Tigre y San Pablo protagonizan este jueves el inicio del Grupo D en la Copa Sudamericana en un partido con mucho trasfondo histórico. La final de esta misma competición en 2012 finalizó envuelta en bochorno y el operativo de seguridad se comenzó a tejer en los días previos para evitar cualquier tipo de enfrentamiento entre ambas parcialidades, pero nada pudo evitar una violenta situación sucedida entre los propios jugadores del Matador y sus hinchas.
El plantel liderado por Diego Martínez fue el primero en llegar al Estadio José Dellagiovanna con más de una hora de antelación al pitazo inicial de Esteban Ostojich para organizar el arribo de ambos elencos con prolijidad en las adyacencias al Coliseo de Victoria. Sin embargo, los fanáticos se confundieron de ómnibus y arrojaron distintos objetos contundentes contra los vidrios del vehículo. Según el periodista Luciano García, se arrojaron dos piedras y uno de los cristales llegó a romperse por la violencia del lanzamiento.
El mediocampista Agustín Cardozo era uno de los pasajeros en el micro que trasladaba a la delegación y mostró su enojo a través de una historia dentro de su cuenta personal de Instagram. A continuación, adjuntó una imagen de la violencia inesperada en el recibimiento junto al siguiente mensaje: “Rescátense que somos nosotros”. Este escrito estuvo acompañado de emoticones con caras enojadas para dar cuenta del enfado.

Bajo una tensa calma, todos los futbolistas descendieron del rodado y se encaminaron hacia los vestuarios, mientras sus rivales dijeron presente en el reducto unos instantes después en medio de un intenso silencio, que solo se quebró por una persona, que realizó distintas amenazas sin éxito contra los jugadores del Tricolor en la antesala al duelo.
El protocolo de prevención se planificó horas atrás para evitar incidentes en un encuentro que comenzó a jugarse mucho antes de este jueves. El sorteo definió que compartan zona con Deportes Tolima de Colombia y Academia Puerto Cabello de Venezuela con el agregado de que ambos abrirán el telón del grupo en un duelo que se conoce como el Partido de la Maldición.
San Pablo rompió con siete años de sequía a nivel internacional el 12 de diciembre de 2012, día en que se alzó con la Copa Sudamericana de esa edición. La final en el Estadio Morumbi finalizó a falta de 45 minutos para su conclusión después de que los hombres argentinos hayan sido agredidos durante el entretiempo en el camino hacia los vestuarios. En ese momento, el árbitro chileno Enrique Osses puso en tela de juicio cómo se habían golpeado y pitó el final del compromiso para condecorar con el trofeo al elenco paulista. Desde ese momento, la entidad brasileña nunca más volvió a lograr un título internacional.
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