*Enviado especial a Doha
Es temprano en Doha, pero el sol empieza a pegar fuerte pese a ser otoño. Decenas de fanáticos que viajaron a Qatar para ver partidos del Mundial se amuchan haciendo fila en la puerta del edificio del Ticketing Media Centre, adonde se llega por bus o metro (estación DECC). Y es que esa es la Meca de los autéticos amantes del fútbol, que aspiran no solamente a seguir a su seleccionado nacional sino a consumir fútbol de elite sea cual sea la propuesta. Es en este edificio donde la FIFA revende las entradas que fueron devueltas y los remanentes a precios oficiales. Una de las estrategias para evitar que los estadios luzcan semivacíos.
A las 10 de la mañana los guardias abren las puertas para acceder, pero las filas organizadas por las vallas de contención que están desperdigadas por toda la ciudad haciendo corralitos comienzan a tomar forma desde antes de las 9. Predominan los mexicanos, aunque hay hinchas de todas las nacionalidades y son varios argentinos que lucen las camisetas con la insignia nacional y confirman que están con ansias de pescar algún ticket que no sea tan costoso para darse un gusto más.
En vidriera se exhibe una pantalla digital en la que figuran los partidos del día y la disponibilidad respectiva según categoría (1, 2, 3 y accesibilidad para personas en silla de ruedas) y obviamente precios. En general, suelen ofrecerse las categorías más elevadas (1 y 2) dependiendo de la relevancia del match. Para los encuentros con más demanda no suele haber opciones en verde, o sea, para recomprar.
Quienes llegaron a la fila a media mañana, refunfuñarán cuando los efectivos de seguridad corten los accesos después de hacer hora y media de fila. Cerca del mediodía, se divide el público entre los que llegaron a meterse en las vallas y entrarán, y los que estiraban el hilo humano y se privarán de hacerlo. En ese preciso instante es cuando empieza la reventa de oferta paralela o callejera. Al día siguiente jugará Irán, por eso son varios los individuos de ese país que, por lo bajo, ofrecen tickets para los partidos de su seleccionado a precios de entre un 20% y 50% superior al del original.
Por ejemplo, para el debut de Brasil ante Serbia en Lusail, exigen como mínimo 350 o 400 dólares por una Categoría 3, que a precio oficial costaban USD 68. Una de las perlitas de la fase de grupos de Qatar 2022 es Alemania-España, por la que se pide a partir de USD 800. Esta modalidad no es apta para desconfiados: uno puede llevarse un boleto falso y llevarse un fiasco en la puerta de ingreso del estadio de turno. Por eso la transferencia -en persona- a través de la página oficial de la FIFA puede resultar una alternativa más confiable.
Mientras los iraníes se pelean por deshacerse de las entradas de más que adquirieron entre los recompradores, un mexicano asegura disponer de dos decenas de tickets Hospitality para el crucial partido contra Argentina en Lusail. El precio de USD 950 original, en este caso, se estiró a USD 1.500 (al menos dos días antes del encuentro). Es oferta y demanda. Reventa al mejor postor. Durante una o dos horas, estas “cuevas móviles” rondan por la cuadra ofreciendo ingresos a los cotejos mundialistas. Todo se calma un poco de 14 a 16, cuando prometen que habrá una nueva oleada de reventa oficial a la que solo los pacientes y persistentes contarán su final feliz.

Esto no es todo. Quienes tienen tiempo de sobra y son más optimistas, se acercan hasta los alrededores de los estadios. Siempre según la capacidad del recinto y la envergadura del partido, hasta pueden llegar a revenderse tickets en las boleterías de la cancha a precio oficial. Por caso, para España-Costa Rica varios aprovecharon esa modalidad y disfrutaron de la paliza ibérica 7-0 frente a los Ticos en Al Thumama. En última instancia, a varios les permitieron entrar en el entretiempo.
Una falla en el sistema de QR previo al partido entre Inglaterra e Irán en el Estadio Internacional Khalifa provocó que muchos fanáticos que tenían su entrada en mano infresaran tarde al evento. Ante la falta de respuestas y soluciones, se liberaron los molinetes para quienes portaban la Hayya Card física. De esta forma, también se cubrieron algunos huecos que se llegaron a distinguir por la transmisión oficial de TV.
Al igual que enArgentina-Arabia Saudita, más de 88 mil espectadores colmaron las gradas del estadio Lusail, donde también se disputará la final de la Copa, para Brasil-Serbia. En las calles aledañas al estadio e incluso a metros de las puertas de ingreso, circularon hasta última hora decenas de fanáticos en busca de reventa extraoficial. Pocos lograron su cometido, ya que quienes portaban alguna de sobra, las ofrecían con un precio base de USD 500.
Así y todo, los desesperanzados pueden hallar refugio y consuelo en el Fan Fest contiguo, con pantalla gigante y la tan deseada cerveza con alcohol a 13 dólares.
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