El árbitro Pablo Dóvalo finalizó el primer tiempo y un racimo de hombres de River Plate lo rodeó para seguir discutiendo una jugada que será debatida largamente en las próximas horas. El Millonario se puso en ventaja en el epílogo de la etapa inicial del cotejo ante Atlético Tucumán por la Copa de la Liga, pero el juez, tras ser convocado a revisar por el VAR y luego de cinco minutos de demora, terminó anulando la conquista de Paulo Díaz por fuera de juego. Ahora bien, ¿qué interpretó la autoridad de partido para no convalidar el grito del chileno?
Para entenderlo, primero hay que repasar la jugada. Esequiel Barco lanzó un globito hacia el vacío en el área para Nacho Fernández, pero Bruno Bianchi ganó la posición y, apurado, intentó rechazar, y se molestó con un compañero. La pifia derivó en el ingreso del ex San Lorenzo, que se relamía por detrás, y con un remate de pique al suelo, superó al arquero Tomás Marchiori e infló la red.
Todo River celebró efusivamente la apertura del score en el contexto de un duelo cerrado, con fuerte resistencia de la visita, que también supo inquietar en los dominios de Armani. Pero en medio del abrazo entre Enzo Pérez y el portero, los referentes del plantel local, Dóvalo se llevó el dedo al intercomunicador, como advirtiendo que en la cabina del VAR, a cargo de Nicolás Lamolina, estaban revisando.
¿Dónde radicaba la polémica? Paulo Díaz tenía su botín izquierdo levemente en fuera de juego al momento de la cesión de Barco, que no fue para él. Sin embargo, tomó ventaja de esa posición tras el error del fondo del Decano. Hasta ahí, podría haber resuelto el VAR, como sucede habitualmente con los offsides no marcados por los jueces asistentes.
Pero Dóvalo fue llamado a observar en la pantalla porque se trató de una acción interpretativa: era él quien debía definir si el roce en Bianchi podía ser considerado deliberado, lo cual hubiese habilitado a Díaz. No obstante, no tuvo ni tiempo ni espacio para que el contacto en la pifia fuese tomado como un pase que convalidara la intervención del trasandino. Según la circular 60 de la FIFA, representa un “desvío que no habilita”. Y el tanto fue anulado, para la furia del plantel, cuerpo técnico y público de River, que silbó estruendosamente al juez cuando se marchó a los vestuarios.
En la segunda parte hubo otro gol no convalidado, esta vez de Miguel Borja, con un tiro furibundo al ángulo. Pero el asistente Ezequiel Brailovsky, sin necesidad de ser asistido por la tecnología, notó que estaba un pie adelantado.
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