Ya están preparados los videos que oficializarán lo que todos sabemos (y deseamos): la continuidad de Lionel Scaloni hasta finalizado el próximo Mundial. Este acontecimiento habrá de realizarse entre junio y julio de 2026 en tres sedes de la CONCACAF: Estados Unidos de Norteamérica, México y Canadá.
Se trató de una negociación sin alternativas de las partes pues ambas estaban obligadas a suscribirlo. Y esto es lo que prolongará la prestación de Scaloni como director técnico jefe de la selección nacional. A pesar de las múltiples ofertas recibidas –especialmente una muy buena desde México ¿la selección?- el entrenador campeón del mundo sabía que resultaría decepcionante para todos –aficionados, jugadores, compañeros del cuerpo técnico, prensa, dirigentes y fundamentalmente Messi- que abdicara a su cargo por dinero.
A su vez el presidente de la AFA tampoco tenía otras opciones. No podría invocar cuestiones económicas o nuevas condiciones que le permitieran justificar el reemplazo de Scaloni. Ningún político hábil –Tapia lo es– generaría un problema donde ya hay una solución. Y tanto es así que antes de tener el acuerdo con Scaloni anticipó en declaraciones periodísticas que “ya está todo arreglado, faltan detalles sobre los que hablaremos cuando nos volvamos a ver…”.
Sin embargo no era tan así, ni eran detalles. Ambos saben que deberán firmar ese contrato; pero la gloria infinita vivida a partir del logro que los unió en Qatar no ha logrado aún restaurar heridas que la convivencia prolongada y los comportamientos individuales fueron deteriorando al conjuro implacable de los tiempos.
Es en tal sentido que Scaloni tiene más quejas sobre Tapia que Tapia sobre Scaloni toda vez que las de éste pertenecen a cuestiones del juego, de ciertos cambios durante algún partido –la salida de Di María por ejemplo en la final, quien le dijo a Scaloni “hacemos el tercero y me sacás”, no obstante lo cual lo reemplazó casi de inmediato- o de situaciones coyunturales sobre aspectos opinables como lo táctico o lo estratégico. Nada: Tapia está orgulloso –cómo no estarlo- de su propia creación al designar -y más aún respaldar- a Scaloni, sobre todo tras la frustración de la Copa América del 2019. Además comprobó la seriedad, el profesionalismo y el compromiso de todos los miembros del cuerpo técnico que lideró al plantel hasta lograr la Copa del Mundo.
Una retrospectiva de análisis sobre los hechos convivenciales ocurridos nos permitió anclar en un momento bisagra: los dos partidos de la selección en los Estados Unidos (Honduras y Jamaica, ambos 3-0) jugados a fines de septiembre del año pasado. Fue el miércoles 22 cuando el propio Scaloni se quejó ante la seguridad del hotel Le Meridien Dania Beach de Miami sobre unos ruidos altamente perturbadores que impedían el necesario descanso de los jugadores. Enorme fue la sorpresa de Scaloni cuando le dijeron que tales inaguantables sonidos provenían de la suite del 12° piso que ocupaba el presidente de la AFA. Efectivamente Tapia celebraba con invitados especiales su cumpleaños número 55 al conjuro de los sones de ininterrumpidas cumbias que incitaban a cantar, bailar y brindar.
Luego de ocurrido el hecho, Tapia y Scaloni intercambiaron palabras fuertes, propias del momento de crispación y allí se le escuchó por primera vez al técnico insinuar la inimaginable alternativa de no continuar al frente de la selección. Faltaban 50 días para el comienzo del Mundial. Fue en tales circunstancias que Pablo Aimar, el integrante de mayor influencia en el cuerpo técnico, un referente querido y respetado por todos, logró esterilizar las burbujas del desatino. Tal ungüento tapó la herida, pero no la cicatrizó.

