sumó su apoyo en esta etapa, donde, en diálogo con Infobae, la entrenadora destaca que “se vive de una manera muy intensa el fútbol”.
Morales, nacida en Lavalle y con pasado reciente como jugadora en clubes como Banfield, Independiente y El Porvenir, se sobrepuso a una rotura de ligamentos antes de aceptar el desafío. El respaldo de la comisión directiva, la confianza del plantel y su convicción fueron claves para que ella tomara la posta en los Cuervos.

Apenas se hizo público el nombramiento, la noticia se difundió rápidamente en distintos medios y las muestras de reconocimiento y afecto no tardaron en llegar a Rocío Morales. Ella misma reconoció que, a pesar de las felicitaciones, las expectativas no eran simples ni exentas de incertidumbre. “Yo no sabía con qué iba a encontrarme porque aquí en el Interior no hay una mentalidad tan abierta y por ahí nos falta todavía dejar de lado los prejuicios y todo lo que hay dentro de la sociedad. Vengo de Buenos Aires, por ahí es diferente en capital, es más que normal”, confesó.
En la antesala al ansiado debut al frente del equipo, las sensaciones eran intensas y la ilusión era palpable. “Había mucha presión porque había mucha expectativa y eso a ellos les llega porque están constantemente mirando, viendo qué es lo que ponen, cuando entraban a la cancha también hubo un par de distracciones que miraban para la tribuna por cosas que decían y ellos venían también sintiendo eso. Les había recomendado que se abstraigan de todo, que traten de estar concentrados al cien porque era el primer partido y era un partido con muchas presiones, se hablaba mucho, entonces ellos lo sintieron, pero al mismo tiempo también se dieron cuenta de que cuanto más serio trabajen, menos vamos a sufrir nosotros esas consecuencias del fluido eterno”, describió la entrenadora.
Desde su llegada a Villa Paulina, el trabajo comenzó a notarse rápidamente, en parte gracias a la visión que buscaba transmitir desde el primer día. Ella misma explicó cómo encaró la conducción del grupo y fundamentó su estilo en la experiencia adquirida como futbolista. “Tengo mucha información de lo que sienten los chicos adentro, que lo siento yo cuando entro a la cancha. Ahora desde afuera es más nuevo, pero me es familiar de igual manera. Entonces trato de estar tranquila, de ocupar el tiempo, de tratar de inculcarle a los chicos lo que me enseñaron a mí durante todos estos años ahí en Buenos Aires, en clubes como Independiente y Banfield, que me marcaron muchísimo por su manera de trabajar, por la seriedad con que lo hacen, por lo organizado que está el club”, relató.

Así, en su rol de directora técnica, Rocío optó por un proceso de transformación paulatina para el equipo. La entrenadora explicó que “no les puedo dar toda la información, de a poco lo irán incorporando, que se den cuenta de que queremos trabajar en serio, bajar una línea y marcar también esa línea de que en el interior también se puede exigir, se puede buscar algo nuevo, se puede tener un juego que no sea tan mezquino. Por acá los partidos son todos iguales, pelota va, viene y no hay mucho más que eso”. Además, destacó: “Los chicos se encuentran sin comodidad en esta semana del tipo de trabajo que se les bajó, y creo que lo están asumiendo ellos también con muchas predisposiciones de su parte porque nunca habían trabajado así”.
Así, Rocío Morales relató el transcurso de las primeras semanas y entrenamientos junto al plantel. Desde el inicio, el recibimiento de los jugadores fue cálido y la apertura a una etapa de mayor disciplina y perspectiva renovada quedó clara. Con el correr de los días, la entrenadora comenzó a dejar su impronta, compartiendo información técnica, valores y métodos enfocados en el crecimiento deportivo, personal y colectivo. El trabajo junto a su hermano y el respaldo de su tío en la preparación física consolidan una mirada integral, respaldada además por la experiencia que la ex futbolista adquirió como preparadora física. El compromiso de ambas partes dentro y fuera de la cancha, sumado a la nueva exigencia, fortalecen un grupo que apuesta por una mejora que va mucho más allá del resultado inmediato.
Además, detalló las particularidades del torneo en el que participa Villa Paulina. La entrenadora definió la competencia como un fútbol “muy duro, muy físico, muy áspero”, y señaló que el desafío es lograr que el equipo pueda plasmar en la cancha una idea diferente, “de parar un poco el juego, de poner un poco la pelota en el piso, de priorizar un orden defensivo pero también de mejorar las transiciones”. El objetivo principal es que el club gane intentando jugar bien y que los hinchas se sientan representados desde el primer momento, según contó Morales. La DT reconoció que hay mucho trabajo por delante, pero se mostró satisfecha con el plantel y celebró la llegada de un volante experimentado como refuerzo para fortalecer al equipo en este camino.

