
“Me llamaban John Gotti, como el mafioso. Era parte de los Ferrari Boys, alquilábamos autos deportivos y corríamos por los túneles de Londres. Me sentía intocable”. Con estas palabras, el ex futbolista Moses Swaibu describió el vértigo y la impunidad que marcaron su paso por el mayor sindicato internacional de arreglo de partidos. Su confesión dejó al descubierto cómo opera una organización criminal que se dedica a las apuestas deportivas ilegales y la manera en la que logran captar a los jugadores para hacerlos cómplices.
La historia de Swaibu, un ex defensor londinense que se formó profesionalmente en el Crystal Palace y quien llegó a acumular más de un millón de libras esterlinas (unos 1.350.000 dólares) en poco más de un año gracias al fraude deportivo, se hizo visible y generó conmoción por los detalles brindados.
La noticia emergió con fuerzas: un ex futbolista de élite reveló, con nombres y detalles, la estructura y el funcionamiento de la mafia internacional dedicada al arreglo de partidos, reconociendo su participación y el impacto devastador que tuvo en su vida y en la integridad del deporte. Swaibu, de 36 años, que fue capitán del Lincoln City a los 18 y jugó en el Crystal Palace, relató cómo pasó de ser una promesa del fútbol inglés a convertirse en pieza clave de una red criminal global.
El relato del deportista de ascendencia nigeriana en el diario británico Daily Mail, comenzó en agosto de 2012, cuando, con 23 años y jugando en el modesto Bromley FC, enfrentaba una situación económica precaria. Su salario, de apenas 850 libras semanales (1147 USD), llegaba en bolsas marrones y, en ocasiones, ni siquiera se lo pagaban. Con su pareja embarazada y la presión financiera al límite, la vulnerabilidad de Swaibu se convirtió en la puerta de entrada al mundo del amaño. Un ex jugador lo condujo a una reunión con Tan Seet Eng, conocido como Dan Tan, el cerebro del arreglo de partidos a nivel mundial. En un hotel de cinco estrellas en el exclusivo barrio londinense de Mayfair, Dan Tan, un hombre de baja estatura pero de presencia imponente, le ofreció 20.000 libras (27.000 dólares) por perder deliberadamente un partido al día siguiente. Allí comenzó todo.

La decisión de aceptar esa oferta marcó el inicio de una doble vida. Como defensor y capitán, Swaibu tenía la capacidad de influir en el resultado sin levantar sospechas. Aprendió a cometer errores estratégicos, a simular discusiones con sus compañeros y a manipular el desarrollo de los partidos con precisión. Se convirtió en un profesional del engaño: en total, amañó nueve partidos en la Conference South para el sindicato asiático, y su comisión por partido se multiplicó rápidamente, pasando de 20.000 a 150.000 libras (unos 200.000 USD), por lo que llegó a acumular casi dos millones de dólares. El dinero fluía con tanta abundancia que Swaibu llegó a conducir un Ferrari por el centro de Londres y a ocultar grandes sumas en una habitación secreta de un restaurante chino en el distrito de Dalston.
La sensación de invulnerabilidad, sin embargo, resultó efímera. La ambición llevó a Swaibu a contactar con otra mafia del mundo de las apuestas, que ya estaba bajo la vigilancia de la Agencia Nacional contra el Crimen. En 2013, tras asistir a un partido entre el Wimbledon y el Dagenham, el futbolista fue arrestado junto a dos intermediarios en un restaurante chino, donde discutían su siguiente golpe. El proceso judicial culminó con una condena de 16 meses de prisión en el Tribunal de la Corona de Birmingham para Moses Swaibu. Su ex compañero y reclutador, Delroy Facey, recibió una sentencia de dos años y medio tras las rejas.
La experiencia en prisión dejó una huella profunda en Swaibu, que luego reflexionó en la entrevista con Daily Mail: “Pasar por la cárcel fue lo más duro. Violencia, monotonía, desesperanza… Pero fue la visita de mi hija Taliya lo que me destruyó. Verla entrar para verme allí dentro me cambió”. Este episodio marcó el punto de inflexión en su vida y motivó su decisión de romper el silencio y a intentar redimirse de sus errores del pasado.
Hoy, con 36 años, se presenta como un hombre transformado. Su testimonio, plasmado en la autobiografía Fixed (Arreglado), se ha convertido en una advertencia para el fútbol mundial: “De vivir el sueño como futbolista profesional a escribir las primeras páginas de este libro dentro de una celda de la prisión en el HMP Winson Green en Birmingham, este es el viaje que nunca imaginé, pero uno que me tocó vivir. ¿Qué pasó en el medio? Oscuridad. Luz. Pérdida. Redención. Aprendí que el juego tenía que significar más que dinero, codicia y adicción. Un reflejo de mi entorno, mi vida en el hogar, y, sobre todo, mi comunidad. Este libro es mi verdad, se trata de levantarme, caer y encontrar un propósito más allá del campo".

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