Era una conferencia de prensa especial. La última de Josep Guardiola, el entrenador del Manchester City, antes de la primera final del Mundial de Clubes de su equipo ante el Fluminense, y la sala en Yeda estaba abarrotada de periodistas y fotógrafos.
El reconocido entrenador parecía estar en una de esas malas tardes. Aburrido, con respuestas cortas, casi sacándose de encima a las preguntas molestas, a veces remanidas, y en otros casos, sin ganas de meterse en polémicas, como al hablar del fallo de la Justicia europea sobre la Superliga, o el artículo de The Telegraph que trata de “equipo de jubilados” a su rival, Fluminense, el campeón de la última Copa Libertadores.
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Y de repente, sin comerla ni beberla, ocurre lo impensado. Un teléfono que suena en medio de la conferencia de Guardiola. Y uno empieza a descubrir que es el propio, en el bolsillo del pantalón. Un sonido que no aparecía desde hacía más de diez días, porque el Whatsapp reemplazó esa función.
Inmediatamente, uno trató de apagar el teléfono (el incendio), cuando llegó desde el micrófono la graciosa e imaginativa frase de Guardiola, inesperada: “Atienda, atienda” (en inglés). Atiné a responderle que no, que apagaba de inmediato, pero me dijo “debe ser su mujer”, y la sala estalló de la risa. Debo confesar que me sorprendió, porque así fue, y se lo dije. “Sí, es mi esposa”. El verdadero remate de un paso de comedia.
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La conferencia de prensa siguió hacia otros temas, pero al propio Pep se lo vio renovado, más relajado, como contento de haber encontrado algo distinto que lo sacara de aquel letargo. Y uno, involuntariamente, contribuyó con ello, para beneplácito de toda la sala.
Al terminar todo, lo primero que hice fue comunicarme con mi esposa para contarle lo ocurrido (efectivamente, me llamó -lo que nunca en diez días de estadía en este Mundial de Clubes- porque necesitaba un dato para un trámite urgente y desconocía que yo estaba en la conferencia de prensa nada menos que de Guardiola) y primero se río, pero luego de unos segundos, me dijo “qué lástima, me hubieras pasado con él”, lo que me dejó pensando sobre qué habría ocurrido si le trasladaba a Pep la inquietud de mi mujer. Acaso la anécdota habría sido más extensa y vaya a saber qué le habría contestado el famoso entrenador catalán, que me terminó convirtiendo en viral gracias a mi inoportuno teléfono.
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