Durante su etapa como futbolista, Rocío estuvo bajo la conducción de Indiana Fernández, actual entrenadora del equipo femenino del Taladro, quien le transmitió serenidad y paciencia, especialmente en su puesto ofensivo. La futbolista oriunda de Santiago del Estero recordó: “Ella desde un primer momento prometió mucha tranquilidad. Soy centrodelantera, por ahí las expresiones que tienen los centrodelanteros, los delanteros, los arqueros, son puestos claves, estás constantemente expuesto”.
Morales reconoció que, en ese rol, cuando no marcaba goles sentía insatisfacción pese al esfuerzo colectivo. “Yo llegué en su momento y a mí cuando me tocaba jugar un partido y si no hacía goles, era súper disconforme, más allá del trabajo que había hecho para el equipo. Por ahí me costaba ver eso, pero ella con su capacidad, con su paciencia y con su calma me ayudó muchísimo en ese aspecto”.
En el momento más alto de su carrera como jugadora, cuando los goles llegaban con regularidad y su rendimiento era destacado, un hecho inesperado detuvo su impulso. El punto de quiebre surgió el año pasado vistiendo la camiseta del Porvenir: “Son esos 30 segundos, en los que escuché que se rompió algo finalizando el entreno. Tenía un muy buen promedio de goles, venía jugando todos los partidos, casi 90 minutos”, recordó con detalle. Lejos de dejarse vencer por la adversidad, decidió enfrentar la recuperación con fortaleza. “Recuerdo en ese instante haber mentalizado toda la operación que me iba a pasar por mucho tiempo. No había tenido ninguna lesión antes, pero yo ya sabía todo”, compartió. “Al otro día de la lesión me levanté y me fui al gimnasio con muletas”, evocó la entrenadora.

Morales afirmó convencida: “La mentalidad que tengo me ayudó muchísimo a no caer”, mientras volcó ese tiempo de recuperación en formarse aún más: “Me empecé a preparar, estoy haciendo biomecánica y gestión deportiva. Me inscribí para hacer el curso, está en curso también lo de entrenadora. Y instructora en fútbol ya lo había hecho. Ocupé mi tiempo de lesión, de reposo a todo esto”. La entrenadora, que desafía prejuicios desde su infancia ligada al fútbol, destaca: “Lo más importante siempre fue lo que aprendí dentro de la cancha, dentro del club, dentro de un vestuario, dentro de una pensión todos estos años. Eso es lo más importante”.
En el horizonte cercano, Rocío tiene en mente regresar a las canchas pero como protagonista en el terreno de juego y compatibiliza sus metas diarias con el presente del club. “Mi próximo paso es volver a jugar, hasta agosto o septiembre. Ahora estoy enfocada en el club, voy a jugar aquí en la liga de Frías, pero el objetivo que tengo en el equipo de Primera es muy grande y estoy muy agradecida también por la oportunidad que me dan”, expresó la entrenadora.
A su vez, la pionera que rompe barreras, monitorea su recuperación constantemente y crea el espacio para realizar una herramienta fundamental a la hora de sostener el equilibrio mental y físico: “Hago mucho yoga. Encuentro mucho equilibrio para bancar toda esa presión, que yo la acepto, no me escapó”. Aunque el hecho que detuvo su etapa en la cancha modificó su perspectiva, no alteró su espíritu perseverante: “La lesión realmente te condiciona de muchas maneras, y de igual manera nunca perdí. Y traté de seguir preparándome, de mejorar, de hacer esas cosas que me generaban cierta calma y que podía tener claridad para saber qué es lo que iba a hacer”.

Por otro lado, el calendario de Villa Paulina ya señala el clásico de Frías como uno de los partidos más importantes. No obstante, la entrenadora le transmite a su plantel la necesidad de vivir el presente y no anticiparse: “Pensar en el día a día, en lo que tenemos ahora, ir de a poco, controlar esa ansiedad y que los chicos estén muy enfocados siempre en el próximo paso, que no se adelanten, que no vayan más allá porque creo que por ahí eso se puede jugar en contra”.
El recorrido de Rocío Morales trasciende el resultado de un partido y deja una marca profunda en quienes la acompañan. Su capacidad para transformar la adversidad en aprendizaje, su entrega diaria y la manera en que inspira a su equipo y a toda una comunidad abren nuevas puertas en el fútbol. Cada paso que da, dentro y fuera de la cancha, es un recordatorio de que los límites pueden correrse cuando la pasión y la convicción se sostienen con trabajo, humildad y coraje.
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