Mariano Navone se sacó la espina tras perder las dos finales que había disputado previamente en el ATP Tour y este domingo se consagró campeón en el torneo de Bucarest al vencer en la final al español Daniel Mérida por 6-2, 4-6 y 7-5 en dos horas y 17 minutos de competencia.
El inicio del partido fue demoledor para Navone (60° del ranking mundial) frente al madrileño Mérida (136°), surgido de la clasificación. Desde los primeros puntos impuso su juego sin conceder oportunidades, lo que se reflejó rápidamente en el marcador con un 3-0 a su favor. Esa diferencia, sumada a un nuevo quiebre en el octavo game, resultó determinante para quedarse con el primer set por 6-2.
En el segundo set, los nervios le jugaron una mala pasada al argentino. Tras comenzar en ventaja y con el recuerdo latente de las dos finales perdidas en 2024 —Río de Janeiro y Budapest—, el madrileño supo aprovechar ese momento de duda. El desarrollo cambió por completo: aunque intercambiaron quiebres en los primeros juegos, Mérida se mostró firme y suelto, variando alturas y ritmos, y volvió a romper el servicio de Navone en dos oportunidades para adelantarse 4-1.
Pese a la desventaja, el albiceleste no bajó la intensidad, buscó reencontrarse con su juego y logró recuperar uno de los quiebres. Sin embargo, no pudo sostener la diferencia y el español en la segunda oportunidad de cerrar el parcial con sus manos no la desaprovechó y terminó encaminando el set para igualar el marcador con un 6-4.
El desenlace se trasladó al tercer set, con indicios de recuperación por parte de la Nave pese al golpe que había significado ceder el parcial anterior. Con muestras de desgaste físico en sus piernas, el español logró sostener su saque tras levantar dos break points en el segundo game y, en el juego siguiente, tomó la iniciativa para adelantarse 2-1.
Lejos de entrar en pánico, el argentino optó por jugar punto a punto, una decisión que le dio resultado al conseguir primero la igualdad y luego para encaminarse al triunfo por 7-5.
Con el título entre sus manos el argentino no escondió su alegría. “Estoy muy feliz de haber conseguido mi primer título ATP. Es algo que uno sueña desde chico y nunca sabe cuándo puede llegar. Por suerte se dio acá en Bucarest, jugando muy bien, luchando y compitiendo en cada partido. Eso es lo más lindo, haber sido un rival duro durante toda la semana. También es especial poder meterme en una lista de grandes jugadores argentinos, así que lo disfruto mucho”.
“Fue una final muy dura. Daniel Mérida me planteó un partido complicado, con muchos altibajos, sobre todo en el tercer set. Llegué a estar 1-3 abajo sin encontrarle la vuelta, porque estaba pegando muy fuerte de derecha, de las más pesadas que enfrenté en el circuito. Por momentos me superó y tuve que sostenerme”, comentó el bonaerense.
“En ese momento traté de asumir más responsabilidad, ser más agresivo y mantenerme en partido. Pude darlo vuelta, pasar de 1-3 a 5-3 y ahí aparecieron un poco los nervios, algo lógico en una final. Pero en el 5-4 jugué un game muy importante, peleándolo mucho, y en el cierre intenté mantenerme sólido y hacer lo que correspondía para quedarme con el título”, sentenció el albiceleste.
El bonaerense prolongó la tradición argentina sobre el polvo de ladrillo del ATP 250 de Bucarest, al inscribir su nombre junto al de Franco Davin (1994), José Acasuso (2004) y Juan Ignacio Chela (2010).

El jugador nacido en 9 de Julio hace 25 años debió tomar una decisión clave tras no encontrar regularidad dentro de la cancha. Cuando todo indicaba que 2025 sería el año de su consolidación en la elite del tenis mundial, tuvo buenas actuaciones: fue protagonista en Noruega durante los Qualifiers de la Copa Davis en Oslo, conquistó el Challenger de Braunschweig, en Alemania, y alcanzó la tercera ronda de Roland Garros.
Sin embargo, luego de una serie de eliminaciones tempranas en el US Open y en los torneos de Hangzhou, Tokio y Shanghai, Navone optó por cambiar el rumbo. En lugar de continuar la gira europea en canchas rápidas bajo techo, eligió regresar al polvo de ladrillo sudamericano con el objetivo de recuperar sensaciones y confianza. La decisión dio resultado: se consagró en Lima, lo que le permitió iniciar el 2026 dentro del Top 72.
Más allá de ese impulso, las caídas prematuras en Hong Kong, Auckland y el Abierto de Australia, sumadas a una eliminación en segunda ronda en el Argentina Open, derivaron en el final de su vínculo con Andrés Dellatorre, con quien trabajó durante tres años y conquistó ocho títulos Challenger: Poznan, Santa Fe I y II, Santa Cruz, Buenos Aires, Cagliari, Braunschweig y Lima.
Con energías renovadas, la Nave anunció a Alberto Luli Mancini como su nuevo entrenador y, en pocos días de trabajo, consiguió el título en el Challenger 175 de Cap Cana, el primero sobre canchas duras. Además, atraviesa un gran presente: ganó 11 de sus últimos 12 partidos, incluido el trofeo en Budapest.
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