Este martes el Osasuna consiguió el pase a su segunda final de Copa del Rey luego de eliminar al Athletic Club de Bilbao, en el encuentro que terminó igualado 1-1 en el Nuevo San Mamés, pero por el triunfo en el encuentro de ida los de Pamplona avanzaron. Pablo Ibáñez convirtió el gol en el segundo tiempo suplementario y desató un emocionante festejo en Los Rojillos. El argentino Ezequiel “Chimy” Ávila es uno de los protagonistas y gran referente del equipo que avanzó al último partido en el que los espera el ganador del clásico Real Madrid-Barcelona, que se medirán este miércoles.
Chimy, de 29 años, nació en Empalme Graneros, un barrio de Rosario que fue uno de los primeros en sufrir el flagelo de la inseguridad, violencia y donde los delitos fueron moneda corriente. De una familia de nueve hermanos, Ezequiel debió salir adelante y debutó a nivel profesional en Tiro Federal en 2010. Siempre recordó que en su vida tuvo dos caminos, el de dejarse llevar por la delincuencia o esforzarse para ser futbolista y consagrarse.
“A mi no me da miedo porque, como se dice en Argentina, ‘plata y miedo nunca tuve’. Pero mi familia siempre me dice: ‘Quizás un día volvés al barrio y con el que te pegaste en un boliche hace diez años ahora está loco de la cabeza, drogado y te pega un tiro’. Por más que seas famoso o lo que sea. No hay códigos ni leyes. Te pegan un tiro delante de tu hija y ya está. Es feo. Porque qué más quisiera yo que mis hijas puedan jugar en el potrero donde yo jugaba un día de lluvia. ¿Barrio peligroso? Peligroso era el mío, en el que no perdonan ni a una nena de un año”, contó en una entrevista con la revista Panenka.
El apodo de Chimy es por el clásico chimichurri que suele acompañarse en los asados y se lo puso su padre por ser desde chico muy hiperactivo.
A mediados de 2014 el delantero se incorporó al San Lorenzo que era el flamante campeón de la Copa Libertadores. Estuvo allí hasta 2017, cuando emigró a España y comenzó su mejor etapa como jugador. Se sumó al Huesca en el que marcó 17 goles en 71 partidos durante dos temporadas.
En 2019 llegó al Osasuna y comenzó a verse su más alto rendimiento, pero seis meses más tarde, a comienzos de 2020, sufrió su primera rotura de ligamentos y fue operado de la rodilla. Al poco tiempo de la intervención quirúrgica, tuvo una triste noticia: “Cinco días después de la primera operación de rodilla, estaba con los pies en el sillón y nos llamaron para darnos la noticia de que habían matado a mi cuñadito, de 20 años, a su mujer y a la nena de un año. A los tres, con una metralleta, desde una moto. En el barrio. Me tocó despedirlos por una videollamada, con ellos en el cajón. La única que pudo viajar fue mi mujer, que tuvo que vestir a la sobrina de un año dentro del ataúd y a su hermano, claro. Eso a nosotros nos pegó muy duro. Nos ha cambiado la vida totalmente, porque era como nuestro hijo”.
Se repuso y volvió a las canchas al punto de destacarse. Se convirtió en referente del Osasuna y hasta ahora suma un global de 26 gritos en 96 encuentros y 7 asistencias. Logró la doble nacionalidad y su rendimiento y el mes pasado integró la pre selección de España y aceptó la convocatoria. “Estoy muy feliz de estar en la pre-lista. Hay que dejar que el míster decida. Yo sigo con mi trabajo día a día, no me desespero y si me toca estaré muy orgulloso de ir a defender”, dijo el goleador.
“Es un trabajo que vengo haciendo desde hace mucho tiempo y trae sus frutos. Es un sueño porque este país me abrió las puertas a mí y a mi familia, a vivir sin miedo, y eso no tiene comparación con nada. Soy una persona agradecida y la defenderé con alma y vida si me toca”, agregó.

Con su equipo, avanzó en la Copa del Rey y se cruzaron con un rival acostumbrado a ganar en esta competición como el Athletic Club de Bilbao, que obtuvo el título en 23 oportunidades y es el segundo club más laureado detrás del Barcelona (31) y el que más veces participó en esa competición con un global de 111 ediciones.
Pero en el cotejo de ida los de Pamplona golpearon primero con su triunfo 1-0. En el juego de vuelta, Los Leones se pusieron en ventaja con el gol de Iñaki Williams a los 33 minutos. Con la mínima ventaja, en los 90 minutos fue necesario jugar el alargue y en el minuto 116, Pablo Ibáñez marcó un golazo que le valió la clasificación al Osasuna, que llegó a su segunda final luego de la temporada 2004/2005 en la que perdió ante el Betis.
“¡Vamos wuachines!”, festejó en el vestuario el Chimy que con su equipo jugará la gran final ante uno de los dos gigantes de España. En el encuentro de ida el Barcelona se impuso 1-0 ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu y la revancha se jugará este miércoles en el Camp Nou.
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