La historia de los seis amigos cordobeses que siguen a Los Pumas a todos los Mundiales a bordo de un motorhome

Son clase 69 y se conocieron jugando para Palermo Bajo, club al que varios de ellos todavía siguen ligados como entrenadores

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Los seis amigos que asisten
Los seis amigos que asisten juntos a los mundiales desde 2007. Sebastián, Mario, Fer, Andrés Mario y Manolo

Palermo Bajo es su segunda casa. El club de la provincia de Córdoba que los unió de pibes, y donde con el rugby fueron fortaleciendo esos lazos a medida que pasaron los años, está siempre presente. Hoy, ellos llevan 40 temporadas juntos, unos en su provincia natal y otros juntándose con ellos donde sea, para cada cuatro años subirse a un motorhome, decir presentes para ver a Los Pumas y alentarlos en los Mundiales. Todo como desde aquel primer día cuando estos amigos de la camada 69 se entrenaban juntos. Ahora, con el paso del tiempo, el presente los encuentra con esta linda excusa para seguir reunidos cuarenta años después.

Fernando “el Pelado” Michela es el alma mater del grupo, el ideólogo de los viajes, la voz cantante y el que le busca casi siempre la forma de hacer posible lo que parece imposible. A pesar de los vaivenes económicos de una Argentina que les juega siempre en contra, a medida que pasa el tiempo, en cada Mundial, se las arreglan para salir a la cancha con su equipo y apoyar al seleccionado argentino de rugby.

El recuerdo del 2007 y las 60 camisetas. No les importa cómo, pero lo consiguen. Así empezó en el 2007 Fernando, comprándole un remanente de 60 camisetas de Los Pumas que le habían quedado a un amigo de una casa de deportes, y se las vendió con la condición de que se las llevara todas y las pagara por adelantado. La suerte le jugó a favor, y en Francia se armó la famosa “Pumamanía”, con aquel equipo liderado por Agustín Pichot que consiguió la mejor ubicación de la Albiceleste en la historia y el memorable tercer puesto. Recuerda Fernando: “Las camisetas se vendían solas, era tremendo cómo nos las sacaban de las manos, a cualquier precio, hasta los propios franceses. Teníamos 12 cada uno para vender y con eso nos fuimos manteniendo”. “La idea era ver qué pasaba, pero no para hacerle la gran diferencia y ganar mucha guita, sino para juntar dinero para el pozo, para la comida, la nafta, los gastos comunes y así seguir adelante”.

Para hacerle “el aguante” a Los Pumas y ver desde el primero al último partido en aquel 2007 los ayudó el destino, ese mismo que hoy los vuelve a juntar en el mismo lugar, 16 años después. Así arrancó esta locura que hoy a través de los años sigue viva en cada Mundial. Pero ahora, en este 2023 ya no es lo mismo, se queja Fernando: “Ya no hay tela ni para hacer las camisetas, me propuse hacer lo mismo del 2007, pero nos tuvimos que arreglar trayendo estos gorros, porque ni para confeccionar las camisetas pudimos encontrar en nuestro país”.

Manolo, de gala previo al
Manolo, de gala previo al partido de Los Pumas

Este es el tercer Mundial para algunos de sus amigos siguiendo a Los Pumas, pero más allá de eso hay una historia de vida detrás de ello. Una historia de amistad, familiar y por supuesto de rugby. Son todos nacidos en el 69, jugaron juntos y dejan al día de hoy todo por su club. Fernando tiene una verdulería y frutería en Córdoba y pide un minuto para hacer los pedidos vía celular, para que su familia le haga “el aguante allá”; porque como nos cuenta: “Hay que ver bien los precios, no podés descuidar el negocio, sino cuando volvés estás frito. Hay que regresar a laburar después que pase este Mundial”. Ellos estuvieron en el 2007 acá, en Francia, ya conocen como moverse, pero también fueron a Nueva Zelanda 2011, a Inglaterra 2015 y a Japón 2019; ahora volvieron todos a juntarse en 2023 para volver a Francia. Fernando aclara que en el 2019 tenía todo listo para ir con sus amigos a Japón, pero se enfermó su mujer y entonces “no debía viajar”, asegura serio, con la misma seguridad que habla de rugby. Por suerte “ella, ya está bien”, nos dice y sonríe aliviado pensando en seguir recorriendo rutas y países con el grupo.