Tocar el firmamento con la Copa del Mundo, ver a la gente en calles, parques y monumentos de todo el país, habernos deleitado con el mejor Messi, advertir sobre el prodigioso futuro que han comenzado a escribir el Dibu, Enzo, Mac Allister, Julián; poder contar un tiempo más con Di María, con De Paul, con Otamendi, con Romero, dar la vuelta olímpica frente a padres, hermanos, esposas, hijos… Saber que más de 21 millones de argentinas y argentinos acababan de vivir por primera vez el orgullo identitario de sentirse campeones del mundo obligaba a celebrarlo. Lo obtenido por cada uno de estos dos actores –Chiqui y Scaloni era más importante que lo pendiente por ajustar entre ambos. Habría tiempo para ello… Bueno, ese momento ha llegado.
Una simple percepción me impulsa a imaginar –por experiencias vividas- aquello que ha deteriorado la empatía que sostuvieron Tapia y Scaloni hasta el desarrollo del último Mundial. Es así como creo que Tapia no permitirá resignar un ápice de su mando sobre la selección. La siente suya. Está convencido de que el logro es suyo. Y el futuro del plantel seleccionado es su misión de pertenencia. Será por ello que con desbordante satisfacción llevó la Copa a San Juan, al Balneario 12 de Mar del Plata, a la puerta del hotel Sasso, a un teatro de esa ciudad con 20 acompañantes pidiendo subir al escenario para mostrar el trofeo, a su querido Barracas Central donde también exhibió el trofeo como propio. Luego, en todos estos lugares y en otros de menor repercusión, permitió que todo el mundo se sacara una foto con la Copa y con él bajo su reiterada sonrisa.
Del lado opuesto no es arriesgado afirmar que a Scaloni -y a los demás miembros de su cuerpo técnico- les cuesta admitir que el presidente de la AFA no les hubiere atendido el teléfono por meses ni les respondiera los mensajes antes de aquellos amistosos de septiembre. Al parecer no les cae bien que Tapia aparezca vestido de jugador, patee centros o remate a los arcos en los entrenamientos de la Selección en pleno Mundial, que se meta en sus vidas, que se suba al micro de los campeones junto a ellos como si fuera uno de ellos, regale camisetas, se sienta el dueño de la selección. Los jugadores que salen campeones celebran sin dirigentes… La fiesta es de ellos.

Por último en este análisis de situación creemos que a Scaloni no le cayó bien que Tapia lo presionara públicamente declarando que “todo está arreglado”, cuando en realidad la negociación requería o requiere aún de consensos que obviamente deberán resolverse rápidamente.
Por ejemplo:
-Habrá acuerdo con el resarcimiento por lo logrado pero se discute con qué tipo de dólar cobrarán los miembros del cuerpo técnico el 25% acordado provenientes del dinero que la FIFA y la Conmebol le abonaran a la AFA: alrededor de 80 millones de dólares,
-Tal acuerdo de cambio, ¿será igual en todos los casos? O sea: ¿el mismo dólar para quienes residen en la Argentina y para aquellos otros que viven y tributan en otros países?
No caben dudas de que esta engorrosa situación habrá de resolverse en horas o a lo sumo en pocos días y que el contrato será finalmente suscripto. Pero la relación entre Tapia y Scaloni ha perdido el tono armonioso de los tiempos pasados. Una prueba de ello es el gesto de Tapia hacia Mascherano y los jugadores del Sub 20 que llegaron a las 6 de la mañana al predio de Ezeiza desde Colombia y fueron recibidos por el presidente quien les dio la bienvenida con un desayuno cordial. Luego de ello reafirmó en su cargo al renunciante Javier Mascherano sabiendo que Scaloni hubiese preferido que se le diera una oportunidad a Lucas Bernardi.
Las divergencias no estarán ni en los acuerdos económicos ni en otras situaciones normativas. Lo que ha comenzado a transitarse es un camino ríspido e incierto: se lucha por el liderazgo de la selección. Scaloni, como todo técnico jefe, hubiese querido tener el control de los diferentes planteles, opinar sobre la logística, participar del planeamiento. Pero esas funciones fueron absorbidas por el presidente de la AFA.
Ahora bien, mientras Messi sea el emblema todo continuará su camino de esperanzas renovadas. Habrá Copa América el año que viene, se incorporarán nuevos jugadores, seguiremos en armonía la orgullosa senda del campeón mundial. Pero el enfrentamiento subyacente solo será restaurado por un triunfo final, la gloria siempre une.
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