Fueron dos de los mejores futbolistas de la historia. Ambos resultaron campeones del mundo como líderes de sus selecciones (uno en 1974, el otro en 1986). Y los planetas chocaron en dos Mundiales: Diego Maradona fue genio y figura en México y Argentina venció 3-2 en la final a la Alemania que dirigía Franz Beckenbauer, en el otro rol que lo convirtió en mito. En Italia 90, también en la definición, la Die Mannschaft del Kaiser le ganó 1-0 a un diezmado conjunto de Bilardo, con Pelusa disminuido físicamente; pero así y todo los europeos necesitaron del polémico penal que Edgardo Codesal le sancionó a Sensini para dar la vuelta olímpica.
Pues bien, en ese contexto, en el vínculo entre ambos primó el respeto, aunque alguna declaración del Kaiser, que falleció este lunes a los 78 años, supo generar una declaración destemplada del Diez. Por una cuestión generacional, se cruzaron poco y nada dentro del campo de juego. Cuando la carrera del argentino despuntaba, la del ídolo teutón languidecía.
“Después del Mundial de 1978 hice una gira por Sudamérica con el Cosmos de Nueva York. Jugamos un partido contra el Sub 20 de Argentina y esa fue la primera vez que vi a Maradona. Enseguida me dije a mi mismo: ‘¡Esto no es un futbolista, es un artista, un bailarín!’”, supo confesar. En efecto, el combinado juvenil, que se preparaba para la Copa del Mundo de la categoría (Japón 79) venció 2-1, con un tanto del ídolo en ciernes. Luego, Franz lo sufrió profundamente como entrenador, sobre todo en el Mundial de México. Si bien en la final logró maniatarlo por momentos, Pelusa soltó la asistencia brillante y definitiva para que Burruchaga sentenciara el pleito.
Para el 90, aprendió la lección. Dispuso una marca personal a Maradona, casi asfixiante, para que no frotara la lámpara como en los octavos de final ante Brasil, aquella jornada de la acción mágica y la asistencia para Caniggia. “Que él no pase. (Guido) Buchwald, es todo suyo. Usted es el que nos hará ganar el partido”, le remarcó al hombre al que le encargó domar a la bestia. Ayudado por los problemas físicos del astro, lo logró, con un juego físico, de fricción.
No obstante, el respeto entre ambos se sostuvo, en líneas generales, a lo largo del tiempo. “Me lo encontré a Diego muchas veces en eventos de la FIFA y de otro tipos de eventos alrededor del mundo. Era la clase de persona que se te acercaba y te daba la mano. Los europeos bien podrían haber aprendido algunas cosas de él. Siempre amistoso, siempre simpático. Una verdadera personalidad”, lo ensalzó Beckenbauer en una entrevista.
También resaltó la huella que dejó en el fútbol mundial. “Diego fue, para mí, el mejor jugador de su generación, pero en lo personal era, además, un hombre generoso. Es triste que se haya ido así. Fue un genio. Y en los años 70 y 80 fue el mejor futbolista del mundo, ¡no tengo ninguna duda!”, lo despidió el germano en 2020, luego del fallecimiento del ídolo albiceleste.
“Obviamente en los últimos años perdió el control de su vida, eso no se puede pasar por alto”, añadió en declaraciones a Bild. Fue en 2014 cuando se dio el cortocircuito entre ambos. Durante aquel Mundial de Brasil, Luis Suárez recibió una dura sanción (cuatro meses sin jugar) por el mordisco al italiano Giorgio Chiellini. Y tanto Beckenbauer como Pelé, entonces de estrecha relación con la FIFA, acompañaron la decisión.
Fue ahí que Maradona elevó la temperatura. “Salen estos dos, que salen del museo, que salen a hablar y a decir estupideces porque son dos tarados, al final, son dos tarados, lo hacen seguramente porque los manda el capo a que traten de parar la avalancha de injusticia”, bramó entonces en el programa de TV De Zurda.
“¿Cómo no van a estar de acuerdo con la FIFA si es la que les paga? Es una vergüenza. Si fuiste jugador de fútbol cállate la boca, hermano y te van a pagar igual a fines de mes. Además, Pelé lesionó a más de uno y Beckenbauer pegaba cada codazo que te mataba, mejor que no hable”, remató. Pero el momento de crispación se limitó a aquel cruce. Antes y después, hubo buena sintonía, al punto que, como contó el Kaiser, departieron y hablaron de fútbol cada vez que la pelota los convocó. Y se ganaron un asiento de lujo en el olimpo del deporte.
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