Este equipo, además va conociendo lugares y países, mientras espera por un nuevo partido de Los Pumas. Ahí es donde ocurren esas mil anécdotas que no se cansan de relatarnos. “Nos bañamos en cada hotel de cinco estrellas que ni te cuento, veíamos que había pileta y pasábamos como uno más del hotel. Saludábamos y adelante. En donde hay pileta, hay vestuario y/o ducha” nos dice riéndose. Entonces, gran baño reparador y a seguir viaje... ”¿Los campings?, los conocemos todos, acá en Francia, y hay un montón. En Lyon, hay uno fenómeno y bastante barato”, agrega.

El fernet y el mate están siempre a mano, de ellos y de cualquier argentino que se acerque a su motorhome, por eso se van juntando antes de empezar el partido y de repente la bandera argentina hace su magia. Aparece de la nada un sobrino de Fernando – Mariano Calviño Pueyrredón- que también jugó en Palermo Bajo y hoy vive en Valencia, España, hace dos años y lo descubre allí.

¿”Qué hacés acá culiado”? grita Mariano; “Sabía que los encontraría, por eso me vine y viajé tantas horas para verlos y alentar a Los Pumas”, le dice su sobrino, el que reconoce ser amigo de Matías Alemanno y porta su camiseta original que le regaló el Puma cordobés en un test match, y mientras se funden en un abrazo interminable, lloran juntos como niños.

Fernando nos mira y larga: “Esto parece preparado o de película, pero juro que no lo es”. Nosotros nos quedamos helados y sabemos que es real y somos testigos de un momento único e irrepetible...

“Estas son las cosas que nos pasan”, me dice aún emocionado y con lágrimas en los ojos Fernando. “Encontrarte con amigos, con gente de tu mismo país o con tu propia familia como ahora, sabiendo que se fueron de la Argentina para vivir mejor o buscando un porvenir más digno”. “Los Pumas hacen esto, es tremendo ver a los argentinos cómo alentamos, por eso somos únicos, y extrañamos el país, a nuestras cosas, a nuestra gente, ese calor que solo nosotros sabemos cómo es”, nos cuenta Mariano y remata: ”No nos quedaba otra, si queríamos progresar era emigrar, al menos en Europa si trabajás con ganas podés vivir más tranquilo y con otra calidad de vida”.

Los amigos disfrutando el viaje
Los amigos disfrutando el viaje junto a su motorhome

Ellos y otros argentinos van llegando y muestran orgullosos sus banderas, sus camisetas y Fernando nos sigue presentando al grupo. Aparece Manuel “Manolo” Calviño, quien sale del moto-home vestido de traje y sombrero. Es otro de los amigos, un personaje único que se vistió de gala para ver a Los Pumas contra Samoa y atrae al público con su vestimenta. Sale al aire para el canal de 8 de San Juan, en vivo desde el fan fest, y la gente se detiene para mirarlo. Es el gracioso del grupo, imita a “un dandy”, mientras nos dice “qué menos podemos hacer, acá en Francia, que vestirnos bien”. “Europa siempre fue caro para los argentinos, pero nosotros acá estamos, firmes y fíjate con que percha, papá”, se ufana.

Los restantes amigos de este periplo son Mario “Cuevas” Amuchástegui; Sebastián “Pitano” Beverina; Mario “Nano” Aldao, quien también está viviendo su tercer mundial y fue el presidente de Palermo Bajo por once años. Todo el grupo coincide que Nano fue “necesario para hacer crecer al club y acomodarlo a este presente de grandeza”. El sexto integrante del equipo es Andrés “el Sapo” Broglia; un dentista que desde hace más de 25 años reside en España, pero sigue con el sentimiento vigente de amor por su club y sus amigos. Por supuesto no desperdicia la oportunidad de sumarse a la aventura, como cuando eran jóvenes. “Todos juntos por un mismo objetivo”, señala.

Hoy todos, o mejor dicho casi todos - los que viven en Córdoba - entrenan a las Infantiles de su club, a los más pequeños que tienen entre 6 y 11 años, para transmitirles esa pasión única por este deporte y por su querido Palermo Bajo. Hay mucha emoción en sus rostros, uno lo palpa cuando cuentan sus anécdotas; nunca dejaron de verse, y nos apuntan: “Los que vivimos en Córdoba compartimos cumpleaños, amigos, familia, fiestas de fin de año, e incluso vacaciones. Los asados y el fernet son nuestra religión en estos 40 años”. “Esto es la vida misma y somos todos uno” repite Fernando y agrega: “Tengo camisetas de Gales, Francia, Irlanda, de muchos equipos que fuimos cambiando con gente de esos países para nuestro museo, bufandas, gorras, pero lo más lindo es esto:” La amistad que nos une desde hace cuatro décadas”.

Parte del grupo en una
Parte del grupo en una excursión pasada

Para el cierre, más de la historia de estos compinches: “Te dejo las dos últimas anécdotas y poneme los apodos de todos que sino no nos conocen, ¡No te olvides eh! En 2007 hice una revista, y con esa publicidad armamos también parte de los viajes, porque como dice una publicidad: estar cerca no tiene precio. Hoy en este motorhome vivimos y recorremos el mundo, nuestro mundo, nuestra vida. También en otro momento armé un diario de los All Blacks en un partido vs Belgrano Athletic. En ese entonces la que era mi novia era la promotora que los repartía en la tribuna y con esas publis nos bancábamos los viajes para ver a Los Pumas o a los equipos argentinos que salían de gira”, recuerda emocionado y agrega: “Nosotros somos del 69´, de la época de Allen, del “Chapa” Branca, de “Pichino” el papá de Cubelli, de Diego Cash, del “gran Hugo” (Porta), de Cuesta Silva, de Madero, esos son nuestros ídolos”, confiesa. Y añade: “¿Sabés qué habría que hacer? Una liga de rugby mundial con las viejas reglas. Yo entiendo que ahora debe ser todo más seguro, por los golpes y hay que cuidar más el físico; pero el otro rugby, el del tackle ascensor, el de los cabezazos, el de jugar sin cambios, y todo lo demás, que quedaba adentro de la cancha, ese era el rugby que jugábamos nosotros”.

“Te voy a contar la última, así te das cuenta de quiénes somos en este grupo de amigos. Es una anécdota del 2007 y ahora cumple 16 años. Nos para la policía francesa en la ruta volviendo de Holanda. Un gendarme nos dice que nos tiremos a la derecha y se nos pone un patrullero atrás y otro delante, nos escoltan. Buscaban drogas, son muy celosos de la seguridad y la seguían buscando en el puesto de la ruta en el que nos pararon. Buscaban y buscaban, era de madrugada, preguntando incluso dónde teníamos las drogas, las pastillas. (solo había un par de botellas de Fernet que habíamos tomado) Se subieron al motorhome, con los perros y la seguían buscando. Ya habíamos presentado los papeles del vehículo y estábamos ahí como hacía tres horas con un frío bárbaro al aire libre. Ya cansado le digo al milico: ‘Che, no tenemos nada, porque no nos dejás ir de una vez que queremos seguir visitando lugares’”.

Manolo junto a su sobrino
Manolo junto a su sobrino que vive en España

“El gendarme me mira mal y me dice: ‘¿Tú te das cuenta de donde vienes?’. Con esa frase que todos recuerdan se me salió la cadena, me calenté mal, me destrató el turro, me dijo sudaca sin decírmelo, pero lo sentí el desprecio y me enojé mal”, continúa. Fernando es grandote, el típico tercera línea. Prosigue el relato: “Le dije enojado y frunciendo el ceño: ‘Escuchame pibe, el Mundial se juega acá y estamos gastando 2000 euros por día en tu país, déjame de joder de una vez y dejanos ir de acá que hace frío’”.

“Mis amigos me miraban y uno me dice al oído ‘listo vamos todos en cana’. El gendarme me miró fijo, bajó la cabeza, nos devolvió los papeles de la camioneta, los documentos y nos dejó seguir. No lo podíamos creer”. Y reflexiona: “Yo creo que dos mil euros no los gastamos todos juntos ni en los dos meses que estuvimos”, y se matan de risa todos juntos con el recuerdo que volvieron a vivir.

Fernando y sus amigos, Palermo Bajo y el rugby; una misma familia con una historia que merecía ser contada.